Princesa fugaz

20.- Clary Wienford

—De ahora en adelante no saldrás de aquí si no estas arreglada adecuadamente —me ordena la señorita Hens—. Y tú —veo a través del espejo como aniquila con la mirada a Martha que esta peinando mi pelo para luego realizarme un extraño recogido—, nunca permitas que salga como si fuera una de las sirvientas.

Martha asiente y se gira para continuar con su labor.

La vista del espejo me ayuda a observar la cara de espanto que tiene la señorita Hens cuando continúa leyendo los comentarios de las redes sociales que han creado para mí.

—«¿Como alguien como el príncipe Holder pudo fijarse en alguien tan común como esa muchacha?» —lee en su tableta—. ¡Qué barbaridad! —grita horrorizada—, la muchacha que comento esto no tiene pudor, ¿cómo se le ocurre colocar este comentario en tú twitter oficial?, y peor aún, poner una foto suya mostrando de manera muy evidente sus atributos.

—No es necesario que se lo digas, Suki y yo ya nos encargamos de contarle todo lo que se dice en las redes —dice Martha.

La señorita Hens está a punto de regañar a Martha y antes de que lo haga comento:

—Martha y Suki se quedaron conmigo la noche de ayer para ver la televisión —en realidad me obligaron—, ya se todo lo que opinan sobre mí.

La gente podía ser muy cruel al hablar sobre alguien que no conocen, palabras como: escuálida y sin gracia resonaban al lado de mi nombre. Mientras que los programas rosa le ponían más énfasis a la salida «romántica» en medio del desastre que tuvimos Holder y yo, ahora llamados la pareja Howen, los programas de política hablaban sobre los importantes lazos formados entre la familia real y la poderosa familia de Ezlyn. La prensa investigó todo lo que pudo la vida de Holder y sobre las múltiples chicas que según fuentes muy confiables han pasado por las sabanas del príncipe de la seducción, como lo han comenzado a llamar. Comprendo de cierta manera el por qué el rey y la reina nos han vetado para las entrevistas, estamos robando sin querer el protagonismo a los futuros reyes.

El sonido de la puerta abriéndose sin antes tocar hace que todas giremos hacia ahí.

La cabeza pelirroja de la pequeña Clary aparece y viene hacia nosotras dando brincos.

—Alteza, ¿qué hace aquí? —pregunta desconcertada Hens.

—Dicen por ahí que sabes hacer postres —se dirige a mi acusadora.

—¿Yo? —agito las manos frente a mi para negarlo—, realmente no soy muy buena.

—Mientes —dice convencida mirándome fijamente—. Vendrás conmigo —sujeta mi mano y hace que me pare para que la siga.

—¡Alteza, no puede llevársela!, ¡está en su prueba de peinados!, ¡Alteza! —grita Hens.

Una niña de siete años no tiene la fuerza suficiente para que me lleve a rastras, pero me dejo llevar, ya estoy cansada de estar en estas constantes pruebas de peinados.

Clary me lleva por los jardines hasta la edificación moderna de donde Holder sacó su motocicleta. Entramos y llegamos hasta una habitación con paredes de vidrio y con una excelente vista al jardín, ahí en medio de varios lienzos cubiertos con telas y otros no, está Holder con su clásica ropa, pero en lugar de su chaqueta de cuero esta vez lleva un delantal manchado de pintura, aún no ha notado nuestra presencia.

Observó cómo va pintando concentrado, lo que sea que este pintando con los ojos clavados en el lienzo.

Sin previo aviso Clary grita:

—¡Bomberazo!

Holder se sobresalta y gira para ver a Clary,

—Pequeña, ¿qué sucede? —pregunta dejando sobre una mesa sus acuarelas y acercándose a ella.

—Bomberazo —repite más calmada.

—¿Bomberazo? —repito sin comprender lo que dice la pequeña vestida de blanco.

Holder al fin nota que estoy ahí y explica:

—Se refiere a una tarea que debe realizarse con urgencia —expone. Ve mi cara de desconcierto y dice— Clary ha visto varias series mexicanas y a aprendido palabras propias de allí —concluye.

Asiento.

—Exacto —dice tirando de mi mano y toma la mano de su hermano—Ven, hay un postre que no se va a hacer solo —intenta caminar, pero Holder no lo hace.

«Así que ese era el plan de Clary».

—Pequeña —dice soltando un suspiro— ahora mismo estoy trabajando— lanza una mirada a el lienzo abandonado.



Beth Sechs

Editado: 20.02.2021

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