Fue una de las noches donde descansar cómodamente le era complicado por el simple hecho de sentirse incómoda en una nueva habitación, junto a una persona desconocida con la que tendría pasar el resto de su vida. Sus pensamientos formo parte del motivo del que se desvelo, lo cual solamente su cabeza pensaba sobre el mismo tema y que le generaba más agobio.
Después de varias horas, se alcanzaba a ver la luz del día filtrandose por la ventana y unos minutos más después, ella se incorporó de aquella cama para así empezar el día.
Ahora se encontraba frente a un espejo circular de gran tamaño que llegaba a ocupar toda la pared en dónde había sido colocada. Noemie pasaba suavemente el cepillo sobre su cabello ya al ser demasiado corto, durante ese momento no considero modificar su expresión seria que mantenía ese instante para así ignorar el cansancio que sentía. Lo único que le provocaba tranquilidad era que el mayor no estuviese presente.
En cuestión de minutos, vio a una de las sirvientas entrar con discreción al dormitorio y permaneció cerca de la puerta, apenas asomándose y mirando con una sonrisa leve a la joven—buen día, señorita Noemie.
—Buen día, Helena.
—¿Desea que le prepare su vestido ahora mismo?
Dio un bajo suspiro antes de responder y volver a mirar al frente—no, gracias Helena.
—¿Le gustaría que le indicara donde queda el armario?
—Claro—respondio enseguida, dejando el cepillo sobre la pequeña mesa de madera para así seguir a la mujer de mayor edad.
El dormitorio de la vestimenta estaba cerca de la habitación donde Noemie estaba, en esa parte de la casa contenía una variedad larga de vestidos que eran particularmente para Noemie.
La mujer dejo a la más joven sola en ese instante para que se vistiera cómodamente, yendo a preparar junto a las otras empleadas el desayuno para Noemie. Al estar sola cerca de esa habitación, entro con pasos lentos mientras veía detenidamente cada prenda.
Después de estar poco tiempo observandolas, tomo una simple que eran de su gusto, aunque no se viera así del todo. No tardo tanto tiempo para vestirse, al haber acabado se dirigió al piso de abajo ya que con quién estaba hace un momento menciono que la esperarían allí.
La mesa era bastante blanca, encima había un mantel de tono blanquecino y unos cuantos platos con comida cerca de la punta de la mesa. Quien recién entraba en la sala se sentó en la silla que estaba cerca de los platos con demasiada lentitud, mirando con una pizza de confusión por la falta de costumbre, aun así los platos se seguían llegando.
—Disculpe—hablo en un momento, girando a ver una de las empleadas antes que volviera a la cocina. Con solo dirigirle la palabra llamo la atención de la mayor.
—¿Qué necesita, señorita Noemie?
—Con esto es suficiente, les agradezco—respondio con una sonrisa media incómoda—y con que me llames Noemie es suficiente.
—Lo siento, Noemie—contesto de inmediato—estan por traer más platos, ¿Gustaría que se lo guarde?
—¿Más platos?—miro algo sorprendida a la mujer antes de avisarle—¿Ustedes ya han desayunado?
—Aun no, Noemie—menciono—no es nuestro horario.
—No comeré más que esto, pueden comer lo que estén preparando.
—¿Está segura?—pregunto con duda ante el comentario de la joven.
—Si—subio un poco más su sonrisa—avisale a las demás.
—Se lo agradezco, Noemie—dijo de inmediato antes de volver a la cocina dónde estaban las demás, dejando completamente sola a la persona que le servía.
De todo lo que sirvieron había comido muy poco, no tenía demasiado apetito lo cual dejo unos platos sin tocar sobre la mesa. El ambiente en dónde estaba era muy silencioso, y lo sentia vacío, sabía que el resto de sus días serían así y tendría que tener la idea de acostumbrarse.
Al terminar de desayunar, se levantó y salió hacia el jardín de la casa. Se sentó en la misma parte de siempre, lo único que tenía para hacer en ese instante era mirar el cielo y despejarse con sus pensamientos, no le era cómodo hablar con las empleadas por ser mujeres más mayores.
Había estado unos minutos mirando el cielo y pensando lo mismo de siempre desde que llegó a la casa, cada vez que recordaba lo mismo no podía evitar sentirse mal y disgustada con todo.
—Noemie—una voz la llamo en un susurro, quien era trato de que se escuchara y llamar su atención.
Extrañada, miró hacia donde provenía la voz y miró hacia arriba, momento donde abrió más sus ojos por sorpresa—¿¡Darren!?
—Ayudame a bajar.
—¿¡Qué haces aquí!?—se levantó de la silla rápidamente, mirando más confusa a su amigo.
—Venia a visitarte, tu hermano me ha dicho que estabas aquí—se agarró más de la pared, intentando cruzar sin que las espinas lo lastimen—te extrañaba.
—No deberías estar aquí, vas a hacer problemas—comento mínimamente nerviosa—las empleadas te pueden ver.
—Solo estare poco tiempo, lo prometo.
Soltó una risa leve, después se acercó más a dónde el estaba—dejame ayudarte a bajar.
Noemie trato de evitar rozarse con las espinas mientras ayudaba a bajar a Darren, a ambos les había dificultado un poco ese momento. En unos segundos, quien recién llegaba ya estaba dentro del jardín, mirando todo con asombro.
—¿Así que ahora vives aquí?—cuestiono—es muy lindo este jardín.
—Si, pero no me gusta la idea de vivir aqui—comento con algo de tristeza—me alegra que hayas venido a verme.
—Lo seguiré haciendo cada vez que pueda—sonrio—¿Y estás sola aquí? ¿Ese hombre no está?
—No, vuelve a la noche o en la tarde—menciono—¿Qué tal te va en la escuela? ¿Y Harrison?
—Todo va bien, también para Harrison—respondio—no hay nada nuevo que contar.
Noemie soltó un suspiro al sentarse, apoyando su mano sobre su rostro—que suerte, la verdad extraño ir a la escuela.
El de cabello castaño la miró algo sorprendido, pronto decidió sentarse con ella—nunca crei escuchar esas palabras salir de ti.