Eras tú: El misterio Baldochhi

Capítulo 19: Histeria

Birds - Imagine dragons

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Vengo huyendo de Carlos desde el viernes por la tarde        

Vengo huyendo de Carlos desde el viernes por la tarde. Cuando terminó mi jornada, bajé por la escalinata y pedí un UBER en lugar de tomar el autobús. Y todo el día de ayer, sábado, ha estado enviándome un par de textos, a los cuales yo no me he visto en la valentía de responder ni siquiera de ver. Aunque sé que entre más pronto le dé una respuesta, más rápido voy a recuperar mi tranquilidad y todo en mi vida regresará a la normalidad.

Pero ya es domingo y yo sigo encerrada en esta burbuja llena de cobardía e indulgencia, porque no quiero lastimarlo. Es mi único amigo en la empresa, no quiero perderlo. «Pues haz más amigos», repone la voz en mi cabeza y en respuesta suelto un bufido, porque a mi mente ha llegado la imagen de David. Enseguida recuerdo en que este día regresa al país y que, para variar, va a encontrarse con muchas diferencias entre nosotros.

Termino de doblar la ropa limpia y cuando veo la hora, son casi las doce del medio día. Digo, entonces, que bajaré a preparar la comida. Salgo de mi habitación y me voy a la estancia, mi papá está concentrado viendo el canal de la bolsa, dicho de paso que es un hobby raro que él tiene.

Comienzo a preparar un trozo de carne y verduras, pero cuando estoy por terminar, se escucha que tocan el cancel de la entrada. Seguido mi papá me avisa que será él quien irá a abrir, lavo mis manos y paso los vegetales a un sartén con mantequilla, al tiempo que le pongo pimienta y sal de ajo.

—Irania, te buscan... —informa, frunzo el ceño porque en realidad no logro imaginar quién podría ser. Y supongo de inmediato que él tampoco sabe porque de lo contrario me lo habría dicho.

Le pido que vigile la comida y tras lavarme las manos, me dirijo a la salida y, de forma fugaz, me llega el pensamiento de que quizá es David quién ha venido por la respuesta a nuestra última conversación. No obstante, al salir, sé que sí vienen en busca de una respuesta pero, para mi mala o buena suerte, es Carlos quién ha venido desde San Salvador, un viaje de casi una hora y en domingo.

—Hola, ¿qué haces aquí? —inquiero sin mucho tacto.

Tengo la frente enfurruñada y la incomodidad se acrecienta en mi pecho. Y trato, en serio trato, de no reflejar la molestia que me supone que se haya tomado el atrevimiento de venir hasta aquí sin haber tenido la delicadeza de avisarme. «Tienes muchos mensajes de él, ¿cómo querías que te alertara?», refuta la voz en mi cabeza, pero esto solo ayuda a incrementar el enojo, porque de cualquier manera no está respetando mi espacio.

—Lo siento mucho, por haberme presentado así —murmura, bajo el par de gradas y me encamino sobre el sendero que lleva hasta el cancel.

Cuando estoy lo suficientemente cerca, noto que Carlos tiene pronunciadas ojeras torno a los ojos y que ha estado llorando. Los tiene rojos y su semblante es decaído.

—¿Qué pasó? —Abro la puerta, él me toma por la muñeca y me jala hasta envolverme en un abrazo apretado, seguido lo siento temblar.

—Mi exmujer quiere quitarme la custodia compartida de Steven —dice con la voz entrecortada y un claro tinte de preocupación en ella. Mis manos se enganchan a su cintura y me digo que no puedo ser tan mala ni inhumana—. Está decidida a que ya no lo vea más.

—Carlos, tranquilízate, quitarte la custodia no es algo sencillo, ella tendría que tener algo de peso para poder ganar... —Se aleja y pasa ambas manos por su ojos y pómulos.

—¿Podríamos ir a tomar algo? Necesito distraerme, necesito... —suspira—, enfriar mis pensamientos para poder razonar. —Muerdo el interior de mi mejilla y sopeso la posibilidad de invitarlo a entrar, pero rápido la descarto porque, como es seguro, a nadie le agrada mostrarse vulnerable frente a desconocidos.

Luego de hablar con mi papá, llevo a Carlos a una cafetería que está cerca de donde vivo. Ambos pedimos solo un par de bebidas y cuando nos vemos solos, él comienza a contarme que, el viernes que Steven llegó a la empresa, a él le pareció muy extraño, pues él suele tener a su hijo los fines de semana. Pero que no le tomó mayor importancia y que al día siguiente, sábado por la mañana, apareció su exmujer en su casa, golpeando la puerta y exigiéndole que le devolviera a su hijo.

—Estaba histérica, no sabes lo perplejo que me dejó, comenzó a gritarme que le quería robar a Steven, que soy un mal padre y un montón de cosas más. —El sentimiento de vergüenza, para estas alturas, me supera, porque seguramente de esto se derivaba su insistencia en buscarme. No puedo evitar sentirme como la peor de las amigas, porque Carlos siempre ha estado para mí.



Therinne

Editado: 30.10.2020

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