Elixir Negro

12. Sabor agridulce

C A P I T U L O   D O C E
Sabor agridulce

Me siento en el auto con Clark y toda la rabia que tenía acumulada se evapora, cambiando por una mezcla de sentimientos. 
Casi me beso con ese infeliz. ¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Cómo no pude darme cuenta de lo que estaba pasando? Aunque no quiero admitirlo, sus palabras me han herido, me ha dolido porque nunca espere que algo así saliera de su boca.
Así amigas, es como te das cuenta que las personas nunca son lo que parecen.
Comienzo a llorar. Lágrimas silenciosas bajan por mis mejillas de lo molesta que me siento conmigo misma por haber dejado que un imbécil juegue conmigo. Sé que no es mi culpa nada de lo que ha pasado, pero aun así, me siento traicionada. 
Por eso el amor es un asco. 
—    ¿Adams? —la voz preocupada de Clark suena en todo el lugar.
Me limpio la cara rápidamente para que pase desapercibido el momento de debilidad que tengo y lo miro sonriendo. Él me ve con tristeza. 
—    No merece que llores por él. —dice estacionando súbitamente el auto a unas cuadras de la fraternidad.
—    No lloro por él. —hipo— Lloro por mí. —hipo— Por ser tonta. —comienzo a chillar con fuerza. 
Siento los brazos de Clark acunándome contra su pecho. Pongo las manos en su pecho sujetándome enérgicamente a la camiseta negra que lleva. Sus brazos acarician, arriba y abajo, mi espalda. Apego la cabeza al hueco en su cuello. 
—    No eres tonta Adams. —me besa la cabeza— Te gustó alguien y te rompió el corazón, la vida se trata de eso. De romperse y volverse a unir uno mismo. 
—    No quiero que me vuelva a gustar alguien. 
Alza mi cabeza y me sonríe con ternura. Me besa en la frente provocando que cierre los ojos. Dejo de hipar lentamente. Pasa los dedos por mis mejillas quitándome los residuos de lágrimas que se han quedado ahí.
—    La próxima vez espero que ames a alguien, no solo que te guste. —me susurra.
—    Amar es muy arriesgado. —contesto.
—    Amar es de valientes. 
Sus ojos se ven tan apasionados y contentos al decirme eso, que hace que el comentario me confunda aún más. 
Asiento con la cabeza como si entendiera lo que me dice. Se ríe suavemente leyéndome y dándose cuenta de que no entiendo nada. Porque no lo hago. Nunca entiendo nada. 
Me besa la frente nuevamente por más tiempo de lo usual pero no me molesta, me siento cómoda y protegida cuando hace eso. Exhalo calmando mi respiración. Me suelta y conduce sin rumbo fijo. 
Sujeta mi mano entre las suyas y no me suelta en ningún momento. No hay música en el ambiente, solo nuestras respiraciones. Suspiro varias veces queriendo que el nudo que siento en la garganta desaparezca. 
Clark lleva mi mano a su boca y me lame. Sonrío con asco y con la mano libre toco sus costillas, se aleja de mí sonriendo y me lame nuevamente la mano. Y mi corazón ya no se siente tan pesado, es más, se siente caliente y feliz. Como si la mala experiencia no hubiese pasado. 
Sé lo que está haciendo. Está distrayéndome y agradezco silenciosamente que lo haga porque esta funcionando.
Antes de darme cuenta nos estacionamos en su casa. Sale del auto trotando a mi lado y me saca en sus brazos. Llevándome como cuando lo hacen los recién casados.
Coloco los brazos alrededor de su cuello y descanso la cabeza en su hombro. Me lleva directamente a su dormitorio y me deposita suavemente en la cama. Me tapo con las cobijas y me acuesto mientras él se saca los zapatos y me copia. Estamos acostados de lado viéndonos, se apega más y me besa en la frente confortándome. Pasa su mano por mi cabello delicadamente peinándolo. 
—    ¿Te cuento un secreto Adams? —dice en un susurro.
—    Soy mala guardando secretos. 
—    Me encanta estar contigo.  
Sonrío sintiéndome mucho mejor de lo que esperaba. Descanso la cabeza tan cerca de él, que nuestras frentes casi se tocan, y me abraza. Siento mis ojos pesados por haber llorado tanto. Coloco las manos en su pecho caliente y, sintiéndome protegida, me quedo dormida en sus brazos. 
***
Despierto al sentir un movimiento en la cama y escucho a Clark caminar por la habitación. Las cortinas han sido bajadas pero la luz que refleja la luna me deja ver lo que hace. Alzo la cabeza, sin que él se percate de que he despertado y veo que sale de la habitación. Me siento en la cama y me estiro, entro al baño y me veo en el espejo. Mis ojos están demasiado hinchados por todo el llanto que tuve y me mojo la cara para tratar de quitar el maquillaje que se ha corrido. 
Salgo de la habitación pero me quedo a mitad de las escaleras cuando escucho hablar a Clark con Taylor, sobre mí.
—    ¿Cómo está Acacia? —dice Taylor.
—    Ella es fuerte, se va a recuperar rápido. 
Se quedan callados y algo debe hacer Taylor, para que Clark le pregunte con preocupación:
—    ¿Qué pasa?
—    Teresa vino a buscarte cuando saliste con Acacia. —le responde con suavidad, como si tuviera miedo de cómo va a reaccionar— Dijo que la llamarás.
El largo suspiro que lanza Clark, suena a cansada. El aire es tan espeso que puedo sentirlo hasta donde estoy parada. 
—    Lo que tuve con ella pasó y se queda ahí.
—    Para ti, pero para ella no. —expresa con pena— Te ha estado buscando hace varios días. 
—    Es mejor dejar esto hasta aquí. —anuncia con ira.
El silencio en brutal e intento caminar de regreso al dormitorio para que no caigan en cuenta que escuché una conversación que no me incumbía. Pero no logro ni subir dos escaleras cuando escucho su voz.
—    ¡Estás despierta! Pensé que habías entrado en coma. 
Me doy la vuelta y me sonríe alargando la mano para que baje a su lado. Sonrío en respuesta y camino hasta él tomando su mano.  
—    ¿Hambre? 
—    Mucha. —digo sentándome en un taburete de la cocina. 
—    Lo único listo para comer es cereal. —indica buscando en los estantes y sacando tres cajas de diferentes marcas. 
Deja dos pozuelos y leche para que elija el que quiera. Se sienta a mi lado y comienza a comer. Pongo casi la caja completa en mi plato y como todo más rápido que él. 
No sabía que tenía hambre hasta que probé el primer bocado. Me siento satisfecha y con el estómago repleto, el cereal es la mejor comida de la vida. Me paro y limpio los platos, al terminar me quedo parada dándole la espalda a Clark y viendo por la ventana, hacia el patio exterior, que tiene la cocina. 
—    ¿Todo bien Adams? 
Me doy la vuelta volviendo a la realidad y le sonrío.
—    Debo irme, mañana tenemos clases. —comento.
—    Sí, claro. —se levanta torpemente— Solo… voy por una chaqueta.
Lo veo desaparecer hacia las escaleras. Lo espero en la puerta y baja con una chaqueta extra. Sin decirme nada me la pasa por los brazos y sube el cierre para abrigarme. Me queda tres veces más grande que la ropa que uso pero me gusta, se siente caliente y huele como él. 
Entrelaza nuestros dedos y me despido de Taylor que está sentado en la sala jugando en la consola, me sonríe y salimos. 
—    Mañana sushi, ¿estás lista para ese desafío? —sonríe Clark conduciendo.
—    Odio el sushi. —declaro sintiendo un escalofrió por el cuerpo solo de pensar en ello.
—    Lo sé. —dice mirándome de lado— Pero haré que lo ames. 
—    ¿Cómo sabes las cosas que me gustan? —cruzo los brazos— Me siento en desventaja aquí.
Clark sonríe de lado sin dejar de mirar al frente. Me he designado hoy mismo, ahora mismo, averiguar la fuente de información de Clark. Debe ser alguno de mis amigos bocazas que parece que son más amigos de él que los mío.
—    Todo lo que quieras saber acerca de mí me puedes preguntar, nunca te escondería nada Adams. —susurra.
—    ¿Todo lo que quiera saber? —lo miro alzando una ceja.
—    Creo que me voy a arrepentir de esto pero —suspira— sí, todo lo que quieras saber. 
Pongo mi mano bajo la quijada pensando. Me ve con cara de susto y empiezo a reírme por su expresión. Llevo su mano a mi boca y la lamo. Clark ríe a carcajadas y se lleva la mano a su boca y me besa el dorso. 
Me inquieta que lo haya hecho pensé que me seguiría el juego pero no lo hace. Tararea una melodía que reconozco, la de ABBA que puso fuera de mi habitación y canto mientras él hace el fondo de la canción. 
No me gusta la sensación que siento al ver que estamos llegando al campus. Exhalo con tristeza. Alejarme de Clark hará que todos los recuerdos vuelvan, él es como un escudo para esos momentos agrios que tengo y me encanta que me proteja de ellos. 
Estaciona y apaga el auto. 
—    Adams. —está concentrado mirando el volante— Si necesitas algo avísame, ¿sí? 
—    Lo haré. Serás el primero. —aprieto su mano y me sonríe— Gracias por lo de hoy, lamento todo el llanto. —suspiro— Eres un increíble amigo. 
—    Amigo. —sonríe y sacude la cabeza— De nada amiga. 
Me besa en la frente y salgo. Me despido con la mano justo antes de entrar en el edificio y el responde con un saludo militar. 
Al llegar al dormitorio, voy directo hacia la mesa y tiro las rosas en el basurero con furia. No, no, no. Aún las odio. Las recojo y empiezo a despedazarlas por completo. 
Eso está mejor.
La cama pequeña se siente dura y fría. Me doy vueltas tratando de dormir pero todas las posiciones me resultan incomodas. 
Envío mensajes a mis amigos contándoles lo que ha pasado con Andrew y que quienes estaban apostando por él, han perdido miserablemente. Recibo una respuesta de Lana que me desconcierta.
“Nadie estaba con él.” –L.
***
Mis amigos se han encargado de contar a todos sus conocidos acerca de cómo es Andrew, para cuando están por terminar las clases. Cuando camino hacia El Bar para encontrarme con ellos al acabar el día escolar, veo a la rubia del día anterior que estaba con él y me da una pequeña sonrisa. Le sonrío de vuelta con un asentimiento de cabeza.
Mi deber ha sido completado. Con una persona, el cambio comienza.
Me siento en la mesa donde me están esperando y me abrazan en un raro pero confortable abrazo grupal. Sonrío por tenerlos conmigo. 
—    Siempre supe que debajo de tanta perfección estaba podrido. —expresa Summer molesta. 
—    Tranquila que vas a matar a alguien. —dice sarcásticamente Lewis. 
—    Sabía que lo suyo no iba a ir lejos. —Dan me mira fijamente— Eres demasiado genial para alguien así. Además, ni siquiera te gustaba. —alza los hombros.
Lo miro confundida porque si me gustaba, aunque odie decirlo, me gustaba mucho Andrew. 
—    ¿Por qué dices eso? —declaro consternada.
—    Acacia, no te gustaba, solo te sentías atraída por él. —Dona contesta— Atraída por su belleza, no por él. 
—    No. —me quedo callada— Sí lo hacía.
¿O no?
—    Dime algo que te gustara de él —Lana alza el dedo— que no haya sido físicamente. 
Me quedo pensando por lo que parecen horas, porque no encuentro algo de su personalidad que me haya gustado. A la reverenda shet, tienen razón, sólo era su físico lo que me atraía y lo más triste, es que él lo sabía y se aprovechaba de eso porque era lo único que tenía a su favor, porque, ahora que lo pienso cada vez más, carecía de personalidad. 
Pienso en nuestras conversaciones y en que siempre nos centrábamos en él y en lo que le gustaba. Nunca trato de conocerme realmente. Nunca me hizo una pregunta de ¿cuál es tu color, película o lo que sea favorito? Algo típico de preguntar en las citas.
Sacudo la cabeza y empiezo a reír haciendo que todos me queden viendo como si estuviera loca. 
Dona empieza a reírse de mi risa y todos se ríen por la risa extraña que tiene. Hace un sonido media rara de cerdito. 
Es lo único que me queda por hacer ahora. Reír, aprender y seguir adelante. La belleza de eso, es saber quiénes son lo que se quedan contigo y te apoyan. Así se conocen a los verdaderos amigos y me siento bien cuando los veo a ellos. 
—    En unos minutos más comienza el entrenamiento con los seleccionados del equipo de natación. —Summer me queda viendo con esperanza— ¿Me acompañas?
—    Seguro. 
—    ¿En serio? —Dona me queda viendo sorprendida.
—    Si. —alzo los hombros— ¿Por qué no lo haría? 
Dona aplaude con alegría y como le gusta dirigir a todos y todo, hace que nadie se pierda de ir al ensayo. 
Hay bastantes personas en el coliseo, la mayoría son chicas y están con sus celulares tomando fotos a los nadadores y tomándose fotos entre ellas. Nos sentamos en el centro de las escaleras de madera, hay varios chicos calentando y reconozco inmediatamente a Clark, está hablando con el entrenador. Está solo con un pantalón deportivo dejando al descubierto su piel aceituna. 
—    ¡Leister! —Summer grita con tanta fuerza que retumba en todo el coliseo.
Sigo la mirada de mi amiga y veo que está parado junto a unos chicos y la saluda con una sonrisa. Mi amiga tiene cara de tonta, creo que alguien se nos está enamorando. Sonrío negando y regreso la vista a la piscina. 
Clark está cruzado los brazos viéndome, su sonrisa es inmensa. Alzo la mano y le saludo. Le dice algo al entrenador y viene trotando hacia donde estamos. Saluda a mis amigos y se acuclilla frente a mí, dándome un beso en la frente. 
—    Alegras mis ojos Adams. 
—    Los ojos de todos. —alzo un hombro engreídamente.
—    No te lo negaré, eres hermosa. 
Sonríe y me derrito un poco en el asiento. 
Le doy un golpe en su estómago descubierto y Lana se aclara la garganta llamando nuestra atención. Veo a mi amiga y sonrío recordando lo que me había pedido.
—    Clark —susurro— ¿Liam está con alguien?
Me queda viendo extrañado un instante pero luego desvía su mirada a Lana y sonríe de oreja a oreja. Se sienta a mi lado y entrelaza nuestras manos suavemente. Con su mano libre se pasa por el cabello alborotando sus rizos sueltos. 
—    No, no está con alguien. —se toma la quijada— ¿Alguien en particular quiere saber la información? 
Le codeo y me sonríe enseñando sus hoyuelos.
—    Solo crea un encuentro espontaneo entre Lana y Liam. —comenta Lewis acercándose a nuestro lado. 
—    ¿Eso es lo que hacen las chicas cuando les gusta alguien? —pregunta sospechoso Clark— Que suceda espontáneamente.
Eleva los dedos haciendo comillas en el aire. 
—    La mayoría de veces sí. —alza los hombros Lana— Cuando no funciona, en mi caso, recurro al plan B.
—    ¿Qué es? —mueve la mano libre Clark haciendo una seña para que continúe hablando.
—    Voy hacia ellos con todas las armas listas para el ataque.
—    Cuando creo que conozco a las mujeres, ustedes me sorprenden. —niega con la cabeza divertido. 
Un pitido nos desconcentra y Clark se levanta. Me lame la mano y sale corriendo con una gigante sonrisa en su perfecta cara. 
Lo odio. 
Me limpio la mano en el pantalón con asco. 
Todos los chicos hacen ruedo dejando al entrenador en el centro mientras este les explica algo, enseñando algo en una pequeña pizarra. Clark tiene las piernas separadas y los brazos cruzados escuchando con atención.  El entrenador lo señala, asiente con la cabeza y se saca el pantalón deportivo, lo deja de lado y se acerca a la tabla cinco. 
Mira ese cuerpito, Yisus crais.
Cállate conciencia.
Al menos déjame disfrutar de la exhibición gratuita que tengo.
Se coloca el gorro y estira los músculos unos momentos. Levanta la mirada hacia mí y me sonríe, le devuelvo el gesto y alzo los pulgares animándolo. Se coloca las gafas y al sonar el pitido se lanza al agua. 
—    ¿Por qué nada solo? 
—    Está explicando la técnica. —comenta Summer que al parecer se ha vuelto una experta del tema. 
En cada brazada que da avanza largos metros, da una voltereta al llegar al extremo contrario y regresa con mayor velocidad. Llega al inicio y sale del agua. 
El entrenador comienza a hablarle a los demás chicos y mueve los brazos cómo explicando la forma correcta de colocar los brazos. No entiendo nada de sus gestos. Clark se seca con una toalla y gira la cabeza hacia nosotros. Me sonríe enseñando su hoyuelo. Me doy cuenta que me encanta verlo feliz. 
Después de dos horas de ver a chicos nadar y nadar de diferentes formas y escuchar al instructor gritar, el entrenamiento se ha acabado y los chicos van a los camerinos a cambiarse la ropa mojada. 
Nosotros salimos y los demás se van, dejándonos a Summer y a mí esperando por los chicos. 
—    Leister me contó que vas a salir con Clark hoy. —se cruza de brazos molesta— ¿Por qué me entero por él y no por ti? 
—    Saldremos a comer, no es nada del otro mundo. —me río sin darle importancia al asunto.
—    Síguete mintiendo.
Siento un brazo en mis hombros y el olor a madera me invade rápidamente. Abrazo su cintura y le sonrío. Lleva una camiseta de mangar largas apegada y su cabello está goteando mojándola. 
—    Unos rollitos primavera nos están esperando. —anuncia Clark sonriendo. 
—    ¿Se van a comer sin invitarnos? —Leister pregunta abrazando por la cintura Summer y haciendo que ella chille de alegría.
—    Terceros no son bienvenidos. —declara negando con un dedo Clark y me hala de ahí.
Me despido en medio camino de Summer y Leister. 
Corremos hacia su Jeep negro y coloca a Phoenix en la reproducción de música. Bajo el vidrio y el aire sacude mi cabello castaño por toda mi cara, haciendo que lo retire cada dos segundos. 
—    ¿Siempre andas de presumido en los entrenamientos? —pregunto colocando el cabello detrás de mis orejas.
—    Diez de cada diez veces. 
—    El entrenador te ha mal enseñado por eso eres tan egocéntrico. 
—    Y mis compañeros y las chicas. —me mira de lado— Sólo faltas tú Adams.
—    Me siento insultada, me has quitado del grupo de las chicas. 
Me toco el corazón y hago un gesto de consternación fingida para que tome mi comentario como un gesto de broma.
—    Es como cuando vas al supermercado y en la sección de las peras encuentras una manzana, tú eres así.
—    ¿Diferente?
—    Inesperada. 
—    ¿En el buen o mal sentido? —susurro con suspicacia.
—    En el sentido correcto. —sonríe sin dejar de mirar el camino— Me encanta lo inesperado.
Sonríe y me río profundamente de su comparación porque me ha encantado. Me ha fascinado totalmente. Nadie me ha dicho algo así y de alguna manera extraña, es reconfortante que Clark piense eso. 
Antes, cuando los chicos me decían cosas lindas o pésimos clichés, como lo hacía Andrew, pero con Clark es diferente porque no solamente lo dice, lo demuestra. Además de que sus ojos no me mienten al decirme esas cosas. Porque la mejor manera de conocer la verdad es a través de los ojos y los de él, no han mentido. 
Lo miro y el brillo de sus ojos miel me refleja y me veo en ellos y sinceramente, me gusta verme en ellos. 
Nos bajamos en un restaurante que tiene un logo de gato, lo cual me asusta porque se supone que vamos a comer sushi, no gato. Clark toma mi mano y entramos a un lugar que parece vomitado por el mismísimo arcoíris. Siento como si la alegría quiere apoderarse de mi cuerpo y convertirme en zombie como en el capítulo de El mundo de Gumball, en donde todos son felices. 
Nos sentamos en una mesa de color rojo con sillas amarillas. Una chica con orejas de gato se nos acerca inmediatamente y nos entrega un menú que tiene más color que mi propia vida. 
Leo el menú con detenimiento casi sin poder pronunciar los nombres de los platos. Todo combina con gato y estoy empezando a pensar que vamos a comer gato que sushi. 
Tenemos a los uramaki convertidos en uramagato o a los temaki en tegatomaki. 
El último suena a que me quieren matar. 
Veo a Clark que está conteniendo la risa y no puedo evitarlo y comienzo a reírme. Él suelta carcajadas profundas. Este lugar es demasiado peculiar. 
—    Si me muero intoxicada quedará en tu consciencia.
—    Si tú te mueres, yo me muero. 
Lo pateo en la pierna y me devuelve el golpe suavemente. La chica regresa para tomar nuestra orden y pedimos comida con los nombres más normales que encontramos. Se aleja y veo que tiene una cola de gato complementando el disfraz. 
Si fuera ella habría renunciado hace años. 
—    ¿Desde cuándo a Lana le gusta Liam? —dice poniendo las manos entrelazadas sobre la mesa.
—    No lo sé, solo soy la mensajera. —respondo alzando los hombros.
Me queda viendo extrañado como si no entendiera lo que digo. O creo que es a mí a quién no entiende.
—    ¿Las chicas no se cuentan todo eso? 
—    Lo hacen —explico— pero no sé prestar atención cuando lo cuentan. 
—    Adams, eres todo lo contrario a lo que pienso de las chicas —niega con la cabeza— y eso solo me gusta cada vez más.
—    Eso es porque soy inesperada. 
Su hoyuelo aparece en la mejilla y me da ganas de tocarlo con el dedo para saber cómo se siente el desnivel de su piel en esa parte. 
Eso sonó algo raro pero me entienden lo que quiero decir. La mesera regresa con nuestra comida, que por fuera luce normal y lo probamos con algo de recelo. 
—    No sabe mal. —anuncio con asombro.
—    Espero no morir mientras duerma. 
Se lleva un rollo a la boca y la expresión de miedo cambia a sorpresa. En minutos hemos terminamos el pedido. Debo admitir que no soy amante del sushi y después de haber probado esto sigue sin gustarme pero, no sabe tan mal porque la primera vez que lo comí. 
Esa vez sentí que bajaba al infierno en cada mordisco que cada. 
—    Necesito tu veredicto.  —demanda ansioso.
—    Creo que le daré siete miuas. 
Clark ríe a todo pulmón haciendo que la chica nos mire desde la barra con cara confusión. Le doy una pequeña sonrisa en forma de disculpa y golpeo a Clark en el brazo tratando de hacer que se controle. 
Se limpia unas pequeñas lágrimas que le han salido de la risa y se levanta de la mesa dándome un beso en la frente. 
—    Adams, eres todo lo que alguna vez quise pero en una versión mejorada.
 



Elissa Arn

Editado: 11.07.2020

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