Princesa fugaz

3.- Un beso y una pelota.

3.-Un beso y una pelota

Nota de autor: Me corazon me da un brinco al verte aún por aqui.

La maestra Eva no aparece en clases, mientras mis compañeros conversan yo no dejo de pensar en Adam al ver su asiento vacío. Adam había sido el único chico, aparte de mis hermanos, con el que pude hablar sin sonrojarme, pero él ya no estaba.

Cierro los ojos y con la cabeza recostada en la mesa trato de recordar las ocasiones en las que hable con él.

—Eh —dice una voz frente a mi que me saca de mis pensamientos.

Abro los ojos y levanto la vista poco a poco: manos metidas en los bolsillos de los pantalones, la camisa blanca remangada en los brazos, una mandíbula fuerte, unos bonitos ojos que me recordaban a un diamante azul y que al verme sentí que atravesaba mi alma, unas cejas pobladas (no mucho) con un pequeño aro negro en una de ellas y pelo castaño, este era Nolan

—¿Yo-o? —Logro balbucear, al tiempo que me señalo con el dedo.

Nolan asiente.

Parpadeo varias veces, no puedo asimilar que alguien me hable.

Sin previo aviso Nolan se inclina e invade mi espacio personal, percibo su aliento cerca de mi oreja.

—Lamento esto —susurra.

Sin comprender aun lo que sucede, siento sus labios cálidos y suaves sobre los míos. Mi cuerpo y mente se recrean en la nueva sensación nunca antes sentida, mis labios torpes aun en el arte de besar se quedan inmóviles.

Se escuchan risas y Nolan se aleja rápido, como si yo quemara, para volver a su lugar.

La carga de saber que no veré más a el único amigo que tenia, la preocupación de saber que la bofetada de hoy a Sebastian no se quedaría sin represarías, me estaban matando y ahora ser el juguete de diversión había hecho que sobrepasara mis límites.

Me pongo de pie con la frente en alto y salgo del salón. No les iba dar el gusto de verme llorar.

El camino más corto hacia mi habitación es cruzar cerca a la cancha de futbol, así que voy por ese sendero, veo a través de mis ojos vidriosos a los alumnos del salón 12-B realizando deportes ahí. Camino más rápido que antes para evitar que alguien me vea llorar.

Un fuerte impacto en la espalda hace que caiga hacia delante, son mis rodillas las que reciben el impacto con el pavimento.

Una cortina de pelo castaño cubre mi visión, llego a la conclusión que mi pasador ya no está en su lugar y que fue la pelota de futbol la que me golpeo.

Me muerdo el labio inferior para evitar llorar. Todo me está saliendo mal

—¿Estas bien? —pregunta una voz preocupada que se acerca a mí a gran velocidad.

Alzo la vista y me encuentro con el rostro de Ian. Su pelo rubio que siempre está bien peinado esta desordenado por el sudor y su uniforme impecable ha sido reemplazado por la ropa deportiva blanca.

—Lamento que te cayera la pelo... —dice apenado, pero se detiene a mitad de la oración y su mirada se centra en mí— Anwen…—susurra.

No contesto. Estaba furiosa con él, lo odiaba por ignorarme cuando volví el año anterior a esta escuela, lo odiaba porque… mi tonto corazón aun sentía cosas por él.

Cuando era pequeña y aun asistía a esta escuela creía en los deseos así que algunos de los deseos que les pedía a las estrellas fugaces que veía cada noche desde mi balcón, tenían el nombre de Ian y aun la seguirían teniendo si seguiría creyendo en ellas y si aun creyera en los finales felices.

—Estas heridas —suelta alarmado, centrando su mirada en mis rodillas—. Te llevaré a la enfermería. ¿Puedes caminar? —Se pone a mi altura, no espera mi respuesta—. Si no puedes caminar te cargare —. Gira sobre si y me ofrece su espalda.

Un recuerdo lejano viene a mí al verlo en esa posición. Me pregunto si ahora será capaz de cargarme o se tropezará como lo hacía antes. Agito la cabeza para disipar esos pensamientos.

—¡Langforth!, necesitamos la pelota, ¡¿cuánto tiempo más perderás con esa niña?! —reclama uno de sus compañeros desde la cancha de fútbol.

—¡Pueden venir por la pelota! —grita— yo la llevare a la enfermería. Esta lastimada.

Sus compañeros vociferan algunas quejas y groserías irreproducibles para mí, mientras uno de ellos viene en busca de la pelota.

Me pongo de pie como puedo, no aceptaría su ayuda. Intento caminar, pero la rodilla izquierda, la que sangraba, duele,



Beth Sechs

Editado: 20.02.2021

Añadir a la biblioteca


Reportar