Dime Que Todo EstarÁ Bien. Primero capítulos

Capítulo 4.

El día fue incómodo para Julie. En clase le había sido difícil seguir el ritmo de los temas ya que todos estaban adelantados y era poco lo que comprendía. El material que debía leer y estudiar para ponerse al día se multiplicaba con el paso de las horas, pero además, a todo debía agregarle el frío recibimiento que había tenido de parte de sus compañeros.

La observaban desde la lejanía, con recelo, tal vez, la comparaban con su madre. Como si ella hubiese sido la que se había enredado sentimentalmente con un estafador bancario y terminó tras las rejas al descubrirse que era la titular de los negocios que el hombre llevaba a cabo, para blanquear el dinero que robaba. La veían como si fuera una oportunista, una ladrona a quien le gustaba derrochar las fortunas que obtenía de forma ilícita. A cada instante revisaban sus teléfonos móviles, quizás, para leer las noticias que pululaban en internet. Eso la aterró, temía lo que ellos pudieran hallar ahí sobre ella.

La hora de artes la tuvo libre por la no asistencia del profesor, debido a una gripe. Aprovechó el tiempo y dio una vuelta por la escuela para conocerla, recibiendo publicidades que invitaban a participar en la organización de la semana aniversario de la escuela en diversos clubes y agrupaciones. Hizo un esfuerzo para no responder a las evaluaciones indiscretas que le hacían algunos compañeros. Se sintió tan sola y rechazada como lo había estado los últimos meses en Nueva Jersey.

Mientras caminaba por el pasillo que conectaba el edificio de aulas con el campo de fútbol oyó el sonido de una patineta que se acercaba a gran velocidad. Por instinto, se apartó y vio como una chica se detenía con brusquedad junto a ella estando a punto de caer de panza al piso. La joven se tambaleó, pero logró recobrar el equilibrio. La patineta, en cambio, siguió de largo hasta estrellarse contra unos arbustos.

—Hola —la saludó la chica cuando se irguió con una sonrisa amplia en el rostro colorado y sudado por el ejercicio, y lleno de pecas. Llevaba también el cabello castaño atado con dos trenzas, como lo tenía ella.

—Hola —respondió Julie sin detener su caminar y admiró con aprobación la ropa de la joven de estilo hip hop, muy masculina, con pantalones de corte bajo y anchos, sudadera y gorra de beisbol puesta con la visera hacia atrás.

—Soy Robbie. Estamos juntas en Ciencias.

Julie estrechó su mano sintiendo su fuerte apretón.

—Soy Julie.

—Lo sé.

Ella sonrió con poca gracia.

—Veo que todos aquí me conocen.

Robbie alzó los hombros con indiferencia.

—Este pueblo es una mierda. Está poblado por puras viejas chismosas.

No pudo evitar reír. Dylan había llamado a toda esa gente estúpida, Dominic dijo que el lugar era patético y ahora esa chica lo calificaba como una mierda.

Un grito las hizo girar el rostro a ambas. Otra chica de vestimenta masculina y abundante cabellera rojiza estaba parada sobre un banco de cemento con los brazos abiertos en cruz, parecía dirigir cierta exigencia hacia Robbie. Esta gritó un «¡ya voy!» tan sonoro que Julie tuvo que encogerse de hombros.

—Debo irme —dijo la pecosa con una sonrisa de disculpa—. ¿Amigas?

Julie asintió y alzó los hombros con indiferencia mientras la joven la señalaba con ambos dedos índice y le guiñaba un ojo. Luego corrió para ir en busca de su patineta y se montó sobre ella rodando hacia la pelirroja.

—¡Adiós, amiga! —gritó con entusiasmo.

—La gente de aquí es extraña —masculló Julie divertida y como para sí misma al continuar su exploración.

Ese día compartió un par de clases con algunas chicas pertenecientes al equipo de las animadoras. Una de ellas llamaba mucho su atención, porque era la única joven morena de aquel grupo perturbador donde todas eran rubias e iguales. Esta poseía un cuerpo perfecto como las demás, de grandes pechos y cintura estrecha, pero su extenso cabello castaño estaba recogido en una apretada y soberbia cola de caballo que tensaba sus ojos almendrados y maquillados con delicadeza. Era imposible apartar la atención de esos ojos.

La morena le dedicaba a Julie miradas llenas de curiosidad desde la distancia, como si sintiera interés por acercarse, incluso le sonreía. Julie no podía dejar de verla por más que se esforzara, la joven poseía unos iris oscuros que eran difíciles de ignorar, enganchaban irremediablemente, más aún, cuando estaban dirigidos hacia ella. De haberla visto sola en alguna oportunidad, tal vez, se habría aventurado a acercarse para saludarla, pero las chicas que la rodeaban, todas rubias de bote y con exceso de maquillaje en la cara, se mostraban tan arrogantes y altaneras que le producían repelús, trataban mal a todo el que se acercara, como si fueran las dueñas y señoras de la comarca. Una de ellas, la más rubia y elegante, que parecía ser la líder del grupo, hasta la veía con desprecio, como si la odiara por algún motivo.

Otro detalle que la detenía era la constante presencia de un tipo rubio y alto que vestía la chaqueta de las Panteras, el nombre del equipo de fútbol del instituto. Por su postura firme y segura parecía un sujeto con cierto poder entre sus compañeros, tal vez, era el capitán. El resto de los jugadores revoloteaban a su alrededor como si él fuera una celebridad, al tiempo que el chico no se apartaba del lado de la morena, daba la impresión de que cuidaba de ella. ¿Sería un familiar? ¿O el novio?



Jonaira Campagnuolo

#3827 en Joven Adulto
#10485 en Novela romántica

En el texto hay: novela juvenil, novela juvenil amor, lgtb

Editado: 02.06.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar