Un futuro solo nuestro

Capítulo 7. El plan.    

VINCENT

—Buenas tardes, bienvenida —dije.

—Hola, buenas tardes…

La doctora Olivia se veía particularmente linda hoy. No sabría decir qué era exactamente, pero algo en ella llamó mi atención de inmediato.

Se acercó al mostrador. Al principio pareció dudar sobre qué decir, hasta que su mirada se detuvo en el pequeño parche de mi frente.

—¿Cómo está? —preguntó, señalándolo.

Llevé una mano al parche y sonreí apenas.

—Muy bien. Recibí una excelente atención médica.

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—Me alegra escuchar eso, señor Wilson.

Hice una mueca sin poder evitarlo.

El apellido Wilson todavía me sonaba ajeno, pero ahora era parte de mi nueva identidad.

—Por favor, no tienes que ser tan formal conmigo —dije—. No soy tan viejo.

Ella soltó una risa suave y asintió.

—Tienes razón, Vincent.

Me gustó cómo sonó mi nombre en sus labios.

Ella echó un vistazo a su alrededor. La sección de historias infantiles pareció llamar su atención.

—Mi hermana me dio la tarjeta que le diste y, cuando iba de regreso a casa, vi este lugar. Me dio curiosidad saber cómo seguías tú… y tu pequeño hijo.

—Remy y yo estamos bien —respondí—. Por suerte, lo de la carretera ya quedó atrás.

Ella asintió, comprensiva.

—Estaba muy asustado.

Asentí.

—Me hizo prometerle que a partir de ahora siempre usaría el cinturón de seguridad… y que, si no funcionaba, mejor tomaríamos un taxi.

La doctora sonrió con ternura.

—Remy es un niño muy listo y sensible, por lo poco que pude hablar con él.

No pude evitar asentir con orgullo.

—Lo es. Es inteligente… y bastante astuto.

La conversación se apagó un momento después de eso. Busqué algo más que decir y entonces me fijé mejor en su ropa.

Señalé su atuendo.

—¿Es una ocasión especial?

Ella bajó la mirada hacia sí misma y sus mejillas se tiñeron de rojo. El gesto me pareció adorable.

—Bueno… se podría decir que sí —dijo—. Vengo de firmar los papeles de mi divorcio.

Dibujé una pequeña “O” con la boca. Claro… algo de eso ya lo había escuchado cuando estuve en emergencias y ella habló por teléfono con su ex esposo.

Por la forma en que bajó la mirada un instante, también pareció recordar aquel momento incómodo en el que me descubrió escuchando sin querer.

Era evidente que el tema era delicado, así que medí mis palabras.

—Oh… comprendo. No deja de ser una situación un poco tensa.

Hice una leve mueca.

—¿Tú… eres divorciado? —preguntó después, como quien no quiere la cosa mientras hojeaba algunos tomos de cuentos de hadas en el estante junto a ella.

—Sí. Me divorcié hace más de un año, antes de venir a Bristol.

Ella asintió y volvió a mirarme, esta vez con más atención.

—¿Cómo se lo tomó Remy? ¿En qué momento tú y tu esposa se lo dijeron? —preguntó con evidente preocupación.

No era una pregunta cualquiera. Por la forma en que lo dijo, entendí que no estaba pensando solo en Remy… sino en Noah, su hijo.

Lamenté no poder darle una respuesta sencilla.

No podía contarle toda la verdad, pero al menos podía ser honesto sin entrar en demasiados detalles.

—Remy nació antes de que yo me casara —dije—. Mi ex esposa llegó después.

Ella asintió en silencio, aunque su expresión dejó claro que algo no terminaba de encajarle.

—Oh… ya entiendo —dijo—. Pensé que te habías quedado con la custodia después del divorcio. No imaginé que Remy fuera de antes de tu último matrimonio.

—Es una historia larga y algo complicada —respondí—. Remy vive conmigo desde hace más de un año. Su madre y yo seguimos caminos distintos hace mucho tiempo y él se quedó conmigo. Así que… en pocas palabras, a Remy nunca tuve que explicarle nada sobre divorcios.

Olivia me miró con evidente sorpresa.

—Vaya… eso es impresionante —dijo—. No es algo que se vea todos los días. Un padre criando solo a su hijo.

Me encogí de hombros.

—Ha sido un reto, no voy a mentir. Criar a un niño solo nunca es fácil.

Ella me sonrió con comprensión.

—Lo sé. Yo tengo dos hijos. Ya conoces a Noah, supongo… pero también tengo una hija. Se llama Rose y tiene dos años.

Aquello sí me tomó por sorpresa. No tenía idea de que también tuviera una niña pequeña.

Me acerqué a la sección de cuentos infantiles donde ella estaba mirando algunos libros. Al hacerlo, noté que vaciló apenas un instante por la cercanía, pero no dije nada. Pasé la mano por los lomos de varios ejemplares hasta encontrar el que buscaba.




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