Crónicas sangrientas

Capítulo 2

 

Separa sus labios de mi cuello relamiéndose, después, levanta la cabeza hacia el techo, disfrutando, parece totalmente ido. Suelta mis hombros y caigo al suelo al instante dándome cuenta que lo único que me mantenía en pie era la fuerza de sus brazos aprisionándome contra la pared. Tapo la herida del cuello con mi mano temblando de miedo y rabia.

Lo único en lo que puedo pensar es que es un psicópata. Un enfermo que retiene mujeres y les muerde el cuello ¿de dónde se ha escapado este loco? Y ¿qué tiene pensado hacer con nosotras? Mi cerebro va a mil por hora. Un batiburrillo de pensamientos e imágenes pasan volando sin que llegue a tener nada claro.

-Mmmm la sangre sin gritos sabe mucho mejor - dice con una sonrisita de suficiencia - tienes un sabor afrutado.

Sale cerrando la puerta con violencia y yo me quedó en el suelo pensando que no es posible que sea un vampiro, lo lógico sería que fuera un psicópata al que le gusta beber sangre, aunque no se que es peor. Si le gusta beber sangre también le gustará mantener a sus víctimas el mayor tiempo posible vivas y si lo que la chica me ha dicho acerca de los gritos es cierto, mientras más se le moleste menos probabilidades hay de aguantar mucho tiempo con vida. Tengo que ser lista.

Las horas parecen días aquí encerrada sin ninguna distracción, solo cruzando los dedos para que ese hombre no vuelva a aparecer, pero lo hará, se que lo hará. No tengo forma de luchar contra él, solo puedo girar el cuello y dejar que haga lo que quiera. Me siento como jamás me he sentido, incapaz de solucionarlo, encontrar una salida, una forma de escape, todo es inútil.

Para pasar el rato juego a un juego que siempre me divertía cuando era pequeña, con cada letra del alfabeto pienso un animal que empiece por esa misma, a de águila, b de burro, c de cocodrilo y así con todas y cada una, es una estupidez y una pérdida de tiempo, lo se, pero consigue relajarme y que mi mente deje de pensar en el lio en el que estoy metida.

-¿Tienes hambre? - otra vez la misma voz que me repugna y que parece que me da estos sustos a conciencia, porque sino me equivoco, le divierte - esta vez no es pan, lo prometo - levanta una mano solemnemente

- Si tengo hambre - contesto de la forma más neutral que puedo, todavía recuerdo su advertencia.

- Pues ven - hace un ademán invitándome a salir de la horrible celda.

No se si acercarme a él o no, puede ser una trampa, pero le gusta ver el miedo en los demás y no voy a darle ese gusto.

Avanzo hasta la puerta abierta y la traspaso intentando parecer más fuerte de lo que me siento desde que llegué aquí. Andamos por el estrecho pasillo de piedra hasta que llegamos a unas escaleras y las subimos con él detrás de mi, parecen interminables hasta que por fin veo luz natural y no este amarillo enfermizo.

Piso un suelo de mármol con escaleras semejantes a ambos lados de la estancia, es increíble, es una mansión. Me conduce hasta el salón en el que hay una enorme mesa de caoba repleta de sabrosa comida, hay de todo, carne, pescado, fruta, hasta platos que no reconozco lo que son.

- Reconozco que mi casa es increíble - dice de forma cantarina.

No digo nada, solo voy hasta la silla que está en el otro extremo de la mesa y me siento, no espero a que él también lo haga, me da igual si come o no, yo tengo hambre.

Me mira mientras se pasea por la deslumbrante habitación, parece que me está analizando. Se para frente a un antiguo tocadiscos

-¿Qué música te gusta? - pregunta pasando los dedos de un vinilo a otro esperando una contestación

La música clásica – contesto sin mirarlo. Tanta amabilidad no puede ser una casualidad.

Elige un disco de entre todos y al momento comienza a sonar el adagio para cuerdas de Barber que tan bien conozco, eso provoca que suelte el tenedor en el plato y se me quite el hambre por completo. No puedo creer lo que está ocurriendo. Esto solo pasa en los libros.

Se acerca por detrás y me aparta el pelo despacio, está tan cerca que puedo notar su aliento en mi nuca, coloca su mano en mi barbilla y al momento se lo que va a pasar; vuelve a introducir sus colmillos en mi garganta, pero esta vez no imprime tanta fuerza, aunque duele y la succión es desagradable, continúo quieta como una estatua con las manos abiertas encima de la mesa y el cuello ligeramente inclinado.

No para de succionar y me empiezo a poner nerviosa, si continua sacándome sangre va a matarme, aunque cada vez tengo más claro que poco le importa a este tipo la vida de los demás. Decido tomar las riendas y que pase lo que tenga que pasar pero no voy a seguir siendo una cobarde. Me levanto de un salto a la vez que le empujo

-Me vas a matar – Increpo. Mi tono de voz ha ido bajando hasta convertirse en apena un murmullo cuando veo sus labios teñidos de rojo con mi sangre.

Puede que por la sangre perdida o por levantarme tan rápido, la habitación comienza a dar vueltas vertiginosamente, pierdo el equilibrio y caigo al suelo.

Despierto en mi celda no se cuanto tiempo después, pero la debilidad es mi compañera ahora mismo

- ¿Estas bien? - mi compañera de prisión me pregunta, pero en estos momentos no me apetece hablar con ella o contarle lo que ha pasado, así que continuo sin hacer ruido para que piense que duermo.



Patricia Rivas (Patris29)

Editado: 30.09.2019

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