Campanas de Medianoche.

CAPÍTULO 4 - SECRETOS

“Dicen que en la vida todos tenemos un secreto inconfesable, un arrepentimiento irreversible, un sueño inalcanzable y un amor inolvidable”.

 

Rose Fleming

 

El día había sido una completa locura. El camión, la iglesia, los secretos que salieron a la luz; había sido demasiado. Y ahora casi a las dos de la madrugada, llevando su camisón de dormir preferido, el cual consiste en un vestido a tiras de seda, color crema que acaba justo en el inicio de sus muslos, Rose, no lograba cerrar los ojos, estaba dando vueltas en su cama por cuarta vez, cuando alguien tocó a su puerta.

Rose se sintió nerviosa mientras caminaba para abrir, y su mano dudó antes de agarrar el pomo y hacerlo girar, cuando al fin se decidió y abrió la puerta de golpe, un sentimiento entre decepción y alivio la invadió, cuando se encontró de frente con los enormes ojos cafés de Enzo, que la miraban fijamente.

- ¿Esperabas a alguien más? pregunta Enzo con el ceño fruncido, desde el umbral de la puerta.

- No , por supuesto que no - se apresuró a contestar, y levantando una ceja  agregó - De hecho, no esperaba a nadie a las dos de la mañana.

- Lo sé, lo siento - dice en voz baja, dando un paso dentro de la alcoba- Tu y yo tenemos que hablar.

El ambiente estaba tenso, por un momento los dos se quedaron mirando sin decir nada, hasta que Rose caminó directo a su cama y se sentó cruzando los pies.

- Te escucho.

Enzo siguió sus pasos y se recostó junto a ella con cierta cautela, como un niño tratando de no espantar un pájaro.

- Te he echado de menos. - dijo Enzo acercando su mano a la de ella.

Rose se limitó a mirarlo a los ojos, antes de separar su mano de la suya.

- No puedes hacer esto Enzo, no es justo. - dijo en voz baja

- Por favor Rose, solo déjame explicarte. - había urgencia en su voz y su mano volvio alcanzar la de ella - Por favor.

  • Te fuiste por más de ocho meses Enzo, en un viaje que se suponía era de los dos.

Las palabras de Rose salieron secas y directas, como un golpe sobre una herida ya abierta, dejando a Enzo indefenso

- Trataba de protegerte.

Silencio invadió la habitación, mientras el rostro de rose adquiere un tono más rojo de los usual, para al final estallar en un grito exasperado.

- ¡Nunca te pedí que me protegieras!... y tampoco debiste dejarme - dice levantandose de la cama hasta llegar al extremo opuesto.

< ¿Porque cada vez que alguien te hace daño, dice que trataba de protegerte?> Rose odiaba en gran manera que Enzo siempre se excusara bajo ese pretexto. Hace poco menos de un año que él se había ido, dejando solo una nota en la que se disculpaba por haberse marchado sin ella a la misión, que consistía en visitar las distintas ciudades cercanas para recoger información sobre el régimen y de paso pasar por las demás casas seguras.

Muy pocas veces Rose se había permitido sentir algo por alguien, y cuando al fin lo hizo, nunca espero que él la abandonara. No estaba lista para volver a quedarse sola.

- Eso ya lo se, me tocó aprenderlo de la peor manera. - dijo Enzo colocándose de pie y acercándose a ella - solo quiero que me perdones.

Nuevamente estuvieron uno frente al otro y  Rose no se dio cuenta en qué momento las manos de Enzo terminaron en sus mejillas, pudo sentir como su pulso se aceleró al compás de sus dedos y la forma en que su aliento rozaba sus labios,  era una sensación demasiado familiar que hizo que su muro cayera poco a poco con la cercanía y calidez de su cuerpo.

- Maldita sea, te amo Rose - Dijo Enzo uniendo sus labios a los de ella.

Rose se dejó llevar por el beso, y se permitió entrelazar los dedos en su cabello, jalandolo suavemente, mientras él presionaba delicadamente su mano en la parte baja de su espalda y mantenía la otra en su cuello. Un escalofrío recorrió su espina dorsal. Justo antes de que tomara impulso y cortara el beso.

- No, Enzo - dijo con la voz agitada y las mejillas encendidas - No puedo hacerlo.

Enzo la miraba con los ojos llenos de agonía, y arrepentimiento.

- Rose.. por - dijo casi un susurro antes de que ella lo cortara.

- Me pediste que te perdonara, y ya lo hice, hace mucho tiempo. - dijo Rose alejándose un poco de él - Realmente me alegra que estés aquí - le dio una sonrisa que no le llegó a los ojos, mientras lo observaba con la mirada cristalina -  Yo no puedo no quererte Enzo, no después de todo lo que hemos pasado, pero debes entender que ya no es como antes. Tu lo decidiste así el dia que te fuiste, no yo- dijo casi en un susurro.



ShadiSaad.

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En el texto hay: romace, aventura, distopia

Editado: 07.07.2018

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