Volviste Demasiado Tarde

Capítulo 9

Isabella

El mundo deja de moverse cuando Sofía hace esa pregunta.

—¿Tú eres mi papá?

La lluvia sigue cayendo alrededor de nosotros, pero yo ya no siento frío.

Solo miedo.

Un miedo horrible.

Porque Damián la está mirando como si el corazón acabara de explotarle dentro del pecho. Como si llevara tres años muerto y mi hija acabara de devolverlo a la vida con una sola frase.

Y Sofía…

Dios mío.

Sofía todavía tiene sus pequeños dedos aferrados a la mano de Damián.

Todo ocurre demasiado rápido dentro de mi cabeza.

Pienso en la guerra.

En la mirada oscura de Damián.

En su obsesión.

En lo roto que regresó.

En la familia Cross.

En el poder que tienen.

Y el terror me atraviesa.

Porque de pronto entiendo algo.

Damián podría quitármela.

El silencio se vuelve insoportable.

Damián abre ligeramente la boca, pero ninguna palabra sale.

Nunca lo había visto así.

Tan vulnerable.

Tan perdido.

Como si no supiera cómo responderle a una niña pequeña después de pasar años sobreviviendo al infierno.

Y por un segundo…

solo por un segundo…

me duele por él.

Porque le robaron demasiado.

Nos robaron demasiado.

Pero antes de que Damián pueda hablar, otra voz rompe el momento.

—Tu padre soy yo, Sofía.

Mi sangre se congela.

Leonardo.

Volteo inmediatamente.

No lo había escuchado llegar.

Está parado junto a la entrada de la casa, completamente empapado por la lluvia, con la mirada fija en Damián.

Y nunca lo había visto así.

No parece el hombre tranquilo y paciente que me sostuvo durante años.

Ahora mismo parece furioso.

Peligrosamente furioso.

Sofía frunce el ceño confundida.

—¿Leo?

Leonardo baja las escaleras lentamente sin apartar los ojos de Damián.

—Sí, princesa.

La llama así desde que empezó a hablar.

Princesa.

Damián endurece la mandíbula instantáneamente.

Oh, Dios.

No.

No, no, no.

Esto va a explotar.

Leonardo llega hasta nosotros y, sin pedir permiso, toma a Sofía de los brazos de Damián.

El movimiento es rápido.

Brusco.

Territorial.

Y en el instante en que sucede, veo algo aterrador cruzar el rostro de Damián.

Violencia.

Pura violencia.

Sofía se aferra al cuello de Leonardo confundida mientras él la sostiene con fuerza.

—Tu papá soy yo —repite mirando directamente a Damián—. No necesitas ningún otro.

El silencio cae como una bomba.

Mi corazón empieza a golpear tan fuerte que me duele.

Porque Leonardo acaba de cruzar una línea demasiado peligrosa.

Damián permanece completamente inmóvil bajo la lluvia.

Demasiado inmóvil.

Y eso es peor.

Mucho peor.

Lo conozco.

Sé cómo se ve cuando pierde el control.

Pero también sé cómo se ve cuando intenta contenerse.

Y ahora mismo está haciendo ambas cosas.

Sus ojos se clavan en Leonardo sosteniendo a Sofía.

Oscuros.

Helados.

Mortales.

—Devuélvemela.

La voz de Damián sale baja.

Demasiado baja.

Leonardo da un paso atrás con Sofía en brazos.

—Ella está conmigo.

Damián sonríe apenas.

Pero no hay nada humano en esa sonrisa.

—Te doy cinco segundos.

—¿O qué? —escupe Leonardo—. ¿Vas a actuar como un salvaje delante de la niña?

Mierda.

Mierda.

Mierda.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.