El regreso del Guardián

Capítulo 2

  • Sentía como la cabeza le daba mil vueltas y como el olor a desinfectante se filtraba por sus fosas nasales, sentía el cuerpo entumecido, como si tuviese encima un yunque gigante aplastándola, le ardían los pulmones y no entendía por qué no era capaz de abrir los ojos.

    A lo lejos escuchaba susurros, pero no lograba entender que decían, ni a quien pertenecían, se sentía desorientada y muy adolorida.

    ¿Dónde estaba? ¿Qué había pasado?

    — Entonces, ¿no le pasa nada grave? — Abigail se encontraba frente a la cama de su amiga, con la tez pálida de preocupación.

    — No, solo fue una pequeña contusión, una vez que despierte podrá irse a casa.

    — ¿Y por qué aun no despierta si no es grave? Lleva mas de doce horas así.

    — No se preocupe señorita Harris, no pasará de las 24 horas, se lo aseguro.

    — Mas le vale — Dijo por lo bajo mientras miraba fijamente a su pálida amiga.

    El doctor Steven miro por última vez a su extraña paciente. La habían llevado al hospital pasadas las tres de la mañana con un vestuario de la edad vitoriana y cubierto de sangre, sangre que debía de ser de otra persona ya que la única herida que tenía estaba en su frente y dudaba que aquella pequeña fisura logrará tanto desastre.

    Sabía que debía informar a la policía, pero algo en ella le impedía que lo hiciera, cuando llego se veía tan débil y desorientada que le causo una extraña ternura que no había sentido por ningún otro paciente. Hacía años había dejado de sentir eso por sus casos. Una vez se fuesen del Hospital, haría como que nunca estuvo allí.

    Abigail se acercó lentamente a la camilla y miro la palidez que le cubría, había tenido un susto de muerte, no había sabido nada de ella luego de que se encontraran en el centro comercial, Gwendoline tenía la costumbre de mandarle un mensaje cada vez que llegaba a casa y esta vez no lo había recibido y solo se pudo imaginar que aquel bastardo la había encontrado y toda su sangre se helo con ese pensamiento. Poco después recibió una llamada de emergencias y todo su mundo se cayó.

    Gwen no tenía a nadie más que a ella y el solo pensar que ella estuvo sola en una sala fría y desconsolante sin nadie más, le entraban ganas de llorar.

    Tenía una pequeña bandita mariposa en la frente cubriéndole la herida, y nada más, ningún otro vendaje o moretones, no entendía por qué aún no despertaba si no había sido nada grave, ya habían pasado quince horas desde que había llegado y su amiga aún seguía sin dar señales de conciencia.

    — Vamos Gwen, despierta, este no es momento para que estés ahí tirada durmiendo plácidamente. Recuerda que teníamos planes para hoy —. Tenía tanto miedo de perder a su amiga que fue inevitable que le temblase la voz.

    Se veía tan tranquila allí acostada, la pequeña arruga que permanecía siempre entre sus cejas no estaba, y no tenía esa expresión de miedo contante, estaba relajada y a gusto, como siempre había sido, hasta que comenzó todo, hasta que la primera carta de amenaza llego a su puerta. Deseaba que todo regresara a como era antes, pero sabía que no sucedería, no, hasta que no lo atraparan, no volverían a estar tranquilas.

    Se sentó en la pequeña banca que había al lado de la camilla y tomo con delicadeza la pequeña y pálida mano de su amiga. Se sentía tan frágil, como si en cualquier momento se pudiese quebrar con facilidad. No supo cuánto tiempo permaneció en la misma posición acariciando su mano.

     



Monica Gomez

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En el texto hay: traicion, guardianes, amor

Editado: 20.07.2020

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