Inevitable

Capítulo 28

—Hay algo que he querido decirte hace mucho, Kol. Sé que es solo una palabra, pero es algo que significa mucho para mí, para la humanidad quizá. ¿Qué sería de nosotros si no pudiésemos pedir "perdón" nunca? Pues es eso justo lo que quiero decirte ahora. Perdón, Kol. Perdóname hermano, de verdad. Fuimos criados en la religión, ¿cierto? Nos enseñaron desde pequeños que había un cielo y un infierno, que hay siempre un lugar a donde la gente va después de morir. Yo la verdad no sé si eso es cierto, ya no sé ni en qué creer. 

»Perdóname, Kol. Perdóname por no amarte ni protegerte lo suficiente. Yo debí oponerme tanto como Elijah a que vayas a esa maldita guerra que acabó contigo, debí ser firme y no dejar que te fueras. Perdóname por no contestar todas tus cartas, por no unirme a la guerra contigo para cuidarte. Yo te amé mucho, hermano. Te sigo amando aún ahora, sigo extrañando tu risa, tu alegría. Hasta extraño tus pasos acercándote para contarme alguna anécdota. Creo que nunca dejaré de extrañarte, hasta el fin de mis días pensaré en ti y lloraré de anciano quizá pensando en este momento cuando vine a tu tumba. 

»No quiero olvidarte tampoco, no quiero ser como aquellas personas que prefieren no hablar de sus muertos para no sentir dolor. Lo que quiero es tenerte presente cada día de mi vida, ver tu retrato, hablar de ti. Perdóname también por no haberte dicho nunca lo mucho que te quería, si quizá lo hice en medio de algunas copas o en abrazos fraternales sé ahora que no fue suficiente, que debí repetírtelo siempre, que no debí dejar que te vayas sin tenerlo claro. Aunque quizá tú lo sabías bien. Si, vaya que lo sabías. Por eso me encargaste a la persona que más amabas y me encargaste también a tu hijo, porque sabías que lo iba a amar como si fuera mío.

»Kol, perdóname por todo eso. Pero sobre todo perdóname por amar a tu esposa. Fuiste el hombre más afortunado del mundo por tenerla a tu lado, cada día con Caroline debió haber sido la gloria, sin saberlo eran tus últimos días y me alegra saber que ella te hizo feliz y te dio la alegría de saber que ibas a ser padre. Yo entiendo bien por qué la amaste tanto, ella es maravillosa. Es bella por fuera y por dentro, es encantadora, divertida, comprensiva, es un ángel. Y yo la amo, ahora lo tengo claro.

»No sé si ella me ama como yo lo hago o si solo se apega a mí por la soledad y la necesidad de sentir el cariño de alguien, y la verdad no me importa. Yo la amaré así ella no lo haga nunca, así ella se pase la vida amándote a ti. Sé que siempre te recordará y te querrá tanto como yo, no pretendo apartarte de su corazón. Sé que no debí fijarme en ella, que de todas las mujeres en el mundo a las que pude amar Caroline jamás debió siquiera figurar en la lista. Pero fue inevitable, Kol. Ella es parte de mi vida y no quiero pensar en qué sería de mí ahora sin Caroline a mi lado.

»Perdóname por eso, sé que es traicionarte, sé que es ofender tu memoria. ¿Qué clase de miserable se enamora de la viuda de su hermano cuando él no tiene ni un año de muerto? Me siento un desgraciado cuando pienso en eso, pero luego al verla no consigo pensar en otra cosa que no sea amarla. Yo nunca he amado antes, eso lo sabes tú. Sabías muy bien que yo no era hombre de enamorarme, no es que me negara a esas sensaciones, simplemente nunca pasaba. ¿Y cómo sé que es amor entonces? Eso es lo más loco de todo, simplemente lo sé porque lo siento.

»Quiero hacerla feliz, quiero protegerla. ¿Podrás perdonarme algún día por esto, Kol? Porque a mí la culpa no dejará de perseguirme jamás, y sinceramente no sé qué va a ser de nosotros ahora que hemos decidido amarnos. ¿Podré acaso tenerla como esposa algún día? Si estoy comprometido con otra, si ella es tu viuda. ¿Qué va a ser de nosotros? A veces pienso que estoy siendo egoísta, yo no puedo romper ese compromiso, ¿Qué gano entonces acercándome a ella y prometiéndole amor? Soy un monstruo, ¿verdad? No quiero hacerle daño, no soportaría que ella llorara por mi causa, ya ha pasado por bastante sufrimiento.

»¿Qué puedo hacer, Kol? Ojalá estuvieras aquí para darme un consejo... aunque ese consejo sea que me aleje de tu esposa. Eso es lo que pensarías ahora, ¿cierto? Que si la voy a lastimar mejor no siga con esto. Puede que sí, siempre pasa, ¿no crees? Estoy seguro que tú jamás hubieras querido hacerla sufrir y así pasó con tu muerte. Quizá no debería tener miedo de amarla. Quizá los dos vamos a sufrir por esto, quizá pasemos unos minutos en el paraíso juntos y luego caeremos al infierno. ¿Valdrá la pena el sacrificio? Yo creo que si.

»Y perdóname también por eso, porque la amo con todo el corazón, pero sé que la voy a hacer sufrir aunque no quiera.

Klaus suspiró. Había hablado mucho y sin parar, una vez frente a la tumba de Kol no pudo detenerse. Esa mañana él y Caroline habían decidido ir al fin. Ya había pasado mucho tiempo desde el entierro y no podían seguir aplazando ese momento. Llegaron tomados de la mano, con los dedos entrelazados. Conforme iban avanzando apretaban sin querer sus manos con más fuerza, y una vez estuvieron frente a la tumba de Kol se quedaron en silencio así. Con flores en una mano, tomándose de la otra, mirando fijamente el nombre de Kol en esa fría piedra. 

No sabían qué decir, Caroline empezó a llorar en silencio mientras dejaban las flores en la tumba. Ella se cubrió el rostro con un pañuelo y lloró despacio apretando los ojos. Klaus la atrajo a él y la abrazó mientras lloraba. Él también quería llorar, quería hacerlo como aquella vez en la sala de su casa mientras llovía. Lo hizo y no se secó las lágrimas, simplemente dejó que escaparan y se deslizaran silenciosas por sus mejillas. 



Katerina Az.

Editado: 05.11.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar