Para cuando muera

05

Todo había sido muy bueno como para que durara tanto.


 

Escuchó las sirenas, vio las luces, olfateó ese repugnante olor a sangre y muerte que desprendió el cuerpo inerte frente a él. Sintió el cálido cuerpo de Pam apretado contra él; temblando de miedo. A diferencia de cualquier otra situación, él, aun en estado de shock estiró sus brazos y envolvió a la chica de cabellos dorados de forma protectora.


 


 


 

Todos se sentaron alrededor del fuego. Habían troncos y un par de rocas que utilizaban como asiento.


 

Pusieron música de fondo, como Queen o Pink Floyd. También repartieron dulces, frituras envasadas y refrescos. Nada de alcohol.


 

Ni que fueran los típicos estudiantes estadounidenses que mágicamente para ellos todo era legal y no tenían restricciones.


 

Adler estaba comiendo un trozo de pizza que había traído Alex, era cacera y estaba deliciosa.


 

Pam estaba a su lado, sentada a menos distancia de lo normal. Fue raro, pero eso no había ocurrido por iniciativa de ella, sino que Adler quiso esa cercanía.


 

Quizás fue un pequeño gesto de protección. Sí, era eso. En un principio Adler estaba nervioso, quizás habrá sido por los acontecimientos pasados o algo más.


 

Tenía la intuición de que algo malo iba a pasar.


 

Una voz muy bajita le susurraba que se tenía que alejar, que algo fuera de lugar rondaba entre las sombras de los árboles.


 

Y Adler, por primeravez en su mísera vida, ignoró su voz interna. Ignoró sus preocupaciones, sus deberes y quitó de su mente la imagen de su padre.


 

Solo, por una maldita vez después de nueve años, quería retomar su vida. Volver a ser quien era. Disfrutar de la compañia de chicos que lo aprecian.


 

Ni se dio cuenta el momento en el que se relajó, y se permitió reposar la cabeza en el hombro de la chica mientras escuchaba las anécdotas de sus amigos y conocidos.


 

—Te va a doler el cuello —Pam dijo con buerla mientras se apartaba un poco de él.


 

Las mejillas las tenía de un rosa que la hacía ver tan inocente. Adler pensó que parecía una niña.


 

Pero luego retractó sus pensamientos, porque se acababa de dar cuenta que ya no era una niña.


 

Pam había crecido, madurado. Era una chica inteligente, graciosa y hermosa que ya era toda una mujer. Comprendió que en cualquier momento alguien iba a llegar a su vida y la iba a compartir a su lado y pensó en que cualquiera, se hombre o mujer, va tener que cuidarla y respetarla, amarla con todo su ser y cuidar aquel sentimiento. Era lo que su amiga merecía.


 

Una irreconocible nostalgia le hizo darse cuenta todos los años que han pasado, las cosas que vivieron juntos y el hecho de que nunca haya demostrado directamente lo mucho que quería a su mejor amiga, su compañera y apoyo.


 

Pam estaba tan nerviosa ante la atenta mirada que le daba Adler. Nunca la había mirado de tan cerca y tan detenidamente.


 

Tomó valor, alzó sus oscuros ojos y encontró los de él. Eran tan hermosos, la luz de la fogata hacía que el color verde resaltara en su mirada. No pudo evitar el ritmo acelerado que tomó su corazón cuando sintió que la mano de Adler, fuerte y grande, recorrió su mejilla y fue bajando hasta su cintura.


 

En ese momento, sintió todo detenerse.


 

Y en un movimiento rápido ella estaba pegada a él, y el rostro de Adler se hundió en el cabello de Pam.


 

Él cerró los ojos, disfrutando de la muestra de afecto. Ella quedó estática por un momento, y luego envolvió sus brazos por el cuello del chico y apoyó la cabeza en su hombro.


 

Pasaron unos segundos así.


 

Pam pudo notar las analíticas miradas de sus amigos. Frente a ella, detrás de Adler vio como John sonreía y Neels levantaba las cejas de forma pícara. Se sintió mal al ver de reojo el rostro de Thais y como Beca trataba de llamar su atención para que no se fijara tanto en ella y Adler.


 

Pero lo ignoró.


 

Ninguna cosa en el mundo iba a evitar que gozara y se alegrara del contacto que estaba teniendo con Adler.


 

Se separaron con lentitud. Pam sentía que en cualquier momento se iba a desmayar, y estaba rogando a todos los dioses que, si era un sueño, durmiera para toda la vida. Porque nunca nada se sintió tan especial.


 

Miró nuevamente el verde de sus ojos, y tuvo el impulso de querer besarlo. Pero se retuvo. No era la hora, ni el lugar. Además, él apenas ya habia dado un paso. Uno muy grande. No podía joderlo por un arranque de emociones y hormonas.


 

Entonces solo se limitó a darle la sonrisa más inmensa y brillante. Y por si fuera poco, Adler se la devolvió. No como ella, sino que a su manera. Pero lentamente vio como los extremos rosados de sus labios fueron subiendo hasta darle la sonrisa más hermosa que alguna vez en la vida Pam había visto.


 

No quiso quedarse solo con eso. Pam sabía que no podía pedir mucho del chico, pero en un arranque de valentía, tomó el riesgo de apoyar su cabeza en el hombro. Grata fue su respuesta, pues el chico apoyó el costado de la suya sobre los risos dorados.


 

Y así permanecieron.


 

—Vale, vale —interrumpe Neels las risa que habían soltado tras un chiste malo de John, acomodando su lacio cabello hacia atrás—. Escuchen. Una vez, a papá se le ocurrió subir a las montañas en primavera. Era de mañana e íbamos pasando por la carretera de tierra entre los terrenos privados. El tema es que cuando pasamos por las afueras de la casa abandonada del viejo Trist vimos unas piernas colgando a través del marco de la ventana. Les juro que si es que no estaba sentado me hubiera caído de culo. Mi papá se le ocurrió aparcar a un costado del camino. Casi nos cagamos encima cuando a la loca de mamá se le ocurrió bajarse. Quería ir a ver al muerto. Con papá nos negamos a bajar, y ella, por otro lado, entró a la casa y nosotros esperamos en el auto a que un espíritu la matara, pero a los segundo salió riéndose la vieja loca. Yo estaba con cara de ¿What the Fack? Cuando ella se acercó y dijo que solo era un maniquí para espantar.



YCollilef

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En el texto hay: romance, muerte, infinito

Editado: 10.12.2020

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