Precursor: Natanael

⚜️ CAPÍTULO VI ⚜️

EPITAFIOS SIN ESCRIBIR

 

—¡Saquen al Rey de aquí, llevenlo a los establos! —Gritó Gabriel. 

—¡Ya oyeron! ¡Protejan al Rey! —Replicó el capitán de la guardia.

—¡¿Târx dęth plük sâîg alânk?! —Preguntaba repetidamente NAHUM, aterrorizada por lo que estaba viendo; pero desgraciadamente, nada más el creador podía entenderle.

La empedrada mampostería se tiñó de rojo, y sobre el suelo, las cabezas se apilaban rápidamente entre el torbellino de espada y bandera, que danzaban al son de muerte por el frenesí de Natanael. 

El ambiente era denso, repugnante. Un pequeño riachuelo de sangre, empezaba a buscar el declive hacia las escaleras que llevaban a los establos, en lo que la madre de la creación, gritaba descolocada a causa de su muy profunda inocencia quebrada a la fuerza, al conocer por primera vez el asesinato.

"¡¿Târx dęth plük sâîg alânk?!, ¡¿Târx dęth plük sâîg alânk?!" —se escuchó retumbar en la sala, mientras la traumada mujer era llevada a la fuerza a reunirse con su amado en los establos.

Todo esfuerzo por hacer tiempo tuvo en aquél momento una oportunidad; por lo que batiéndose en una última lucha suicida, junto a la gran puerta y la pila de cadáveres; Azrael y Gabriel atendieron el llamado de muerte, que proclamaba la presencia de su corrompido hermano…

Un silencio sepulcral se agolpó en la gran sala, y solo el estruendo de metal contra metal, hacía mella en la tristeza de la evidente derrota que aún no tenía firma en el epitafio de estos dos hombres. De pronto, la frágil puerta cayó al suelo en un estruendo decisivo, donde cientos, sino miles de enemigos; se empujaban por entrar en el angosto callejón para reclamar la contundente victoria.

Ya no quedaba esperanza sobre el filo de la espada o la fuerza del brazo al emprender el tajo, nada podrían hacer dos hombres contra el mundo entero que se les vino encima, salvo hacer un último acto de estupidez…

Consumido por la melancolía, Azrael lanzó a su último compañero por la ventana en un pequeño descuido de este.

¿Qué podría hacerse, sino esperar que la caída fuese más amable que la voraz furia del enemigo frente a ellos?

…Solo el tiempo daría la respuesta.

En un lento y firme caminar, Natanael se acercó al desvanecido y maltrecho héroe sinvergüenza, quien se halló rendido y de rodillas a causa de una enorme flecha en el abdomen.

—¿Porqué? —Inquirió sollozo y derrotado Azrael.

—No es a mí a quien debas preguntar por el orden de la creación. 

La oscuridad desde el principio del tiempo ha añorado seguir reinando en la nada, por ello aún a la luz del sol, las sombras siempre han de estar presentes. Yo solo soy la luna que se alza en la noche, soy el deseo de hacernos a todos una hermandad sin diferencias, sin sufrimientos… Y sin injusticia. 

¿No he encarnado siempre lo correcto y justo?  —respondió fríamente el blasfemo adalid de la destrucción acariciando la cabeza de su hermano. 

Así, calmando al afligido caballero sonriente, le tomó por los cabellos y  arrastrandole confiadamente hasta la gran sala del trono; le lanzó frente a la escalerilla con frívola satisfacción. Le usó de alfombra y tomando la corona, se sentó en la empedrada silla reclamando su lugar como nuevo soberano de la tierra de Sión.

Ooh, pero poco duró la dicha de su reinado; pues en la calle, Auriel atravesaba el pecho de NAHUM con una flecha maldita de acero negro, provocando el aparentemente anunciado fin de los tiempos…

La tierra se sacudió con la violencia de un dios sangrante, y de ella, un escupitajo de fuego líquido brotó como cascadas ardientes. El cielo se tornó sólido y moviéndose como el oleaje del mar, se quebró sobre toda la creación, cayendo a pedazos en las ruinas del mundo. 

En un abrir y cerrar de ojos las incontenibles tinieblas fueron diezmadas, y en el infinito vacío de la inconmensurable existencia, quedaron varados eternamente los caballeros del apocalipsis.

Ya no hubo más luz en la profunda oscuridad y aquél común sentido de lugar; del arriba o abajo, se perdió casi para siempre...

Eones pasaron desde aquél día y en un simple, pero contundente momento; una pequeña y leve luz resplandeció de nuevo en la oscuridad absoluta, diciendo finalmente en una tenue pero conocida voz:

"¡HÁGASE LA LUZ!" ...Y la luz fué hecha.

Se dijo alguna vez, que fue este autocoronado caballero, quién echó a perder el mundo dos veces en su incompresible deseo por ordenar la existencia a su imagen y semejanza. Pero de aquello, ya no hay voz que pueda decirlo o mente que pueda recordarlo.

La historia conocida suele cambiarle el nombre con el tiempo y la cultura, pero su legado de muerte permanece inmutable como la blasfema luz de los infiernos…

 Esperando el día en que pueda cernir las tinieblas nuevamente y para siempre sobre la tierra.

"He aquí un caballo blanco y el que lo montaba le fue dada una corona, y salió venciendo y para vencer." (Apocalipsis 6: 2).

...

Escrito por: Manuel Rodríguez

Ilustrado por: Manuel Rodríguez

PRECURSOR: NATANAEL©

CUENTO CORTO 

01/10/20

 



Manuel R

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En el texto hay: accion fantasia epica drama filosofia

Editado: 30.12.2020

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