❝ OLIVIA ❞
Miré el reloj de la cocina otra vez.
El almuerzo llevaba listo más de una hora y Louis todavía no regresaba con mi hijo.
Seguí dándole de comer a Rose, que ya no podía esperar más. Pero por suerte, en ese momento escuché el auto de Louis estacionarse afuera.
En cuestión de segundos, Noah entró a la cocina y me mostró lo que sostenía en sus manos con mucho entusiasmo.
—¡Mira, mami! Papá me lo compró.
Me enojé en una fracción de segundo al ver un celular de último modelo en las manos de mi hijo.
Levanté la mirada hacia Louis, que acababa de entrar con la caja de una pastelería muy famosa de Bristol. Curiosamente, él parecía más molesto que yo.
Dejé la cuchara sobre la mesa y miré a Noah.
—Hijo, ve a darte un baño y cámbiate de ropa, ¿de acuerdo? El almuerzo ya esta listo.
Noah asintió y salió de la cocina llevándose el celular antes de que pudiera pedirle que me lo diera. Cuando finalmente desapareció por el pasillo, volví a mirar a Louis, que sacaba el postre de la caja como si mi enojo no existiera.
—¿Por qué le regalaste algo así sin consultármelo? —pregunté.
—El próximo mes Noah cumplirá siete años. Ya es hora de que tenga su propio celular —respondió—. Además, así él y yo podremos mantenernos comunicados todo el tiempo. ¿No es eso de lo que tanto te quejabas?
No levantó la voz, pero su tono era tan desagradable como siempre.
Me llevé una mano a la cabeza y negué.
—Un niño de su edad no debería tener acceso a algo así.
Louis rodó los ojos.
—Noah solo tiene dos contactos guardados: el mío y el tuyo. Yo mismo me aseguré de que fuera así. Si quieres, puedes supervisarlo cuando quieras.
Negué otra vez.
—Será mejor que te lleves ese celular contigo cuando te vayas.
Louis esbozó una pequeña sonrisa.
—Si no quieres que lo tenga, ve y díselo tú. Quítaselo.
Sabía exactamente lo que estaba haciendo.
Si yo hacía eso, Noah me iba a detestar… y yo quedaría como la mala de la película.
—No puedo creerlo —murmuré.
Louis cambió su expresión al ver que Rose lo observaba, completamente ajena a lo que estaba pasando.
Se inclinó hacia ella y la tomó en brazos.
—Hola, princesa —murmuró con una sonrisa—. ¿Ya estabas comiendo? ¿No esperaste a papá?
Rose soltó un balbuceo feliz y se aferró a su camisa.
Louis la meció suavemente.
—Noah es un niño muy inteligente y responsable —dijo entonces, mirando a Rose como si hablara con ella—. No tendrás problemas para ponerle límites sobre cuánto tiempo debe usar ese celular.
Luego suspiró y miró las ollas sobre la cocina.
—¿Podemos almorzar? —añadió—. No quiero discutir.
Respiré hondo y luego solté el aire.
No tenía sentido dejar que me afectara tanto cuando sabía que, con suerte, la próxima vez que Louis pisara esta casa sería para la graduación universitaria de Noah.
Solo tenía que soportarlo dos días y ya.
Tomé los platos y empecé a servir el almuerzo mientras el silencio volvía a instalarse en la cocina.
Aun así, seguía tensa.
No sé por qué, pero sentía su mirada en mi espalda mientras hacía mis cosas.
Entonces Louis volvió a hablar.
—¿Cómo te va en el nuevo hospital donde trabajas?
Su tono era distinto ahora. Más relajado.
Casi como si intentara tener una conversación normal.
Seguí sirviendo la comida sin mirarlo.
—Me va bien —respondí.
Louis hizo un pequeño sonido de asentimiento mientras seguía meciendo a Rose en sus brazos y haciendo voces tontas que la hacían reír.
—Me alegra escuchar que te adaptaste tan rápido —dijo—. ¿Qué tal está tu madre? ¿Y Lucy? Supongo que ninguna de las dos quiere verme.
Rodé los ojos, aprovechando que estaba de espaldas mientras terminaba de servir el almuerzo.
—Ellas están bien.
—Mhmm —respondió Louis.
El silencio volvió a instalarse en la cocina por un momento.
Luego añadió, con un tono casual que no me gustó nada.
—Bristol parece un lugar interesante para hacer nuevas amistades, o retomar el contacto con viejos amigos.
No respondí a su comentario.
Me limité a empezar a dejar los platos sobre la mesa.
Louis dejó a Rose en su asiento de bebé, la aseguró con cuidado y luego fue por los cubiertos para ayudarme a poner la mesa.