Un futuro solo nuestro

Capítulo 5. Apoyo.

OLIVIA

—Louis, ¿era realmente necesario que ella estuviera aquí? —inquirí, mirándolo a los ojos.

Él alzó una ceja, incrédulo.

—Laura no solo es la futura madre de mi hijo, es mi pareja —respondió con una arrogancia apenas disimulada—. Entre nosotros no hay secretos. Quiso venir para apoyarme.

Lo dijo como si fuera un argumento sólido.

Aparté la mirada y solté una breve risa sin humor.

“Apoyo”.

Qué palabra tan conveniente.

—Me temo que la señora deberá retirarse —intervino mi abogado con tono firme—. Esta es una reunión privada entre mi clienta y usted, señor Morgan.

Laura hizo una mueca de disgusto, pero un segundo después ya parecía vulnerable, mirando a Louis mientras se acariciaba el vientre como si las palabras de mi abogado le hubieran provocado dolor.

—Amor… al bebé no le hace bien tanta tensión —murmuró con dulzura ensayada—. Creo que mejor salgo a tomar un poco de aire.

Observé la escena sin mover un músculo.

Louis nos lanzó una mirada de rencor, pero yo me limité a sostenerle la mirada con serenidad. Si aquello era una estrategia, era demasiado predecible.

Él acompañó a Laura hasta la puerta como si fuera de porcelana.

Cuando salieron, aproveché los segundos de privacidad para rodar los ojos y respirar profundo.

No iba a permitir que me provocaran.

—Olivia —dijo mi abogado con calma—, no te distraigas. Es una táctica común. Intentan provocar una reacción para tensar las negociaciones.

Lo miré con serenidad.

—No se preocupe —respondí—. No estoy aquí para hacer un espectáculo.

Louis regresó unos minutos después. Cerró la puerta con calma calculada y tomó asiento frente a mí.

Se acomodó en la silla, apoyó un brazo sobre el respaldo y me miró con una ceja arqueada. Luego soltó una risa baja.

—Ahora sí te arreglas como antes… —dijo, recorriéndome con la mirada sin disimulo—. Vaya. ¿Acaso quieres impresionarme?

Lo observé unos segundos antes de responder. No había rabia en mí… solo claridad.

—Es así como luce alguien que se ha quitado un estorbo de la vida.

El silencio cayó pesado entre nosotros.

Vi cómo su mandíbula se tensaba.

—Si tan estorbo soy —replicó con frialdad—, espero que no estés esperando que te pague manutención a ti.

Me encogí de hombros.

—No necesito nada de ti —respondí con calma—. Pero sí pienso hacer valer los derechos de mis hijos. Ellos están por encima de cualquier incomodidad… y de cualquier mujer que hayas decidido traer hoy.

Sus ojos se endurecieron, pero no dijo nada.

Y su silencio fue más elocuente que cualquier respuesta.

Apuesto a que Laura lleva todos estos años envenenándolo en mi contra. Aún recuerdo aquella conversación que escuché en su despacho.

Los dos hablaban de mí con un rencor exagerado, como si yo hubiera sido un obstáculo en su romance, cuando nada podría estar más lejos de la realidad.

—Bien, comencemos —dijo mi abogado.

Respiré hondo y despejé la mente.

Louis aceptó que yo me quedara con la custodia principal de los niños. No fue una concesión generosa; era evidente que no tenía intención de asumir la responsabilidad diaria.

Propuso verlos cada quince días. Pero quería que yo los trajera a Londres.

Ahí intervine.

—¿Te resulta tan difícil conducir poco más de dos horas para ver a tus hijos en Bristol?

Louis se recostó en la silla.

—Fuiste tú la que decidió irse a perder por allá —replicó con frialdad—. No puedo hacer esos viajes por carretera dos veces al mes. Y menos ahora que Laura está por entrar en el tercer trimestre.

Apreté los labios.

Cuatro meses más y tendría otro hijo.

—Trabajo jornadas completas —dijo—. Los fines de semana son lo único que me queda libre, y aun así pueden llamarme al hospital en cualquier momento. No voy a perder ese tiempo conduciendo de ida y de regreso.

Lo miré con desdén.

—También trabajo toda la semana —respondí—. Y no pienso someter a mis hijos a viajes constantes solo porque a ti te incomoda conducir.

Su mandíbula se tensó.

—Mi abogado me dijo que tengo derecho a exigir que vengan a Londres —añadió—. Las habitaciones de los niños siguen allí. Laura y yo las hemos mantenido tal como estaban. Pueden quedarse a dormir. Tú podrías traerlos y alojarte en un hotel o algo así.

Sentí que el estómago se me revolvía al escuchar que esa mujer ahora vivía en la que fue nuestra casa.




Reportar suscripción




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.