Eras tú: El misterio Baldochhi

Capítulo 5: Encrucijada

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Lights up - Harry Styles

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—Buenas tardes... —saludan una voz gruesa y áspera. Y tanto Carlos como yo volvemos a ver a nuestras espaldas, y en primera instancia veo al jefe de seguridad de Martín. Me hago a un lado para que él, y todo su halo de misterio y peligro, se introduzcan. Entonces, cuando he dado un par de pasos a la izquierda, noto que David emerge prácticamente como arte de magia y que es él quién va a subir al ascensor.

—Muchas gracias por detener el elevador, Sergio —dice y el aludido mediante un ademán lo invita a pasar—. Ya puedes marcharte, mi padre seguro ya te está esperando —Y sin mediar más palabras Sergio se va rumbo a la entrada del edificio, no sin antes dedicarme una mirada de reconocimiento.

Y para cuando las puertas del elevador se cierran, le echo un vistazo a David. Y este nos está viendo a Carlos y a mí de hito en hito, lo cual me hace elevar una ceja y a "mi compañero de trabajo" sonreír de lado. Como si supiera algo que nosotros no.

—Buenas tardes, David —saluda y acerco la bolsa de papel a mi cuerpo. ¡Santo cielo!, la situación me parece por demás inverosímil y familiar. Exceptuando un hecho: que esta vez no voy sola, lo cual me da cierta paz. Carlos también le regresa el saludo y de esa forma, sin mayor aspaviento ni más palabras, nos vamos los tres en el elevador.

*

—Con que tú y Carlos —sugiere en tono burlón, tan pronto entra y cierra la puerta tras él. Yo lo enfrento y elevo una ceja.

—Carlos y yo, ¿qué? —inquiero de golpe. Por supuesto  a qué se refiere, pero me ha molestado tanto su pregunta que prefiero fingir que no entendí, tal vez, él cambia su comentario. Pero bueno, es de David de quien hablamos, él lleva un letrero en la frente que dice: inoportuno, entre otras palabras.

—No me malinterpretes, no me importa pero...

—Al fin estamos de acuerdo en algo, porque a mí tampoco me importa —suelto de forma abrupta—. Así que mejor trabajamos, ¿no crees? —Su sonrisa completa se convierte en una ladina. Y frente a su silencio repentino; lo cual es tan extraño y que no voy a desaprovechar, le informo dos cosas: que ya terminé el boceto y que el diseñador me entregará el trabajo final en un rato. Y la respuesta que me da es tan insidiosa como él.

—Es tu trabajo, después de todo, ¿no? Jefa —suelta con sarcasmo. Y yo..., decido ignorarlo.

Pasado un tiempo, en el cual él estuvo con su teléfono y yo entre engullendo y pensando en la publicidad para lanzar la línea de vinos, el diseñador me envía la propuesta de la viñeta.

—¿Tienes una sugerencia de algún cambio? —pregunto conciliadora. Estoy a punto de girar la pantalla de la computadora, pero él es más rápido que yo y se levanta y se va hasta el otro lado del escritorio, justo a mi lado. Se inclina un poco, apoya uno de sus brazos sobre el escritorio y yo solo espero que no me arme la tercera guerra mundial.

David observa la pantalla, lleva una mano a su barbilla en un gesto de concentración total. Y, sin poder contenerme, me hago hacia atrás y lo observo con disimulo. Su piel es apiñonada, sus facciones son afinadas, cinceladas y firmes, es de hombros anchos pero su complexión es mediana, su cuerpo es ejercitado, se nota en como la tela de su camisa se ciñe a sus brazos y deja una ilusión de un pecho duro y marcado. Su porte es elegante y erguido, tiene mucho parecido a su padre, no obstante, David es más atractivo... «Lastima su carácter», pienso.

Aunque, de cualquier manera, eso a mí no me importa. No me importa.

—Solo sugeriría que agregáramos un poco de sombra en esta parte de acá —dice, sacándome de mi introspección. Le presto toda mi atención a la pantalla—, justo aquí y quizá unos racimos de uvas en este lado, ¿y por qué no, en relieve?, justo donde termina este trazo...

—Sí, me parece una gran idea... —digo con sinceridad, porque creo que él acaba de darle ese algo que sentía que faltaba.

—¿Ya pensaste en cómo serán las imágenes para los banners? —cuestiona y yo niego. David se irgue y añade—: Podríamos pedir que hagan una sesión de fotos en la hacienda en donde está la cosecha y así damos en la campaña una imagen más real del producto.

—Me gusta, hay que decírsela al señor Baldocchi ahora. —Ambos miramos la hora y nos damos cuenta que debemos irnos ya mismo para la oficina del aludido.



Therinne

Editado: 30.10.2020

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