Princesa fugaz

17.- Escondidos

Contengo la respiración hasta que Andrew decide alejarse de la sala junto a su pareja, ella colgada de su brazo, con ese vestido y piel perfecta me pregunto si realmente es humana porque parece una muñeca delicada de porcelana.

A pesar que Andrew jugó conmigo mi corazón dolía; quería ser yo quien estuviese tomada de su brazo, quería ser yo quien sonría a su lado, pero él la eligió a ella ¿Cómo se hacía para arrancar a alguien de tú corazón de la noche a la mañana?

—¿Bluebell? —siento el aliento cálido de Holder cerca de mi cuello. Giro sobresaltada—, incluso esa fragancia le va bien a un conejo —concluye con una sonrisa de lado.

—¿Qué?

Holder abre la boca para responder, pero no oigo su respuesta; el estruendo de una explosión proveniente del salón principal seguido de disparos y gritos a mi alrededor me lo impiden. Suki y sus colegas se colocan alrededor de Holder y de mí, nos toman de los brazos e intentan ponernos a buen resguardo, mientras que el resto intenta atrapar a los pistoleros.

—¡Protéjanlos! —gritan mientras me arrastran y llevan por la fuerza.

—Esperen. —Trato de zafarme, pero presionan más mis brazos—. Mi familia esa ahí ¡Por favor necesito saber si están bien! —suplico, pero ellos no oyen. Me obligan a caminar hasta una habitación oculta tras un cuadro.

Intento escapar, pero me lo impiden. Miro a Suki suplicante, ella niega con la cabeza y cierran la puerta.

Busco la manera de salir, pero no la encuentro.

—Anwen, no hagas esto más difícil. —Holder me sujeta de la muñeca para que no continúe con mis intentos infructuosos de abrir la puerta.

—¿No comprendes verdad? —Me giro y lo miro como tantas veces e echo: con rabia—. Mi familia está ahí afuera. Quién sabe y estén muertos —. Esa idea me quiebra—. Mientras yo estoy aquí.

—¡Joder! ¡Mi familia entera también está ahí! —grita—. Y aunque no lo creas, me importan. ؙ—Aprieta la mandíbula y prosigue— No sabes el esfuerzo sobrehumano que estoy haciendo en estos momentos para no ir ahí y partirles la cara a esos idiotas —aprieta los puños—, pero si salgo seré un maldito estorbo.

Safo mi muñeca de su mano—. Mi familia no es la familia real. No sé si a alguien le pueda importan.

Holder suspira mira hacia otro lado, se pasa la mano por el pelo y suelta el aire lentamente como si intentara controlarse—¿Quién eres?

—¿Qué?, en serio crees que este es momento para…

—Contesta —gruñe

—Yo soy yo, ¿eso querías escuchar? —contesto, me giro y continuo con mi trabajo.

—¡Exacto! —contesta triunfante—. Anwen Clive, la futura princesa de este país…. Mi futura esposa.

¿Qué había dicho Holder? «¿Esposa?», detengo lo que estoy haciendo para voltear a verlo con una mueca de desconcierto en la cara. Había desaparecido durante estos días, no lo vi desde nuestra discusión y ahora dice que seré su esposa.

Se a desabrochado el saco negro con decoraciones doradas y se ha quitado la banda que cruzaba su pecho.

—¿Crees que la guardia real y guardaespaldas permitiría que algo malo le pase a la familia de la futura princesa? —Su tono de voz a cambiado, ahora es suave, noto la preocupación en su rostro, después de todo si este es un atentado es su familia el principal objetivo.

Respiro hondo, Holder tiene razón, si salía sería un estorbo. Apoyo mi cuerpo sobre la pared fría y me dejo caer, dando a entender que me doy por vencida y que me quedare ahí. Las tantísimas capas de tul sirven de un buen colchón; doblo las rodillas y apoyo mis brazos en ellas escondiendo la cabeza. Trato de pensar en las personas que están ahí afuera, en mi familia, en… Andrew.

Escucho como Holder suspira, levanto la cabeza y lo veo sentado apoyando la cabeza en la pared contraria, los ojos cerrados y las pierdas dobladas. «Gracias», susurro casi imperceptiblemente mientras lo observo, si no fuera por él me hubiese metido en problemas.

Observo a mi alrededor, la poca iluminación de la habitación apenas me deja ver una pequeña cama y una puerta semi abierta que da paso a un cuarto de baño.

Permanecemos en silencio hasta que oímos como se abre lentamente la puerta. Me pongo de pie de inmediato y me quito uno de los tacos, si el que venía por nosotros era uno de los revolucionarios definitivamente se iría de aquí con un ojo morado, porque de ninguna manera dejaría que me pongan un dedo encima y si era posible tampoco dejaría que toquen a Holder.



Beth Sechs

Editado: 20.02.2021

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