Cruzada de sangre - Linajes

Capítulo 32

Así seguimos golpeando las armas, retrocediendo por la fuerza de los golpes, sin llegar a nada. Respiramos agitados sin ánimos de rendirnos. Él ansia recuperar su vida pasada, yo que no reviva a la bruja. Sin embargo, se ve más agotado que yo, respira agitado, y con eso me cuesta más entender cómo pudo detener a esos guardias. Aun así, intenta sacar fuerza de lo que sea, pero su último golpe errado es repelido con más fuerza por la alabarda, y la espada se resbala de su mano para caer a metros de ambos.

 

—Me ha jugado mal el no entrenar desde que me volví vampiro —se rio a pesar de que lo apunto con mi arma en el cuello.

 

Levanta el mentón enderezándose, aunque el filo no le parece molestar o esta tan seguro de que no voy a herirlo que se siente confiado para sonreír.

 

—Ríndete, contaré que te entregaste para que la condena no sea tan fuerte —señalé con seriedad.

 

—Eso es lo que me agrada de ti —sonrió y luego miró hacia los muertos que cuelgan del cielo de esta bóveda—. Pero no puedo rendirme. Lo siento.

 

Y dicho esto tomó el filo de la alabarda sin importarle la sangre de sus manos, dando un grito mientras pone toda su fuerza en empujarme hacia atrás contra la pared. Lo retengo apoyando mis piernas con mayor fuerza sin entender sus intenciones, y es aquí donde desde la nada, siento algo venir hacia mí, y doy un salto sobre su cabeza girando para evitarlo. No estamos solos, hay alguien más en este lugar que se oculta en las sombras. Esto explica cómo pudo acabar con todos esos guardias. Philippe toma la alabarda y la gira en mi dirección, pero la esquivo ante su sorpresa, me mira sin creerlo, pero no hay tiempo, debo golpearlo, como sea, y por eso usando una patada le doy vuelta el rostro tirándolo al suelo. Y apoyando mis pies en el piso sin pensar en nada me echo a correr hacia la salida. Debo avisar de esto a Volker. Salgo al pasillo corriendo más rápido que nunca, pero de la nada Leonor me lanza una patada intentando detenerme, la esquivo junto a tiempo desconcertada, pero ni siquiera logro reaccionar cuando Dorotea y el viejo Joaquín intentan atacarme a la vez. No puedo creerlo ¿Son parte de la traición? Y contengo mi desilusión ante sus ataques que no parecen querer detenerse hasta lograr su cometido. Sin embargo, hay algo extraño, sus miradas lucen extrañas, perdidas.

 

—Están siendo controlados —exclama Volker apareciendo en escena usando dos espadas y peleando contra otro grupo de vampiros—. Un vampiro manipulador está jugando con sus mentes. Ellos no nos ven a nosotros, probablemente ven a su enemigo o a alguien que quiera matarlos, por eso no tienen expresiones en sus rostros, es como si su mente divaga en las pesadillas mientras su cuerpo se mueve sin que puedan controlarlos.

 

—¿Cómo una marioneta? —señalé arrugando el ceño conmovida de cómo deben estar sufriendo mientras alguien juega con ellos de esta forma tan cruel—. ¿Y qué hacemos?

 

—Yo me encargo de ellos, tú vete de inmediato —me habló con seriedad—. No puedes seguir aquí, tu existencia en este lugar es peligrosa.

 

—No los mates —indiqué arrugando el ceño.

 

Me miró dubitativo mientras no deja de pelear con agilidad, es lo esperaba para el director de una institución como esa, sus movimientos no son de un vampiro típico, debe tener mucha experiencia de combate. Rehuyó mis ojos dándome la espalda.

 

—Soy el guardián del corazón del cazador, si se deben sacrificar vidas por proteger al mundo no tengo otra opción —respondió secamente.

 

—Volker…

 

—Pero intentaré mantener todos con vida, siempre lo hice, por algo fui uno de tus compañeros de armas más fieles cuando fuiste Emilia —sus palabras me sorprendieron, ¿Volker luchó junto a Emilia?

 

Quisiera quedarme, pero entiendo sus palabras, debo salir de aquí, si la única llave para obtener a ese corazón que le devolverá la libertad a Madeho soy yo, entonces no puedo quedarme aquí, aunque sienta que los abandono a todos debo alejarme si mi presencia es la que los pone en peligro.

 

—Vaya Catalina ¿A dónde corres tan apresurada? —apareció Philippe desde una de las ventanas del piso superior. Mientras yo salía del calabozo y bajaba este subió al otro piso para esquivar la pelea que se estaba dando abajo y llegar al otro piso—. Si tan solo pudieras entender que es mejor unirte a nosotros que ir en contra, Madeho va a aceptarte gustosa.

 

—No lo entiendes, no puedes confiar en esa mujer ¡Vas a terminal mal, Philippe! Entiéndelo y…

 

—Eres una tonta ¡Una tonta! —exclamó interrumpiéndome—. Amas tanto a los vampiros que no titubeas con traicionarnos, ya no eres una humana, eres un vil y sangriento vampiro…

 

Y apenas dijo esto su cuerpo empezó a crecer y deformarse frente a mis ojos, retrocedí de un salto hacia atrás ante el penetrante olor a muerte y putrefacción desconcertada ante lo que veo. Se está transformando en una especie de monstruo enorme sin cabello, de tono oscuro como si su piel se hubiera quemado y colmillos sobresalientes que le dan un aspecto aterrador. Solo he visto esto una sola vez, en Sebastián, el padre de Víctor y Cristóbal, pero recuerdo que solo unos pocos vampiros con gran experiencia y de las generaciones anteriores podían transformarse en algo tan bestial como esto, ni siquiera Alejandro y Ellen pueden hacerlo, siendo que ellos son muy poderosos ¿Cómo es que Philippe puede?

 

Me lanzó un golpe que no pude esquivar, pero pude minimizar con la alabarda, aunque esta vez sentí el dolor en mis brazos al repelerlo. Avanzó jadeando antes de lanzar un gruñido ensordecedor.

 

—Este es el poder de Madeho —dijo con su nueva voz, que suena más gruesa y rasposa.

 

Antes de lanzar otro golpe que aun con mi arma no pude retener recibiéndolo con fuerzas y para peor chocando contra la pared de piedra para caer al suelo tan adolorida que no pude ponerme de pie de inmediato. Al sentirlo acercarse no tuve otra opción y apoyada en la misma pared pude levantarme.



A.L. Méndez

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En el texto hay: vampiros, cazadores, cruzada de sangre

Editado: 21.04.2021

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