Crónicas sangrientas

Prólogo

 


Vivo en San Augustine, está en florida y nunca pasa nada, ni para bien ni para mal.

Está noche está prevista una lluvia de estrellas, suele ser una noche mágica en la que todos salimos con nuestras cestas de picnic y unas grandes sábanas para tumbarnos sobre la hierba, y de este modo, convertimos esta noche en un ritual.

Yo iré a verlas sola, nunca he tenido muchos amigos, desde pequeña era una niña tímida y retraída, prefería pasar el rato sola entre mis libros, leyendo las aventuras que los personajes iban superando y sabiendo que yo nunca sería capaz de soportar todo lo que ellos soportaban en mis páginas. Ahora trabajo en la biblioteca, tengo suerte porque me gusta, si por mi fuera pasaría el día entero rodeada de libros.

Me preparo para ir al sitio más alejado a ver la gran lluvia de estrellas, tienes que pasar por debajo de unos setos, pero llegas a una explanada pequeñita en la que no hay ni un solo árbol, pocas personas conocen ese sitio.

Coloco una toalla en la hierba y me tumbo, mirando hacia el cielo, completamente raso, no hay ninguna nube que enturbie la maravilla del universo. El aire fresco acaricia mi cuerpo, la agradable brisa me rodea en estos días tan calurosos.

No hay ningún ruido exceptuando el de las ramas de los árboles que lindan en la lejanía con la civilización con su pequeño balanceo, por eso me llama la atención cuando suena tras de mi un zumbido, me giro pensando que alguien me está gastando una broma

-¡¿Hola!? - pregunto

Vuelve a sonar el mismo zumbido una vez más a mi espalda

- No tiene gracia, parad ya - me incorporo andando hacia la zona más oscura, si el bromista se esconde en algún lado es allí

- ¡ Hablo en serio! - grito al aire - ¡dejadme tranquila!

Algo duro como la piedra me aprisiona contra una gran roca, un grito ahogado se me escapa por la impresión

Me quedo clavada, las piernas me tiemblan y me siento incapaz de dar un paso para escapar

- Estas en el sitio equivocado muchacha

- ¿Quién eres? ¿Qué quieres?- susurro sin poder reaccionar. El miedo me tiene totalmente paralizada.

Un hombre me gira de forma brusca y durante unos segundos todo a mi alrededor da vueltas.

- Tengo hambre ̶ Me da un golpe en la cabeza y caigo al suelo, mareada, me desplomo.



Patricia Rivas (Patris29)

Editado: 30.09.2019

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