Cazador ©

Capítulo 12

Alec

Nuestros cuerpos sudados, bailando un vaivén lujurioso, cada embestida, cada gemido, forma parte del recuerdo de Amber y yo.

Lo qué me pregunto ahora es, fue sólo sexo o hubo otra razón de por medio. El sólo pensarlo hace doler mí cabeza, pensé qué el odio hacia ella me detendría de hacer lo qué hice, pero no pude, no pude porque hay algo en mí qué me dominó y tomo el control de mí cuerpo, pero también sé qué en el fondo fui yo quién lo más lo quiso.

- Despierta - una voz a lo lejos, escucho.

Me remuevo incómodo, tenso mí cuerpo al sentir un leve pero agudo dolor en mí cuello - otra vez lo hizo - viene a mi el recuerdo de como la rubia nuevamente me mordió el cuello, también recuerdo cómo su rostro cambio radicalmente cuando lo hizo.

- Vamos Alec, despierta ¡carajo! - el grito hace qué despierte dando un respingo, volteo a todos lados, mí borrosa vista me impide poder ver algo qué me indique donde estoy.

Siento como una suaves y delicadas manos, toman acunando mí rostro, Amber,  - Mirame Alec, vamos controlate soy Astrid - sólo el escuchar su melodiosa voz, hace qué frunza el ceño.

- Qué haces acá, como entraste - pregunto con miedo de qué Amber o los demás lobos la encuentren y nos maten.

Amber

- No no no Alec - mí hermosa amiga habla rápido - estamos en la aldea, Alec.

Me levanto aguantando el agudo dolor, un mareo por la rapides en qué lo hice no se hace esperar, pero con la ayuda de Astrid, me sostengo y veo al fín al mi alrededor, es mí cabaña.

- Pe-pero como, yo estaba con Am...

Astrid me interrumpe - Supimos sobre la muerte de Cedric - baja su hermoso rostro - pero también supimos qué ella te llevó contigo, así que durante esté tiempo hemos intentado cruzar los límites de sus tierras para poder sacarte.

- Pero como lo lograron - pregunto a la vez qué siento picar y arder la mordida, ése dolor sé ve opacado por el repentido vacío en mí pecho.

Astrid dirige su verdosa mirada a mís azules - Muchos murieron en el intento Alec, al igual qué muchos de ellos; todo ha sido muy extraño - frunce sus ceño, sumergiendose en sus pensamientos - la reina al parecer ha bajado la guardia, ya no, se le ve haciendo la guardia junto a sus guerreros - estuvo conmigo, golpeandome y muchas cosas mas, pienso - estamos intentando saber qué es lo qué la tiene así.

La duda aparece en mi - Como así - artículo dudoso y raramente preocupado.

- Uno de ellos - habla con esperanza, Astrid se acerca un poco más - uno de ellos está con nosotros Alec, sabes lo qué significa - su voz sube dos tonos - sí sabemos lo qué la tiene de ese modo, y lo utilizamos a nuestro favor, podemos matarla.

Mí corazón da un vuelco, matarla, matarla ya no es mí prioridad, de hecho creó qué ese sentimiento qué se ha instalado en mí por esa mujer, sádica, atroz y maligna, puede qué me atraiga.

Sexo

Y si fue eso lo qué me llevo a acostarme con ella sólo atracción a lo prohibido, a lo qué no es correcto.

Dios ayúdame.

(...)

Me remuevo de mí posición, la madera de este cedro no es muy cómoda qué digamos, pero al fin logro encontrar una posición no muy mala, al estar relajado llevo mí mirada a los guerreros.

Unos mil guerreros.

Mil guerreros de todas las aldeas vecinas han atendido el llamado de Baltasar, el hermano de Astrid, Baltasar es el segundo al mando luego de mi. El sonido de espadas chocar llama mí atención, Astrid entrena con los más jóvenes, les enseña como poder primero desequilibrar a los grandes lobos para luego matarlos.

Amy
Mirna
Amber

Son los nombres qué vienen a mí cabeza, yo no podría matarlas - A ella sí debo matarla - pienso, ella mató a mí familia. No sé qué hacer.

- ¡Lobos! - la voz de un joven de no más de dieciocho años llama la atención de todos, rápidamente llevo mí mirada a buscar a los lobos.

Primero un lobo de pelaje rojo es qué aparece en mí campo de visión, todos los guerreros se preparan para matarlo, mí corazón se acelera, un fina capa de sudor comienza a aparecer en mi rostro.

Un joven guerrero se apresura a atacar, intento gritar para qué se detenga, pero mí grito es ahogado cuando tras de ese gran lobo aparecen cientos de ellos, sus aullidos son casi ensordecedores.

Doy pasos apresurados, al pasar al lado de una mesa tomo una espada, la empeño con fuerza, todos se apartan al verme correr en dirección a lobos, al frente veo a Baltasar y a Astrid preparados para lo qué sería una sangrienta batalla, la cual no creo qué ganemos.

- No ataquen - digo al llegar al lado de Baltasar - no ahora.

Doy dos pasos al frente, busco con la mirada esa extraña marca, y sí son ellos, todos los lobos qué comanda Amber tiene dos líneas horizontales en su pata derecha de color blanco, así qué sin esperar más...



J. A. Clever

Editado: 13.04.2018

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