Eras tú: El misterio Baldochhi

Capítulo 6: Demonio

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Loves lies - Khalid ft Normani

—Mi padre está muy enfermo y no me gustaría dejarlo solo        

—Mi padre está muy enfermo y no me gustaría dejarlo solo... —confieso una parte de todo. Ya que considero que hablar sobre el estado de mi papá es lo suficiente para desistir de ese viaje, al menos para mí lo es. Carlos agita su cabeza de arriba abajo y me da una sonrisa de comprensión, empero, sus ojos me alertan de que no sabe cómo ayudarme. Lo escucho suspirar; yo vine a él, creyendo que me daría algún consejo o me daría luz verde para hablar con Martín—... ¿crees que si hablo con el señor Baldocchi me permita faltar al viaje? Yo seguiría trabajando y adelantando otras cosas mientras David se va al viñedo —digo apresurada, para dejar más que claro que trabajaría el doble si es preciso. Él emite una mueca de pesar y solo ese gesto me basta para confirmar mis sospechas.

«¡No puede ser!»

Carlos se endereza en su silla, no lleva el saco puesto, por lo que se aprecian mejor sus anchos brazos y en como la tela se le ciñe como una segunda piel. Pero bueno, la preocupación que siento no me permite prestar mayor detalle a cómo se le ve la ropa. «Sí, como no», refuta la voz en mi cabeza.

—Martín es un poco exigente y cerrado, debo de ser sincero..., no sé si te perdonaría el no querer ir, sobre todo cuando es tu primer proyecto. —Y con esto confirmo de sobra de que "Ardiente pasión", es una prueba. Inevitablemente, la preocupación se incrementa, ¿qué voy a hacer? Suelto una inspiración y tuerzo el gesto—. Pero, ¿segura que es solo eso?

Me encojo de hombros y lo escucho bufar. Entretanto, no puedo evitar sentirme aplastada, en medio de una gran encrucijada: entre cuidar de Teodoro o cuidar mi trabajo, mismo que me permite cuidar a mi papá. Agacho el rostro y miles de pensamientos pasan por mi cabeza, pero no logro hilar los necesarios para sacarme de este embrollo. De pronto, sin haberme dado cuenta, percibo la presencia de Carlos a mi lado, se acuclilla y acuna mi barbilla. Lo cual me saca de balance, me siento enajenada.

—No te pongas triste, veré qué puedo hacer, ¿sí? —murmura con decisión, mirándome con seguridad y con una sonrisa ladina. Degluto saliva con dificultad y sacudo la cabeza en una afirmación, lo cual hace que él libere mi mentón.

—Te lo agradecería mucho.

Pego mi espalda al respaldar, ganando un poco más de espacio entre nosotros. Su aroma me atolondra un poco, debido a que, teniéndolo muy de cerca, es mucho más fuerte, o quizá sigo mareada de la colonia de David. Qué sé yo.

Conversamos un poco más; le cuento un poco sobre la situación médica de mi papá, solo para dejar muy en claro que no es una paranoia mía y decido, finalmente, confesarle que me incomoda viajar con David. A esto último él me aconseja que no se me ocurra mencionárselo a nadie más, porque podría resultar como una ofensa para el señor Baldocchi, hecho que me hace sentir más impotente y frustrada. Porque para ofendidos, pues estoy yo.

Cuando veo que ya es la hora de la salida, me despido de él y, a pesar de su ofrecimiento por darme un aventón a mi casa, me escabullo diciéndole que vivo muy lejos —lo cual es verdad—, y dándole las gracias.

Entro a mi oficina y, para mi sorpresa, David está sentado en su silla habitual. Está concentrado en sus pensamientos y solo cuando escucha el resonar de mis tacones, sale de su ensimismamiento. Lo miro ceñuda, ya que daba por hecho de que él ya había salido huyendo de la empresa.

—Te estaba esperando —dice él, respondiendo a mi interrogante. Me siento y saco mi bolso de una de las gavetas del escritorio. Reprimo un bufido, «y ahora qué quiere este niño», pienso con pesar.

—¿Qué sucede?

—Pues nada..., solo vengo a invitarte a salir —suelta con tranquilidad, me dedica una mirada por debajo de sus rubias pestañas y me regala una sonrisa ladina—. ¿Qué dices? Solo quiero hacer las paces contigo...

Mis cejas se elevan y mis ojos se abren con sorpresa. Okay, había esperado de todo menos esto. Habría esperado un reclamo por algo del trabajo, una broma pesada, cualquier cosa menos una invitación a salir. ¡¿Qué le pasa a este hombre?!

Me recompongo de mi estupefacción y estudio su rostro; y no sé, pero por dentro guardo la esperanza de que se tire una carcajada y diga que es una broma, ¡que nos están grabando! Pero no, solo observo sus ojos expresivos y en cómo sus labios se ladean en una sonrisa que no pretende ser socarrona sino, más bien, afable. «Ya estuvo bueno, ¿dónde carajos esta la cámara?»



Therinne

Editado: 30.10.2020

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