❝ VINCENT ❞

—Karma, karma, karma, karma, karma chameleon —cantaba Remy a todo pulmón mientras íbamos en el scooter rumbo al parque junto al lago para su cita de juegos.
—You come and go, you come and go —lo secundé entre risas mientras buscaba dónde estacionar.
La música de su pequeño reproductor se mezclaba con el murmullo de la gente que paseaba por el lugar.
Era sábado por la mañana y el clima era perfecto.
El cielo estaba despejado y el viento parecía estar a nuestro favor.
—Debes portarte bien, Remy —le advertí—. La doctora Olivia tiene que llevarse una buena impresión de nosotros.
—Oki doki —respondió.
Encontré un lugar y estacioné el scooter.
Remy bajó de un salto, lleno de energía.
Me quité el casco antes de ayudarlo con el suyo y luego tomé el par de cometas que había guardado en la canasta de la moto.
—Papá, ¿crees que Noah quiera ser mi amigo? —preguntó con genuina curiosidad.
—Yo creo que sí. ¿Quién no querría? —respondí con una pequeña sonrisa para darle confianza.
Remy frunció el ceño, pensativo.
—El otro día, en el hospital, él no quería hablar mucho conmigo. Estaba muy callado y se veía triste. Creo que extraña a su papá.
Asentí mientras lo escuchaba. Me sorprendía que Remy hubiera notado algo así. Supuse que Noah debía habérselo mencionado.
—Puede ser —le dije.
Me puse en cuclillas frente a él para quedar a su altura.
—Noah acaba de llegar a una ciudad nueva. A veces eso da miedo. Por eso tienes que ser paciente con él.
Remy me miró con atención.
—Está pasando por un momento difícil —añadí—. Y lo que más necesita ahora es un amigo.
Remy asintió, solemne.
—Está bien.
Caminamos hasta las bancas que estaban cerca del lago.
Remy iba balanceando las cometas, sin ningún tipo de preocupación en el mundo, mientras yo intentaba disimular que estaba un poco nervioso. Después de todo, estaba a punto de conocer a los hijos de Olivia.
Esperaba que todo saliera bien.
Entonces escuché su voz a unos metros de distancia.
—¡Noah, no corras así que te vas a caer!
Giré hacia el sonido y la vi.
Olivia estaba allí, con una pequeña niña en brazos. Llevaba coletas y un vestido color melocotón que la hacía ver bastante adorable.
No pude evitar sonreír.
Olivia, por su parte, llevaba un vestido de flores que se movía con el viento. Era sencillo, pero aun así resultaba imposible no mirarla.
Por un momento bajé la mirada hacia mi ropa.
Quizá estaba demasiado informal para la ocasión.
Aunque, para ser honesto, tampoco quería parecer que me había arreglado demasiado.
Me puse de pie cuando se acercaron.
—Olivia, buenos días —dije, tendiéndole la mano.
Por un instante pensé en darle un beso en la mejilla, pero enseguida descarté la idea. Quizá sería un poco intrusivo.
Ella aceptó el apretón de manos con una sonrisa amable.
—Hola, Vincent. ¿Esperaste mucho?
Negué con la cabeza.
—Acabo de llegar —dije, echando un vistazo al reloj en mi muñeca—. Es temprano.
Olivia soltó un suspiro cansado.
—Rose se puso difícil esta mañana. No se dejaba peinar.
Entonces miré a la pequeña en sus brazos.
La niña me observaba con curiosidad, sosteniendo el borde de su vestido color melocotón entre sus deditos.
—Hola —le dije con una sonrisa—. Debes ser Rose.
La pequeña me estudió un segundo más… y luego me regaló una sonrisa que iluminó su rostro.
No pude evitar devolvérsela.
—Se parece mucho a ti.
Olivia soltó una pequeña risa, claramente orgullosa.
—Eso dicen.
—¡Guau! Me gusta tu camisa —le escuché decir a Remy.
Giré la cabeza hacia ellos.
Remy y Noah estaban frente a frente, y la diferencia entre sus energías era imposible de ignorar.
Noah se abrió un poco la chaqueta de mezclilla para que Remy pudiera ver mejor el estampado de Spider-Man que llevaba debajo.
—Brilla en la oscuridad —dijo Noah.
Los ojos de Remy se iluminaron al instante.
—¡Genial!