Eras tú: El misterio Baldochhi

Capítulo 30: El último

Wonder - Shawn, mi marido, Mendes

Wonder - Shawn, mi marido, Mendes

Estuvimos atrapados en tráfico del centro de San Salvador alrededor de cuarenta minutos y, para cuando salimos del embotellamiento, casi iban a ser las ocho de la noche        

Estuvimos atrapados en tráfico del centro de San Salvador alrededor de cuarenta minutos y, para cuando salimos del embotellamiento, casi iban a ser las ocho de la noche. Entonces Chris me dijo que era demasiado tarde y riesgoso dejarme en dicho lugar.

—Te llevaré, es lo menos que puedo hacer por ti en este día que resultó ser horrible —dijo y no me vi con las fuerzas para negarme, ya que necesitaba seguir en la seguridad que él me transmitía.

Ahora que sigo en compañía de Christian, mientras lo escucho hablar y reír con soltura; no puedo evitar pensar en que, desde que inicié a trabajar en Baldocchi Group, todo en mi vida ha resultado ser, por así decirlo, un juego de dominó. Porque antes de llegar a esa empresa, mi vida estaba relativamente en tranquilidad e incluso —si me lo pienso bien—, mis problemas parecían estar en pausa, flotando en el aire a la espera de que cayera la primera pieza para venirse todos juntos.

No obstante —y mientras hago un recuento de cada uno de los problemas que tengo—, mi atención se posa en mi acompañante. Y noto, por como sonríe y me mira, que a pesar de los diversos problemas que cada uno de nosotros posee, seguimos aquí de pie. Y en eso, ambos somos muy parecidos.

Asimismo, noto las características reales de un amigo: ayuda desinteresada, no hay manipulaciones ni chantajes, la sinceridad está a la orden del día y la confianza por la otra persona es como una bebida que ingieres a ciegas. Y esto con pocas personas las he sentido: Nancy es una de ellas y ahora a la lista se suma Christian.

—Chris —lo interrumpo, haciendo a un lado la vergüenza de no haber escuchado nada de lo que previamente dijo. Él asiente y yo añado—: Gracias por venir en mi ayuda, sé que posiblemente estabas ocupado y lamento mucho si interrumpí un compromiso familiar o de negocios, yo lo menos que deseaba era causarte problemas... —digo atropelladamente, porque de solo pensar en que quizá le cause problemas con Mark Campbell, la culpa me llena.

Empero, el aludido ladea la cabeza y solo me mira de soslayo, para seguir concentrado en la carretera rodeada de oscuridad.

—Irania, tranquila. De hecho sí estaba en una reunión con mi editor pero ya estábamos concluyéndola, por lo que no interrumpiste nada. —Suelto un suspiro involuntario, que le hace sonreír. Correspondo a su gesto, percibiendo como la culpa merma y, en su lugar, aparece la curiosidad y alegría por mi amigo.

—¿Y cómo te fue en la reunión?, por favor dime que ya hay fecha para que lances el segundo libro —digo en tono suplicante que provoca que su sonrisa se incremente. De inmediato, ladeo el rostro y pienso en lo fácil que le es sonreír y en lo agradable que me resulta que él sea así.

—En realidad, los planes de la editorial son para que lancemos el libro pronto, pero tuve que pedirles más tiempo del que me estaban ofreciendo —dice con tono melancólico, develando que la petición tampoco era de su agrado, ¿pero y entonces?

—¿Acaso no hay inspiración?, por favor no me digas que te abandonaron las musas.

—No, no, nada de eso. —Frunce las cejas y maniobra el volante para conducir el vehículo sobre una curva. Su frente sigue engurruñada y el rictus de seriedad sigue presente en su cara—. Lo que pasa es que hice una especie de tregua con mi papá: yo podré seguir escribiendo y cumplir con el contrato que firmé por la tarde, siempre y cuando, yo le ayude con un negocio nuevo que está cerrando justo ahora con Martín Baldocchi. Y como ya te imaginarás, tengo que cumplir mi palabra.

Doy un leve asentimiento, sopesando las palabras adecuadas para animarlo en este tema que es tan delicado para él, aunque finja muy bien que no le afecta, yo sé de primera mano los alcances emocionales que tienen los errores de los padres para con los hijos. Christian tiene el ceño engurruñado, tal rictus me confirma mis conjeturas.

—Yo solo creo que, si escribir es lo que deseas, hables claro con él, ponte firme. Porque de lo contrario no vas a poder ser feliz... —Suspira largo y tendido. Su cara se relaja, por eso me animo a añadir—: Un amigo me dijo que ser egoísta no se limita solo a pensar en uno mismo, sino también cuando ponemos las necesidades de otros por encima de las propias, o algo así.

Okay, ¿ahora usas mis consejos en mi contra? —inquiere con fingida indignación. Niego con la cabeza y sonrío. Lo escucho soltar un resuello—. Y sí tienes mucha razón, pero no es tan fácil hacerlo... Y no porque tenga dudas sobre la escritura, sino que muchas veces me siento como un malagradecido. Mi papá ha dado todo por mí, se mató muchos años para lograr darme la estabilidad económica que ahora poseo, entonces cuando pienso en todo eso, cuando veo a David siguiendo los pasos de su padre.



Therinne

Editado: 30.10.2020

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