Princesa fugaz

10.- Príncipe blanco y Príncipe negro

Ver el palacio desde la televisión o por fuera no era no mismo que verlo desde dentro. Antes de entrar unas rejas negras con montones de guardias alrededor nos dan la bienvenida, el hombre que vino a recoger a mis padres y a mí, el señor Bann, da su identificación y permiten nuestra entrada. El lujoso auto va sobre un largo camino de graba rodeado por amplios jardines con guardias y arboles de cerezo. Llegamos a la puerta principal de palacio y una gran comitiva nos dan la bienvenida.

Mi corazón palpita aún más fuerte, no sé lo que encontrare dentro, tomo la mano de mi madre que esta descansando en su regazo, ella atina a observarme y sonreír.

—Cariño, todo estará bien —susurra.

Abren la puerta del auto para que pueda salir, suelto la mano de mi madre y desciendo del auto. Volteo a mi izquierda al notar movimiento ahí. Una muchacha rubia desciende de otro auto negro con traje impecable de seda color gris, es… Ezlyn.

Mi pulso se acelera nuevamente ¿Qué hacia Eslyn aquí? ¿Una visita al rey? Mi mirada se cruza con la suya, me mira de arriba abajo con expresión de fastidio y se gira para sonreír al resto de gente ahí presente.

—Señoritas, sus majestades las están esperando dentro. Por favor síganme —. Pronuncia con parsimonia el hombre calvo de traje que ha traído a mi familia aquí. Siento haberlo visto en algún lugar, pero no logro recordar donde.

Camino lentamente seguida de mi padre que para el día de hoy no ha bebido ni una sola gota de whisky, y eso es tan sorprendente que hasta pienso en venir cada día a palacio para que el al fin deje el alcohol.

A medida que nos acercamos al salón donde tendremos la reunión hay una infinidad de cuadros colgados en las paredes blancas, un cuadro en especial llama mi atención, mejor dicho, una pintura: una pelirroja con ojos tan azules que me recuerdan a los de Ian.

No sabía nada de él y probablemente por eso cada cosa que veía me recordaba a él, agito la cabeza para poder centrarme en lo que hay a mi alrededor.

Observo con estupor las gigantescas puertas de vidrio que permiten ver los jardines. Existen adornos de oro y candelabros de cristal al igual que un desfile de sirvientes y guardias a alrededor.

Nos detenemos frente a una puerta ricamente adornada con ornamentos plateados y dorados.

Quiero escapar, pero no puedo. Camino cabizbaja.

—Ante ustedes la Familia Real —anuncia uno de los ahí presentes.

Hago la reverencia requerida en estos casos y levanto la mirada.

Cinco figuras frente a mi sobre hermosos sillas y alrededor de una amplia mesa plateada. Reconozco inmediatamente a él rey y a la reina Penelope con un vestido verde y el pelo pelirrojo, a su lado una pequeña figura igual de pelirroja llama mi atención, es la niña del cuadro que había visto en uno de los pasillos, lleva una tiara en la cabeza en el extremo izquierdo veo una figura vestida con el típico traje de príncipe de color negro y medallas, le miro el rostro, es Nolan, miles de preguntas martillean mi cabeza, mantiene la mandíbula apretada, su mirada parece perdida, pero estoy equivocada sigo su mirada, observa a Ezlyn, ella sonríe pero no lo mira a él, sigo su mirada y la sigo.

Mis ojos se abren como las de un búho y me detengo petrificada. Cierro los ojos un momento. Lo que veía tenía que ser un sueño, la añoranza de ver a Ian me estaba jugando una mala jugada a mi cabeza. Suspiro profundo y vuelvo a abrir los ojos, esta vez observó de arriba abajo un impecable traje blanco de príncipe lleno de medallas y los inconfundibles ojos que siempre me parecieron pacíficos, ahora parecían llenos de tristeza. Ian me miraba al igual que yo lo hacía.

No quiero creer lo que mi cabeza me grita, lo que se supone que es evidente. El señor Baan confirman mi suposición.

——Sus Magestades: el Rey Sorem Wienfort y la Reina Penelope Wienfort, reyes de Cadia. Sus altezas el príncipe Andrew, el príncipe Holder y la princesa Clarissa Wienfort.

Aprieto los labios para evitar decir algo, para evitar pedir explicaciones, lo único que hago desviar la mirada de la de Ian, no, de Andrew Wienfort.

Unos hombres vestidos de traje nos guían a nuestros asientos alrededor de la mesa de plata.

Evito levantar la vista, ver a Andrew solo hacía que se me estrujara el corazón.

—Me alegra verlos nuevamente y que hayan venido a acordar los detalles —dice el rey Sorem.

¿Últimos detalles de qué?

—Querido aún no conocemos a la señora y a la señorita —pronuncia la reina con voz melódica.

—¡Oh si! Pero he de suponer que el señor Clive ya les comunico la situación. Además, la señorita Anwen ya ha firmado lo acordado.



Beth Sechs

Editado: 20.02.2021

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