El poder

Capítulo II

Él me miro. Yo lo miré. Estábamos en un bucle en el cual no saldríamos hasta que uno de los dos diera el siguiente paso; Hablar.

En mi pasado muchas veces dejé pasar oportunidades de una hermosa historia de romance por la vergüenza, el miedo de hacer que esa persona se alejará de mí. Esta vez no sería la excepción.

Era una cobarde, lo admito. ¿Acaso es que nadie tiene vergüenza del que dirá la otra persona? Pues yo sí. Estuve en el psicólogo 2 meses para ver que pasaba conmigo. Termine dejando de ir cuando me invito un café y su esposa llego eufórica pensando que yo era la amante que tanto tiempo venía buscando. Aún creo que siento el olor de cappuccino en mi cabello. Si ese tal Jean me hablara le preguntaré si puede olerlo, tal vez y si tenga ese aroma impregnado.

—Muchas gracias.

Jean hizo un gesto raro con la boca, una mueca de ¿asco?

En la mesa había un postre. Un Mont-Blanc para ser específica. Era el favorito de papá, amaba comerlo antes de morir, unos recuerdos muy bonitos.

Deje de prestarle la atención al postre y fije mi mirada en él. No se notaba nada incómodo con todas las miradas sobre su cuerpo, más bien se veía alagado ser el enfoque de visión para los demás. Una cosa hizo que dudaré de si era de acá. Su funda de celular era una bandera, la de Francia.

—¿Eres Francés? — Pregunte.

—Sí... Bueno, nací y viví durante 16 años con mis padres en un pueblo de Francia. Ya después tuve que viajar a Alemania, y hace poco llegué hasta acá, New York. ¿Tú siempre viviste por estos lados?

—Es raro de explicar.

No era un tema que me gustara hablar- Menos con un tipo desconocido- Solo decir que algunas cosas traen consecuencias.

Un carraspeo me trajo de nuevo. — Te pregunté si deseas algo, es una falta de respeto que yo esté tragando mientras tú estás ahí sentada mirando.

—Estoy bien, muy bien, comí hace poco— Mentí—. Creo que ya debería irme, se hace tarde, tengo cosas en las que trabajar, una de ellas es cambiarme de ropa.

Me levanté dejando la manta sobre el asiento. Él hizo lo mismo.

Me era difícil despedirme, lo encontraba el peor pánico que podría pasar. ¿Tengo que besarlo? ¿Darle la mano? ¿Irme y dejarlo solo?

Él solo se acercó despacio y deposito un beso sobre mi mejilla. Estaba sonrojada. No me podía ver peor lo presentía por el calor que sentía en toda mi cara. Lo acaba de conocer y ya estaba dejando mis hormonas dando vueltas por el cielo.

—Espero que nos volvamos a encontrar. Esta vez juro no tirar nada sobre ti.

—Eso espero, Jean. ¿Puedo decirte así, no?

—Da igual como lo digas... Es más, creo que cada vez que lo dices suena mejor.

¡Oh Dios mío!

—Ya debo irme. Adiós.

Puede que esté casi corriendo por salir de este lugar, y es que lo hago. No soy de coquetear. Lo más seguro es que ni intentaba coquetear, pero que más da, ya vergüenza he dado. La pregunta ahora es como me iría. Mi casa no quedaba tan lejos, aunque en las condiciones que iba no era lo más lógico subirme a un taxi y manchar todo.

Al fin entre dudas elegí la respuesta más clara, caminar.

En sí no era una casa, solo era un pequeño apartamento en un barrio no tan tranquilo. Era lo que tenía, y eso que casi le llore al dueño para poder comprarlo. Era un imbécil, algo ya adulto y con una mirada que daban solo ganas de correr. Pero logré que diera un rotundo sí.

—¡Hey chica!.

Escuché que alguien me hablaba. Esta vez era una voz femenina. Busque con la mirada de quién se trataba y la encontré un poco más lejos que dónde me encontraba. Era algo más alta que yo, vestía como si fuera un domingo de relajo. También noté que llevaba un papel entre sus dedos.

—¿Necesitas algo? —Pregunté curiosa.

—Es gracioso, porque sí. Estoy pérdida si te doy sincera, y llevo tres horas dando vueltas en la misma posición— Soltó una pequeña carcajada que me dio algo de ternura—Estoy buscando el departamento de la calle 3. ¿Sabes dónde está?

—Claro que sé dónde queda, justo voy hasta allá.

—Me salvaste la vida sin duda. Soy Viviane, pero si te es más fácil me puedes decir Anne— Se acercó hasta llegar donde me encontraba perpleja. Ahora era más notorio que si era más alta, mucho más.

—¿Vamos?

Asintió con la cabeza y comenzamos a caminar juntas. En la calle 3 solo había un departamento, y era en el cual vivía yo, así que suponía que Anne viviría ahí.

—Mi nombre es Alexandra— Me miró con una sonrisa—No tengo ningún apodó por si te lo preguntas.

—Te lo iba a preguntar, pero me acabas de leer la mente. ¿Qué te parece si te digo Ale o Alex?

Algo raro es me quisieran dar un apodo, pero por suerte no era algo que odiara o así, solo que nunca tuve una amistad con quién tener confianza para decirnos de una forma más informal. A Anne tampoco la conocía de un gran tiempo. Se veía como una buena chica por lo tanto la podría dejar decirme Alex ¿o no?

—Alex me gusta más.

—¡Entonces te diré Alex!

Observé que ya estamos cerca de nuestra parada. Muchos edificios unos al lado de otros se podían ver. Algo tosco por sus colores neutrales, alguna que otra basura en el piso. Y ahí están entre eso, un edificio que se había de notar algo más por su color negro el departamento, vivían más de 53 familias y contando.

—¿Eres nueva acá? —Pregunte algo sería.

—Sí, tuve problemas en mi antiguo piso y terminé en este lugar. Algo me dice que traeré cosas nuevas.

No entendía por qué ella traería cosas nuevas. Solo sabía que ya habíamos llegado hasta la puerta, donde estaba Dylan, el portero. Algo ya pasado de edad, pero una muy buena persona.

—Veo caras nuevas, soy Dylan, un gusto—Anne solo se limitó a sonreír, el susodicho fijo su mirada en mí— Señorita Williams, tome sus llaves. Ayer se me olvido decirle que la buscaban.

¿Me buscaban? ¿Alguien me estaba buscando?

—Me lo contarás mañana, hoy estoy muy cansada, y si me ves más de cerca puedes ver estas malditas ojeras.



Scarlet.C

#18649 en Novela romántica
#12076 en Otros
#1607 en Acción

En el texto hay: mafia, accion, accion drama

Editado: 06.04.2021

Añadir a la biblioteca


Reportar