Elixir Negro

19. Fragmentos de la mente

C A P Í T U L O     D I E C I N U E V E
Fragmentos de la mente

Les estaría mintiendo, como lo hice con Clark, al decirles que pude dormir. Desperté los siguientes días con pesadillas, con recuerdos de lo que había pasado y lo odiaba con todo mi ser. 
Odiaba que mi mente fuera tan débil que no dejara a lado lo que pasó. Nunca desperté a Clark en las noches después de los malos sueños, solo lo veía dormir tranquilamente hasta que volvía a dormirme. Las ojeras se volvieron visibles, por lo que el maquillaje se volvió mi amigo secreto durante todo el tiempo. 
Sonreía sin sentir alegría y hablaba sin comprender lo que decía en algunas ocasiones, todo con tal de que nadie se percatara de lo que me pasaba. Papá siempre dice que la debilidad está solo en tu cabeza, que puedes ser más fuerte que los pensamientos malos y estaba luchando muy duro contra eso, dejar todo atrás de una vez por todo. 
Estoy hablando con Lewis en la cafetería cuando algo en la esquina me llama la atención. Él estaba sonriendo como si fuera algo divertido y luego lo vi caer al piso como lo hizo en el estacionamiento. Desvié la mirada a Lewis y sonreí sintiendo el pánico comiéndome por dentro, respiré lentamente repetidamente para que me pasara. 
Brein Johns era el nombre del chico del que tenía alucinaciones, al que no había ayudado y saberlo solo hacía que todo sea más real. Después del acontecimiento, las autoridades del campus decidieron contratar seguridad extra y los preponderantes guardias siempre cargaban en sus manos pistolas para tratar de hacernos sentir seguros. Caminaban por todas partes, eran silenciosos pero destacables entre tantas personas jóvenes. 
La universidad había dado una misa en honor a Brein, al cual asistí con una angustia cada vez más grande, en el proyector pusieron imágenes de él con sus amigos y familiares. Había tenido una novia y la vi ese día, llorando desconsoladamente y gritando con fuerza. Sentí las lágrimas cayendo por mi garganta y no los dejes salir en ningún momento, me las tragaba con fuerza. 
Clark había cumplido su promesa, al menos él sí lo hizo y no contó a nadie que yo había estado ahí y que lo vi todo. Que deje a alguien morir y no hice nada. 
Las migrañas que tuve se volvieron insoportables en algunas ocasiones haciendo que sangrara por la nariz. Mentí todo el tiempo, a todos. Era lo mejor. 
Clark era el único que al parecer no me creía del todo, lo notaba en la forma que tenía al verme, con suspicacia siempre escrito en esos ojos miel, pero nunca me preguntaba o decía algo, creo que entendía que dejarme sola en esos momentos era lo mejor porque así lo quería yo. 
—    ¿Este fin de semana irás con Clark a ver a tus padres? —Lewis alza las cejas con una insinuación sexual escrita en su rostro. 
Sonríe.
Sonrío.
—    Así es. —suspiro— Estoy algo nerviosa, es una reunión formal y toda mi familia estará ahí. La primera impresión es siempre la que cuenta. 
—    Lo es amiga. —dice ignorándome saludando a alguien y me giro para ver de quién se trata. 
Taylor está a unas mesas de nosotros con unos chicos que no conozco y habla con ellos animadamente. Entre ellos veo a Brien y él me saluda con la mano. 
Vuelvo la mirada a Lewis que está viendo a Taylor sin vergüenza alguna y le sonríe con añoranza. Creo que no me he enterado de lo que ha pasado entre ellos y eso es lo que necesito con demasiada desesperación en estos momentos, desviar mi mente a la normalidad. 
—    Cuenta. —digo alzando las cejas a mi amigo.
—    No hay nada qué contar porque nada ha sucedido… aún. —sonríe con picardía— Pero no me cambies de tema que estamos hablando de tu hombre y que ahora está viniendo hacia nosotros.
Siento unas manos en mis hombros y un beso en la mejilla, Clark se ve increíble con un estilo de cabello despeinado y un jersey ajustado. Es la clase de chico que sabe lo que provoca cuando se viste de esa manera y le gusta. 
Lo odio por provocarme estos sentimientos.
Maldito Clark Larsson.
—    … y ni siquiera me presta atención —Clark me queda viendo con la comisura de sus labios alzadas. Eh, ¿qué me perdí?—. Hola, hermosa ¿ahora si me estás escuchando? —asiento con la cabeza— ¿Ya tienes todo listo para hoy? 
Asiento nuevamente embobada por esa mirada miel y esos hoyuelos que me cautivan cada instante. Sacudo la cabeza para despejarme. 
Concéntrate.
—    Te pasaré recogiendo en los dormitorios para irnos enseguida. —lanza un suspiro— Nos esperan tres horas de viaje que pienso reducirlas a dos. 
Besa mis labios con suavidad y se despide de nosotros, dejándome con un hormigueo en la boca que lo siento hasta después de que lo veo desaparecer de la cafetería. 
—    Creo que todo esto de conocer a mi familia está yendo muy rápido.
—    ¿Muy rápido? —Lewis se ríe —Para mí estas yendo muy lento. 
—    No me ayudas.
Sujeto mi cabeza, pasando las manos por mi cabello castaño con furor contenida. Todo se ha acumulado en menos tiempo del que pensaba y los sentimientos se han amontonado en una bola gigantesca que está apretándome el pecho.  
—    ¿Quieres saber la verdad? El tiempo es lo menos que debería importante, la disposición es lo único significativo en una relación. 
—    Tus consejos apestan, no entiendo nada. —me quejo.
—    Debo masticarte las palabras a veces. —se pasa una mano por la cara exasperado— La disposición que tengas en una relación es lo más importante para determinar la intimidad con tu pareja. Acacia siéntete afortunada de estar logrando eso con Clark en poco tiempo, a otras personas le toman años conseguir algo así. 
Siento que me está hablando en clave.
—    ¿Qué disposición?
—    La disposición de entregarte completamente a la otra persona, muchos tienen miedo de hacerlo, es por eso que en ocasiones no funcionan las relaciones. 
—    Es fácil decirlo. —le digo susurrando.
—    Es fácil sentirlo cuando es la persona correcta. 
Paso la mano por la mesa, tamborileando con los dedos a un ritmo constante. No esperaba conseguir un consejo el día de hoy pero creo que era lo que necesitaba en momentos como este. Suspiro cansada y le sonrío a mi amigo que está mirando con nada de disimulo a mi espalda. 
Normalidad, la necesito.
—    ¿Desde cuándo das consejos?
—    Desde que no sabes cómo manejar tu vida. —responde sin prestarme atención.
Lo pateo debajo de la mesa por su comentario hiriente pero solo consigo que se ría del puchero que le hago. 
Mi día pasa más rápido de lo que planeaba y me apresuro a la habitación para arreglar las cosas que voy a llevar porque, mentí, aún no tenía hecha la maleta. 
Elijo un vestido apegado hasta la cintura y cae suelto hasta arriba de las rodillas que no lo he usado en mucho tiempo. Guardo todo lo necesario y cierro la maleta cuando escucho un golpe en la puerta. Clark pasa observándome como estoy en el piso sentada tratando de cerrar la maleta que insiste en lo cerrarse. 
—    ¿Cuánto tiempo nos vamos a quedar donde tus papás? Siento que me perdí de información vital. 
Me queda viendo extrañado con los brazos cruzados y la expresión de precaución que tiene me provoca una sonrisa.
—    Prefiero que sobre a que me falte. —anuncio con alegría.
Se arrodilla y me ayuda a cerrar la maleta con tanta facilidad que me siento inútil al verlo. Sus brazos y los músculos sobresalen de ese jersey que lleva, con esa prenda que he estado soñando todo el día. 
Fantasía sexual a la vista. 
—    Sígueme viendo así y no vamos a llegar a la fiesta. 
Alza una ceja señalando la cama y me rio con dicha. Este chico quiere matarme lentamente, me pongo de pie y salimos hasta su Jeep que ha dejado estacionado en una zona que no es permitida. 
Sale del campus con suavidad respetando la velocidad permitida y veo por la ventana a todos los estudiantes que están más que felices dirigiéndose a El Bar. Entre la multitud visualizo a una persona, cierro y abro los ojos varias veces pero sigue ahí parado hablando con otros chicos. Como si sintiera mi mirada mira hacia el auto y cuando me ve sonríe como un cazador. 
No puede ser verdad.
No retiro la mirada de él en ningún momento hasta que nos hemos alejado y volteo para mirar nuevamente hacia el lugar en donde estaba pero ya no lo veo. Me estoy volviendo loca. 
—    ¿Estás bien Adams? Luces pálida. 
Sacudo la cabeza con rapidez como si estuviera en un sueño extraño.
—    Dijiste que habían detenido a Mike ¿verdad? —preguntó con un hilo de voz y me aclaro la garganta— ¿Está en la cárcel, no? 
Me mira de lado, confundido por la pregunta que le he hecho y las arrugas de su frente se profundizan con intensidad. 
—    Si. Está en la cárcel por el video que grabaste ¿por qué? —tengo la mirada perdida en la ventada viendo el paisaje pasar de largo— ¿Adams?
Le sonrío sacando los pensamientos negativos de mi cabeza y sintiendo que todo lo que ha pasado me está jugando una broma pesada. Creo que va siendo hora de hablar de lo que me ha sucedido para despejar la mente por completo. 
—    Todo está bien, es que quería estar segura que estará ahí por mucho tiempo. 
Está viendo el camino, noto en sus ojos que no me cree del todo pero lo deja pasar y asiente con la cabeza.
—    Tranquila, se quedara encerrado por mucho tiempo. Nunca dejaría que te haga daño, ¿entiendes? —pronuncia con fuerza y decisión.
Sonrío de verdad por primera vez en mucho tiempo y le sujeto la mano que tiene en la palanca de cambios. 
—    Confío en ti, sé que no dejarías que nada me pase.
Mi respuesta le complace, sonríe enseñando esos hoyuelos matadores y me besa en el dorso de la mano con dulzura. 
En un tiempo record, para ser precisos, dos horas y quince minutos, Clark estaciona su auto en la entrada de la casa de mis padres que luce exactamente igual desde la última vez que estuve aquí en el cumpleaños de mamá.
Caminamos hacia la entrada con nuestras maletas y veo como se ajusta el cuello del jersey por tercera vez, luciendo más inquieto de lo que aparenta. Masajeo su espalda tratando de que se tranquilice y él responde con una sonrisa torcida, llena de nervios. 
Decidí que llegáramos más pronto que comience la fiesta para que mis padres puedan conocer apropiadamente a Clark y sí, me siento nerviosa pero no quiero que se percate porque en este momento debo ser fuerte por los dos. 
Golpeo la puerta y esperamos inquietos a que nos abran, se escuchan pasos al otro lado y Clark se aclara la garganta lo que provoca que sonría al verlo así, es algo extraño que esté nervioso.
Mamá abre la puerta y lo primero que hace al vernos es observar de pies a cabeza a Clark, hace una expresión que puede llegar a entenderse como un: pues si está guapo, además es alto y bien puesto, y sé que dice eso solo con su rostro. Me sonríe en aprobación y se abalanza a abrazarme. 
—    Hola cariño, se nota que te han cuidado bien. —me pellizca las mejillas con fuerza y hago una mueca de dolor— Preséntame, preséntame. 
Viro los ojos y si pudiera, me golpearía la frente por el entusiasmo que tiene mamá al conocerlo. 
—    Clark, mamá. Mamá, Clark. 
—    ¿Qué clase de presentación es esa? —recrimina mamá— Me llamo Ophelia. 
Clark le extiende la mano pero mamá lo hala y lo abraza de la misma manera que hizo conmigo, haciendo que me mire como si pidiera ayuda por el gesto que tiene mamá con él. Mamá es de mi tamaño por lo que su cabeza apenas le llega a los hombros. 
—    Un gusto Ophelia. —le responde al momento que se separan.
Mamá sonríe contenta y nos hace entrar a la casa, que es de la misma manera en la que le recuerdo. A veces es extraño volver a casa y que algo este fuera de su sitio como si te hubieses perdido de algo importante que haya ocurrido. 
Tomamos asiento en la sala y mamá grita para que papá baje a saludarnos. 
—    Les traeré un poco de té. —nos dice y corre hacia la cocina sin esperar a que le respondamos. 
—    ¿Segura que ella es tu mamá? Es mucho más agradable que tú. —anuncia Clark observando toda la casa.
Le saco la lengua, lista para responderle pero me detengo al ver a papá bajando las escaleras y corro a saludarlo. Me abalanzo hacia él y se ríe cuando me responde el abrazo con cariño. 
—    No tengo dinero que darte así que no me convencerás Acacia. —declara papá. 
Solía usar este método de cariño cada vez que quería algo y mamá no me dejaba, se siente estupendo que lo diga y me haga recordar esas veces. 
—    Ven, quiero que conozca a Clark. 
Aun es extraño decirle novio por lo que opto por su nombre en vez de poner etiquetas a nuestra relación. Clark se para arreglándose el jersey y tendiendo una mano hacia papá para saludarlo. 
—    Un placer conocerlo señor Adams. 
Papá le toma la mano y asiente con la cabeza, se sienta al frente de nosotros, estudiándolo con detenimiento como si estuviera viendo algo que yo no. 
—    El gusto es el mismo Clark —cruza la pierna y se sujeta las manos reposándolas sobre las rodillas—. Cuéntame un poco de ti. ¿Estudias? ¿O qué es lo que haces para ganarte la vida?
Directo al grano, viro los ojos lista para el interrogatorio que tendrá que hacer papá para conocerlo, lo cual es innecesario pero siempre es habitual en los padres. 
Mamá aparece con una bandeja llena de tazas y platos de postre, Clark inmediatamente se pone de pie y la ayuda dejando en la mesa de centro. Papá sonríe hacia mí y sé que Clark ha pasado la prueba que hizo silenciosamente hacia él.
—    Estoy estudiando ingeniería aeroespacial.
—    ¿Haces cohetes? —dice asombrada mamá tomando asiento a lado de papá.
¡Estoy saliendo con un genio!
—    Parecido pero diferente —responde—. me enfoco más en el diseño tecnológico de aviones. 
Me siento tonta a su lado.
—    No es tan impresionante como parece. —declara Clark alzando los hombros para restar importancia cuando todos nos quedamos callados.
Pero eso es más que impresionante. ¿Cómo es que no sabía que estudiaba eso? Dios, necesito actualizar mi software de novia porque me estoy quedando atrás con la información.
—    Eso es realmente sorprendente —asiente con la cabeza papá—. Tal vez puedas darme arreglando el microondas que ha dejado de funcionar como debe. 
Clark se queda confundido pero mamá y yo nos reímos por la broma que le ha hecho, sacude la cabeza y se ríe con nosotros al percatarse. 
¿No les ha pasado que quieren congelar algunos momentos en su mente? Estoy pensando eso en este momento, ver a Clark tan feliz es una de las cosas que están empezando a gustarme y que no quiero olvidar nunca. Además, de verlo junto a mi familia es aún más increíble, Lewis tenía razón el tiempo es lo que menos me debe importar ahora. 
Después de unos intercambios más, mamá me indica que le muestre los alrededores del vecindario. Dejamos nuestras cosas en mi antigua habitación y está tal como deje al irme, una añoranza se apodera de mi cuerpo al ver todo. 
—    Ahora entiendo que sacaste tu personalidad de tu papá —me abraza de la cintura apegando mi espalda a su pecho y besando mi cabeza—. En cambio tu mamá es tan diferente a tu papá que me sorprende. 
—    Es la clase de pareja que es diferente en todo sentido pero que funciona mejor de lo que imaginas. 
Asiente con la cabeza y me suelta viendo toda mi habitación, tocando los adornos y viendo todo sin querer perderse de nada. Sujeta una foto del escritorio en donde estoy con mi ropa de porrista y me la enseña haciendo una mueca de desconcierto. 
—    ¿Eras porrista? ¿Qué? ¿Tú? ¿Qué? —sujeta la foto a lado de mi cara y dejo los ojos en blanco molestándolo—. ¿Mi novia era porrista? 
—    Era una etapa que me obligó Dona a hacer con ella. 
Sonríe negando con la cabeza y tomándome de la mano. 
—    Tu mamá dijo que me lleves a conocer los alrededores pero me trajiste a tu habitación, ¿debo tener miedo de lo que quieras hacerme? —me abraza por la cintura atrayendo hacia él. 
—    Ni siquiera lo pienses. 
Lo tomo de la mano y lo halo hacia el piso inferior pasando junto a mis padres que están hablando en la cocina y apostaría todo a que están hablando sobre Clark. Salgo de la casa y caminamos por los alrededores donde le cuento de algunas anécdotas que tuve cuando iba creciendo. 
Es refrescante y algo completamente nuevo hablar con Clark de cosas que recuerdo, enseñarle donde me golpee o cuando Dona encontró un billete que lo gastamos en golosinas. Me gusta compartir con él este tipo de cosas, es extraño pero lindo hacerlo. 
Cuando regresamos a la casa mamá sujeta del brazo a Clark para indicarle la pequeña selva que tiene en el patio trasero a la que ella llama jardín. Me lanza una mirada sobre su hombro como si estuviera asustado del arrebato que tiene mamá con él pero le sonrío para que se relaje y disfrute de la aventura de nombres raros y que le indique como se debe regar adecuadamente agua a las plantas. La verdad es que hace eso para que en el futuro Clark le regale alguna planta, la conozco demasiado bien y sé que lo hace con doble intención. 
Río al verlos caminando por el patio trasero y me siento junto a papá en el comedor que tiene vista plena de todo lo que están haciendo. Papá no les presta atención, está concentrado leyendo el periódico.
—    ¿Le contaste de Dexter? —pregunta papá.
La sonrisa se me congela y bajo la mirada hacia la mesa sintiendo la niebla negra envolviéndome por completo. Papá me queda viendo esperando una respuesta pero solo lo miro, niega con la cabeza en reprobación. 
—    Vas a tener que contarle ¿lo sabes verdad? 
—    Lo sé. 
 



Elissa Arn

Editado: 11.07.2020

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