Un futuro solo nuestro

Capítulo 4. ¿Qué hace ella aquí?

VINCENT

Si yo hubiera muerto, Remy se habría quedado completamente solo en este mundo.

Hasta ese momento no me había detenido a pensar en algo así.

Era… aterrador.

Empujé la puerta de emergencias y, apenas crucé al pasillo, un grito me sacó de golpe de mis pensamientos.

—¡Papá!

Nuestros ojos se encontraron al mismo tiempo.

Remy estaba sentado junto a otro niño y una adolescente que los vigilaba. Entonces recordé que la doctora Olivia me dijo que su hermana lo estaría cuidando.

El pequeño castaño que estaba a su lado debía ser su hijo. Parecía tener la misma edad que Remy. Pero mi atención dejó de estar en ellos cuando mi hijo se levantó de la silla y salió corriendo hacia mí.

Sé que cualquiera que nos vea juntos por primera vez nota que no nos parecemos.

Sus ojos son verdes; los míos, azules.

Su cabello es rizado y cobrizo; el mío, negro y lacio.

No hace falta ser muy observador.

Una vez me miró fijamente y me lo preguntó sin rodeos.

Me quedé en silencio.

No estaba preparado para esa conversación.

El cabello rojo lo heredó de su madre, Maura. Eso lo entendía. Pero sus ojos, sus rizos, su sonrisa… todo lo demás venía de su padre biológico.

Y con cada día que pasaba, Remy se parecía un poco más a Harry.

Incluso pensar su nombre todavía me dejaba un sabor amargo en la boca.

—Ven acá y dame un abrazo —dije, aunque la voz me salió más áspera de lo que pretendía.

Su rostro se arrugó antes de que llegara a mí. Estaba llorando.

—¡Papá! ¡No vuelvas a hacer algo así! —sollozó cuando lo levanté en brazos—. Creí… creí que no te volvería a ver. Tenía tanto miedo…

Lo sostuve con fuerza, sintiendo su peso contra mi pecho y su respiración agitada por su llanto.

Lo aparté lo justo para mirarlo con atención, recorriendo su rostro y cada parte visible en busca de alguna herida.

No encontré nada.

Él estaba bien. Intacto.

Respiré hondo y lo volví a atraer contra mi pecho.

—Eso no va a pasar, cielo. Nunca te dejaría solo —le dije y lo abracé un poco más fuerte.

Remy era pequeño. Vulnerable.

Y, aun así, confiaba en mí sin reservas.

Siempre quise ser padre, pero la vida se encargó de negarme esa posibilidad… y, si soy honesto, quizá lo merecía.

En el pasado hice cosas de las que no me siento orgulloso. Hubo un tiempo en el que estaba convencido de que lo mejor sería rendirme y dejar este mundo.

Hasta que apareció Remy.

No lo busqué. No lo planeé. Simplemente llegó… y me dio algo que nunca había tenido: un propósito.

Me gusta creer que yo también cambié su vida.

—Ya es hora de ir a casa —dije.

Él asintió y fue entonces cuando noté que el pequeño castaño nos observaba con mucha atención.

Le ofrecí una leve sonrisa. Dudó un segundo antes de devolvérmela, aunque sin demasiado entusiasmo.

Definitivamente era el hijo de la doctora Olivia. Se parecía mucho a ella.

La adolescente se puso de pie para presentarse.

—Hola, mi nombre es Lucy. Me alegra saber que ya está mejor.

Asentí.

—Gracias por cuidar a Remy. De verdad lo aprecio mucho.

Ella me dedicó una sonrisa amable.

—No es nada. Remy es un niño muy educado y encantador.

Bajé a mi hijo al suelo y, apenas sus pies tocaron el piso, se giró hacia el niño frente a él.

—¿Ves, Noah? Te dije que mi papá no se moriría.

El niño abrió la boca, ofendido.

—¡Ya te dije que lo siento!

Frunció el ceño y se cruzó de brazos.

Miré a Remy. No parecía menos indignado.

—¿Qué pasó? ¿De qué me perdí?

Remy me explicó la pequeña discusión que había tenido con el niño, y no pude evitar soltar una risa baja.

—No fue su intención molestarte, Remy —le dije con calma—. Además, ya te pidió perdón. Hagan las paces, ¿sí?

Remy miró a Noah unos segundos más, todavía serio, y luego suspiró.

—Está bien… pero no vuelvas a decir eso.

Noah asintió y le tendió la mano. Remy la estrechó sin dudar.

Observé la escena en silencio. Los niños tenían una forma simple de arreglar las cosas.

—Podemos invitarlo a volar una cometa uno de estos días —dijo Remy, volviéndose hacia mí con esa energía que siempre recuperaba demasiado rápido—. ¿Verdad, papá?




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