Eras tú: El misterio Baldochhi

Capítulo 4: Asistente

Y por amar el drama tanto como yo

Fire on fire - Sam Smith

Jueves, ya de mañana, mientras desayunamos mi padre y yo, le comento todo lo que pasó la tarde anterior        

Jueves, ya de mañana, mientras desayunamos mi padre y yo, le comento todo lo que pasó la tarde anterior. Él se enoja mucho y me dice que hice bien; que no tema de esa gente, que no me harán daño y que, si se atreven a tocarme un solo cabello, él mismo tomará un autobús y se parará afuera del edificio para gritarle unas cuantas verdades a Martín Baldocchi. Luego cambiamos de tema y comienzo a prestar atención a lo que me está contando: se ha sentido mejor de salud, no obstante, ambos sabemos que, para que esta buena racha dure, él tiene que seguir cuidándose mucho. Pero se le ve feliz. Y yo me limito a sonreír y a agradecer en silencio el tenerlo en mi vida.

Por él  que valdrá la pena soportar todo lo que sobrevenga.

Llego a mi trabajo alrededor de quince minutos antes de la hora; entro a mi oficina, guardo mis cosas y enciendo la computadora, pero cuando marcan las ocho en punto, me cae un correo que cita así:

presidencia@baldocchigroup.com

i.molina@baldocchigroup.com

Estimados gerentes, se les informa que se ha programado una junta extraordinaria para ver pormenores. Dicha reunión será llevada a cabo en la sala de juntas del antepenúltimo piso, a las 8:30am. Se exige puntualidad y la presencia de todos.

Saludos cordiales,

Martin Baldocchi

Presidente de Grupo B.

Cuando la hora esta casi por llegar; me encuentro lista, con mi agenda y un bolígrafo para apuntar toda la información que vayan a proporcionarnos. No obstante, cuando estoy por irme, reparo en un significativo detalle: David no se ha presentado conmigo para iniciar labores, «si es que se presenta», murmura mi consciencia. Y me encuentro rogando porque no lo haga.

Suelto un suspiro largo y cansino, porque también reparo en el detalle de que —dados sus privilegios—, quizá sea muy impuntual. Porque digo, podría casi jurar que el día anterior, cuando lo encontré en el elevador, iba llegando a la empresa a trabajar. Tuerzo el gesto, «a mí que más me importa», me digo. Y con este pensamiento me voy a la junta antes de que se me haga demasiado tarde.

En la reunión, cada uno de los diferentes departamentos, del nuevo proyecto vinícola titulado "Ardiente pasión", da un respectivo informe. Al parecer el vino que se ha estado añejando ya está por llegar a su punto; por lo que se nos dice que, tanto Producción como Mercadeo, debemos empezar los preparativos para la elaboración del vino —en el caso de producción—, y la publicad del producto para mí. Salgo con un montón de fechas que señalan eventos, campañas y otra serie de programas que, conforme se vaya publicitando la línea de vinos, deberé planear junto al comité de protocolo y relaciones públicas. «Y con David, no lo olvides», menciona la voz en mi cabeza, recordándome las instrucciones precisas de Martín.

—Buenos días, licenciada Molina —me llama Abigaíl, la asistente administrativa de mi departamento.

Me giro y le sonrío relajada; su trato ha sido un tanto hermético, señalando que no me lleva por muchos años, quizá un par, pero me he dado cuenta de que todos los empleados en este lugar se comportan así: distantes, sin sentido de pertenencia y con una dificultad para las relaciones interpersonales. Por lo que, comprendo que ella me trate así, seguro ha sufrido desprecios.

—¿Qué te he dicho, Abigaíl? —Ella me devuelve el gesto y frunce los labios, denotando lo mucho que le cuesta tutearme—. Dime Irania, a secas.

—De acuerdo, lo intentaré, Irania. —Mi sonrisa se enchancha y la ánimo a que continúe hablando, en sus manos trae un par de documentos—. El jefe de producción le envía esto, son los bocetos de las opciones de botellas, para que pueda comenzar a trabajar en la viñeta.

Los tomo y cada una se va a su respectivo lugar; no obstante, cuando estoy afuera de mi oficina, me detengo a echarle una ajeada a los papeles, pero casi de inmediato, mientras paso de hoja, percibo una sensación pesada en la nuca, casi como la sensación de la tarde anterior cuando Marín me estaba viendo, pero esta vez es más tenue. Pestañeo un par de veces, me yergo y cuando estoy por voltearme sobre mis pies, un aroma masculino me envuelve y se cola por mis fosas nasales. Mi primer pensamiento es en lo delicioso que es esa colonia, pero el encanto me dura tan solo dos segundos.

—Llegas tarde... —susurraron en mi oído, de forma acusadora. Entorno los ojos y pego los papeles a mi pecho, para luego girarme. Es David.



Therinne

Editado: 30.10.2020

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