Volviste Demasiado Tarde

Capítulo 15

Isabella

No recuerdo cuándo fue la última vez que tuve tanto miedo. Quizá cuando me dijeron que Damián había muerto, quizá cuando sostuve la prueba de embarazo sola en el baño de mi apartamento, o quizá ahora.

Porque mi hija está detrás de esas puertas y no sé si va a despertar.

No sé cuánto tiempo llevo llorando, las puertas de urgencias siguen cerradas frente a mí, el reloj avanza, la gente entra, la gente sale. Pero mi hija sigue detrás de esas puertas. Y yo me estoy muriendo lentamente aquí afuera.

Mis manos tiemblan tanto que apenas puedo sostenerlas juntas. Tengo sangre en el vestido. No sé si es de Leonardo, de Damián.

Ya ni siquiera me importa. Solo quiero a Sofía.

—¿Qué demonios pasó aquí?

La voz del General Alexander Cross corta el aire.

Levanto la cabeza. Ellos están ahí, Helena y él. Impecables, perfectos. Como si hubieran salido de una portada. Y por primera vez desde que conocí a esa familia… siento miedo. Porque no soy la única madre en este pasillo. Helena también lo es. Y acaba de descubrir que tiene una nieta.

Damián se pone de pie inmediatamente. Está frente a mí. Como si inconscientemente quisiera cubrirme. No sé por qué eso me afecta. Tal vez porque todavía recuerdo al hombre que se paraba delante de mí cuando algo me asustaba.

Pero este no es ese hombre. Este hombre tiene sangre en los nudillos. Cicatrices en el rostro. Y oscuridad en los ojos.

—No es el momento —claudica Damián.

Su padre lo ignora. Su mirada cae sobre mí. Luego sobre Leonardo, que está sentado unos metros más allá limpiándose la sangre del labio.

Y finalmente…sobre el oso blanco de Sofía que quedó abandonado en una silla. La expresión del General cambia.

Muy poco. Pero lo suficiente. Lo nota. Lo entiende. Helena da un paso tembloroso.

—¿La niña…?

Nadie responde. Porque nadie sabe cómo decirlo. Mi hija está luchando detrás de una puerta y ellos aparecen ahora. Tres años tarde. Como todos. Helena vuelve a mirarme. Sus ojos están llenos de algo que nunca le había visto. Miedo.

—Isabella… —susurra.

Mi cuerpo se tensa. No. No tiene derecho a decir mi nombre así. No después de todo. Me pongo de pie. Las piernas me tiemblan. Pero me sostengo.

—No.

Mi voz sale rota. Ella parpadea.

—¿Qué?

Las lágrimas vuelven. Porque estoy cansada. Tan cansada.

—No me mire así ahora.

El silencio cae. Damián gira hacia mí. Helena parece a punto de romperse. Pero no me importa. Porque yo sí me rompí. Muchas veces. Sola.

—Cuando me dijeron que Damián había muerto… vine a usted.

Mi voz tiembla. Dios. No quería hacer esto aquí. No ahora. Pero el dolor sale igual.

—Estaba embarazada.

Helena deja de respirar. El General endurece el rostro. Damián me mira. No sabía esto. Nunca se lo dije. Nunca pude.

—Y usted me dijo que abandonara el apellido Cross.

El pasillo entero queda en silencio. Helena retrocede.

—No…

—Sí.

Una lágrima cae por mi rostro.

—Me dijo que su hijo no necesitaba una viuda interesada.

Damián gira lentamente hacia su madre. La temperatura del lugar cambia. Lo siento. Todos lo sienten. Porque algo muy peligroso acaba de despertarse dentro de él.

—Mamá…

La voz de Damián es baja. Demasiado baja. Helena empieza a llorar.

—Yo no sabía que estabas embarazada.

Suelto una risa rota.

—Nunca me preguntó.

Damián baja la cabeza. Sus manos se cierran, los nudillos vuelven a ponerse blancos y desde que volvió deja de mostrarse…verdaderamente destruido. Las puertas de urgencias se abren, todos nos ponemos de pie, el médico sale. Mi corazón se detiene.

—¿Sofía? —pregunto.

El hombre mira el expediente. Luego levanta la vista.

—La fiebre provocó un desmayo, pero ya está estable.

El aire vuelve a mis pulmones, me derrumbo, literalmente, mis piernas fallan. Pero no caigo, Damián me sostiene, su brazo rodea mi cintura antes de que toque el suelo. Todo el mundo desaparece. Porque por un segundo vuelvo a estar en sus brazos, segura, protegida como antes.

—La niña preguntó por su papá al despertar.

Mi respiración se corta. El médico sigue hablando. No se da cuenta del infierno que acaba de abrir.

—Dice que quiere ver al señor de ojos iguales a los suyos.

Silencio. Un silencio mortal. Damián deja de respirar. Yo también. Helena se lleva una mano a la boca. Leonardo aprieta la mandíbula. Y el General Cross…el General Cross está mirando a Sofía a través del cristal de la habitación. Como si estuviera viendo algo imposible. Entonces sucede. El médico vuelve a revisar el expediente. Frunce el ceño.




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