"Cambié por Ti"

Capítulo 3

_ Bueno... señor Montoro... ¿qué necesita que...?

Cuándo le hablo me mira fijo. El niega con la cabeza y hace una seña para que lo siga.

La señora me sonríe y nos acompaña. 
Subimos por las escaleras, doblamos para la izquierda y la segunda  puerta entramos.

Es una habitación grande y se ve cómoda. En realidad no me interesa cómo sea. No me preocupo en eso. 
Sólo que no sé que haré aquí.

_ Seguro te explicaron... que pasará contigo, ¿verdad? -niego y el mira a su mujer- bueno, Sebastián... te quedarás con nosotros...
_ Si eso sé. ¿Pero por cuánto tiempo?

No responden. Lo miro sorprendido y el asiente con la cabeza, afirmando lo que temía, lo que podría llegar a pasar y pasará.

_ ¿Por qué?
_ Más adelante lo entenderás. Sebastián -baja la mirada y evita mirarme a los ojos- nosotros... esperaremos a que te acostumbres y nos quieras aceptar.

Salen dejándome millones de dudas y preguntas.

¿Por qué hicieron esto? ¿Con qué fin?... ¿Por qué yo?

Nunca creí que me harían esto. Mi padre me despreció toda la vida al ver que no seguía sus pasos.

Al único que seguía, era mi abuelo. Él, el que me hacía sentir mejor, el que me aconsejaba, me enseñaba a entender las cosas.

Mi madre. Ella era lo que más amaba. Siempre me aceptó. 
Pero cuándo murió todo cambió. 
Mi padre dejó de hablarme. Tres años sin verlo. Y ese tiempo de su ausencia, mi abuelo me apoyó. Cuándo volvió, pidió disculpas, yo sólo quería saber por qué hizo eso, por qué me dejó. Tenía 11 años cuándo mi mundo de preguntas e inquietudes, fueron acabadas por su respuesta.

^No te necesito, no tendré contacto contigo si es lo que esperas. Sebastián... no eres mi hijo. Ayudé a tu madre a cuidarte porque sentí lástima por ella.
¿A caso no te has preguntado el por qué no te pareces en mi?. 
No eres un Lombardi y nunca lo serás. No te molestes en buscar verdades y respuestas porque lo estoy diciendo ahora.^

_ Sebastián... ¡Sebastián!

Salgo de mis recuerdos y vuelvo a la realidad. 
Estoy sentado en la cama aún con la ropa que llevé esta noche.

_ Disculpe. Estaba un poco cansado que no me di cuenta cuándo llegó. 
_ Está bien. Traía tu ropa. No tengas miedo por nosotros. No te haremos nada -hace una pausa y ella vuelve a sonreir- no podemos remplazar a tus padres pero por lo menos intenta, cambia un poco.
_ Buenas noches -contesto seco haciéndole entender el fin de esta conversación-.
_ Buenas noches.

Bueno, bueno. No sé cómo tomar esta situación. 
Iré a un lugar dónde nunca me dejaron ir. La Escuela.

Siempre he tenido profesores privados, dónde el estudio sólo era mi otra casa.
Pero esto. Va a ser un nuevo paso.

Por lo que veo es un colegio privado. Uniforme, reglas a seguir, notas altas y educación de lo mejor (aunque es lo que menos pienso que hacen).

Toda la noche sin poder dormir. Y hoy en la mañana, me avisaron que debía prepararme para ir a la escuela. Termino mi desayuno y tomo mi bolso. Me dirijo al auto pero aún perdido en mis pensamientos.

En el camino todo es silencio. Cuándo llego, un pequeño miedo se hace presente en mi.

_ Sebastián vendré a buscarte a la salida. Que tengas suerte.

Bajo del auto y muchos me miran raros. Otros desvían la mirada y algunas chicas se quedan mirándome. 
Parece que seguiré teniendo mi diversión favorita, algo por la cuál no cambiaré en ese aspecto.

Mi nueva rutina. Lunes a viernes, despertar e ir a la escuela. Sábados y domingos, descansar y quedarme en... casa.

 

Una semana después.

Era las 00:10am. Ya era domingo. Escuchaba a los señores Montoro discutir pero no podía escuchar por qué. Decido salir en silencio y bajar por las escaleras. Presto atención a lo que dicen.

_ Es una locura, ¿nos quieres matar? -su voz se escucha nerviosa-
_ No exageres, no pasará nada. Sólo necesito saber cómo entrar para poder intentar sacar a Safira...

Al escuchar su nombre, me paralizo. Safira.

¿Qué es lo que me pasa al escuchar su nombre?. Es lo que me he estado preguntando por días. No puedo olvidarla. Creí que sería un juego más, pero no. Estoy confundido. No sé que hacer.

Pero si hacemos lo que pienso, tal vez podríamos sacarla de ahí.

Voy con ellos y callan al verme.

_ Tengo un plan. Y se que les gustará. Sólo esperen una semana más e iremos.
_ ¿Qué quieres hacer Sebastián?.
_ Habrá una fiesta la semana que viene. Dónde presentan a los nuevos chicos que son los "futuro de la mafia". Seguro que presentarán a Safira, si es que la han aceptado. Si no... olvídense de ella.
_ Lo haremos. Dinos que hay que hacer.

Les sonrío y asiento. Recuerdo cómo es todo para contarles los planes.
Hay que tener cuidado, no es nada fácil, pero tampoco en algo que no perderemos y si fallamos, lo volvemos a intentar, para eso hay más oportunidades.



María Carrizo

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En el texto hay: decisiones, amor, dolor

Editado: 30.05.2018

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