Querido Cupido

Capítulo 27. Solo un momento hace falta para que todo se derrumbe.

Juntos nos adentramos en la moderna cocina acero inoxidable y armarios de roble que hacen juego con las encimeras y la barra que se encuentra en el centro. Todo está tan limpio, al parecer alguien viene a hacer todo esto y yo nunca me doy cuenta.

―¿Waffles?―asiento poniéndome en frente de la encimera.

Eros saca todos lo ingredientes de la nevera y coloca los utensilios necesarios delante de mí, se posiciona a mis espaldas presionando toda su anatomía contra la mía y pasa sus brazos por encima de los míos.

―No deberías de usar cosas tan provocativas en mi presencia, dulzura.―dice en voz baja y ronca cascando un huevo para echarlo en el recipiente―. Porque entonces tendríamos que lidiar con esto.―añade restregando su prominente erección contra mi trasero, toso atragantándome con mi propia saliva y mis hormonas femeninas inician su danza. ―Aunque debo de admitir que mis camisas lucen mejor en ti que en mí.―Vryzas pone el batidor manual en mis manos y coloca las suyas sobre las mías para comenzar a mezclarlos huevos y la leche.

―Me apetece tirar todo al suelo y tomarte sobre esta encimera.―expresa acariciando mi cintura con su mano libre y presionando más su dureza contra mí, me quedo sin habla y un familiar cosquilleo de excitación traza su camino hacia mi lugar más recóndito.

Cuando terminamos ponemos la mezcla dentro de la máquina para hacer Waffles y la cerramos.

―¿Cómo crees que sabrá el chocolate si lo como directamente de tu perfecto cuerpo?―insinúa poniéndome frente a él, desabrocha los primeros botones de la camisa y roza con las yemas de sus dedos mi piel expuesta. 

¡Oh por Dios! Aprieto mis entumecidos muslos con fuerza al ver como su mirada se torna en pura lujuria. 

―Basta, deja de provocarme.―protesto entrecortadamente.

―Detenme―me desafía subiéndome sobre la encimera y colocándose entre mis piernas abiertas. 

Sin aviso alguna se apodera de mis labios robándome un suspiro de satisfacción absoluta, nuestros labios se mueven de forma salvaje y hambrienta mostrando la necesidad que sentimos el uno por el otro, expresando todas aquellas palabras que no nos atrevemos a confesar. Eros roza nuestros sexos y gimo sin poder evitarlo. Separamos nuestros labios y yo acaricio la cálida piel de su pecho.

―Genova, te necesito.―gime guturalmente y yo asiento dándole toda mi aprobación, sabiendo que yo también lo necesito. Desesperadamente lleva sus manos a la cinturilla de mis bóxers y se aparta de mi para bajarlos hasta dejarlos caer sobre el suelo de la cocina.

―¡Oh, Madre mía lo siento tanto, señor Vryzas!―exclama una voz femenina interrumpiéndonos.

Espantada escondo mi rostro en el pecho de Eros quien suelta una carcajada, le doy un leve empujón manteniendo la mirada fija en mis manos ¡Que bochorno! El griego sube mi ropa interior y me ayuda a bajarme de la encimera.

―Buenos días Etna, esta es la señorita Sanders, mi secretaria. Genova ella es Etna mi ama de llaves.―el magnate oculta su evidente estado de excitación colocándome frente a él.

Una delicada mano se extendida en mi dirección, subo la mirada y muestro una sonrisa tensa mientras le devuelvo el saludo. Menuda manera de conocernos, que vergüenza ¡por Dios! ¿Qué clase de secretaria profesional se acuesta con su jefe?

Su inoportuna aparición ha sido un beneficio, estábamos a punto de mantener relaciones sexuales sin protección.

¡Todavía no estoy lista para ser madre! Hasta las cosas más importantes se me olvidan cuando estoy a su lado.

―Encantada señorita Sanders, espero que sea una secretaria duradera.―utiliza un tono alegre y amigable, le respondo con un asentimiento haciendo caso omiso a su insinuación.

―Puede decirme Nova.―Etna es una mujer de mediana edad con macados rasgos asiáticos. 

―¿Están cocinando algo? Porque creo que se está quemando.

―¡Mierda!―exclama Eros desconectando la Waflera, me río burlándome de nuestro descuido.

―¡Es tu culpa!¡Sino estuvieras distrayéndome con tus movimientos de sirena!―el calor sube a mis mejillas y la señora me brinda una cálida sonrisa. 

―No se preocupe, yo prepararé el desayuno.

Eros y yo salimos de la cocina y el poco autocontrol que tenía se pierde, río histéricamente, nunca pensé que algo así me ocurriría, es pura adrenalina ¡Pobre señora!

―¿Suele pasarte a menudo?―pregunto recuperando el aliento y la compostura. Imaginarlo a él con otra mujer me afecta indudablemente.

―No, solo contigo.―suspiro sintiendo como una oleada de alivio y paz recorren mi cuerpo.

―¿Satisfecha?―Eros abre la puerta con una sonrisa efímera y me da un pequeño empujón para que ingrese en el dormitorio donde la cama está impoluta otra vez y las cortinas retiradas para darle paso a la luz del sol. 

―Supongo.

Al ver que desde aquí también se puede ver el lago me estremezco, el magnate pudo haberme visto cada vez que salía semidesnuda a darme un baño ¿Pero, qué caso tiene? Él ya conoces cada centímetro de mi cuerpo.

Desearía no haber visto nunca su sonrisa, es mi perdición y me tiene atrapada en un laberinto sin salida.

―¿Hay algo más que pueda hacer para alimentar tu persistente curiosidad?―su expresión es vacilante. Me debato internamente, tengo tantas preguntas sin respuestas. 

―¿Las responderás todas?―Eros se sienta sobre la cama, apoya los codos sobre sus muslos acentuando cada uno de sus músculos y adoptando la pose más sexy que he visto en mi vida. Mi piel cosquillea pidiendo a gritos el toque del avellanado. Cupido levanta dos de sus dedos haciendo la característica seña de ven aquí ahora mismo.

Cautelosamente me acerco bajo su atenta mirada inquisitiva y cuando estoy a unos pocos centímetros de él, tira de mi brazo sentándome sobre su regazo. 

―¡Oh!―grito por la impresión, es una postura bastante íntima ¿Qué es el pudor después de lo que acaba de ocurrir en la cocina?



Shawtyonlyjb

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En el texto hay: amor, millonario, magnate

Editado: 22.01.2020

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