Resiliencia

Capítulo 11

2019

Miré mis manos, agotada. Tomé el jabón y comencé a restregar; antes y después de la cirugía este era el ritual donde se repasaba lo que se haría y lo que se hizo, al menos este era el mío. Observe a través del vidrío, el cuerpo de la Sra. Finch que yacía en la mesa de operaciones, sus signos vitales ya no se mostraban en el monitor, y el respirador había sido desconectado. Mi mente no paraba de dar vueltas.

En toda mi carrera no había perdido más de un centenar de pacientes. Ahora una persona más sería recordada junto con los nombres de sus familiares, durante mi lista de cada noche.

Parecería tétrico y casi morboso, pero era una especie de rutina que había adquirido luego de la muerte de Nina, una pequeña niña de 5 años, que fue la primera operación que hice a solas, fui una novata ambiciosa y perdí. Desde entonces mi taza de mortalidad era casi inexistente, no dejaba que ninguno muriera y durante 5 años, solo unos pocos lo hacían; entonces ellos se volvían parte de la lista, la lista que cada noche repetía para no olvidar las vidas que habían terminado en mis manos.

“¿Estás bien?” una voz a mis espaldas me distrae de mis pensamientos.

Cerré el grifo y giré para encontrarme con Tony.

“Supongo. ¿Qué sucede?” le dije tomando una toalla del estante para secarme.

“Solo quería saber como estabas” su voz me decía que mentía. Yo sabía porque estaba aquí, lo conocía y el me conocía lo suficiente como para saber que yo nunca decía como estaba después de una operación.

Lo miré con una ceja levantada. Una sonrisa inocente salió de sus labios.

“Mel, sé que dijiste que no querías atenderlos, pero ellos se niegan a irse y como médico no puedo echarlos”

“Entonces atiéndelos tú” dije sin ánimos de pelear. Caminé hasta la puerta para luego abrirla.

“No sé cuál es tu problema con ellos” dice a mi espalda.

“Ninguno” contesto con rapidez. Caminé aún más rápido para alejarme de él.

Siento sus pasos a mi espalda, esta vez parecía no querer darse por vencido.

“Dra. Gropius, no quiero volver a pedirle esto” hablaba enserio, no me había dicho Mel, eso quería decir que hablaba enserio.

*****

Respiré profundamente antes de que las puertas del ascensor abrieran. Necesitaba toda la fortaleza que la vida pudiera darme.

“A los miedos se les enfrenta, no se les huye” nos decía papá todo el tiempo a mi hermana y a mí. Pero los monstruos que Marietta y yo enfrentábamos de niñas, no eran ni la mitad de escalofriantes y peligrosos que los monstruos que yo debía enfrentar ahora.

Cuando la puerta metálica por fin abrió, un pasillo lleno de guardias volvió a alzarse ante mí, me dirigí a la habitación sin darles una sola mirada y en la puerta los dos guardias de siempre estaban en sus mismas posiciones, dos estatuas que cuidaban a un grupo de miserables que se creían importantes, como si de verdad a alguien le interesara hacerles daño. Aunque no me sorprendería si así fuera, personas como ellos tenían más enemigos que amigos.

Flynn abrió la puerta para mí, ninguno de los me miró directamente, ni yo a ellos.

La habitación estaba extrañamente vacía, solo estaba el cuerpo de Ryan en la cama, ni un alma más. No me daba buena espina, no sé como daban más miedo, si juntos o por separado.

Avance sin dudar hasta quedar frente a la cama, el hombre estaba con los ojos cerrados y todo su rostro de pronto me pareció lamentable, mentiría si dijera que una parte de mí no sentía gozo de verlo en ese estado; por fin la justicia divina de la que mi mamá hablaba constantemente, estaba haciendo algo.

Una sonrisa irónica salió de mis labios y eso fue suficiente para que unos ojos azules hicieran acto de presencia. El Sr. O’Reilly, enfocó su vista y al reconocerme, hizo amago para sentarse, pero estaba tan débil que ni eso podía hacer.

“No haga muchos esfuerzos Sr. O’Reilly, podría perjudicar su salud” dije casi con ironía.

Él no dijo nada, por lo que yo continué.

“No estoy aquí para decirle que atenderé su caso. Creo que sabe lo que hizo Kailee, y si antes no estaba dispuesta, ahora menos.” Tragué saliva “Debieron aceptar que el Dr. Aspen lo atendiera, aunque admito que me alegra que no lo haga ya”

Seguía sin darme una respuesta, sus ojos estaban fijos en mi rostro. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, esa mirada y esos ojos, me traían malos recuerdos. A pesar de que él ya no era imponente, ni la mitad de fuerte que antes, de pronto estar sola con él, estaba haciéndome entrar en pánico. No debía tenerle miedo, pero aquí estaba, haciendo todo lo posible para no hacer notar como mi cuerpo temblaba.

Parece que él estaba esperando que esto sucediera, porque lo siguiente que hizo fue hablar.

“Impresionante” a pesar de haberlo escuchado la primera vez que vino, su tono de voz era diferente al de esa vez. Era un tono que yo conocía a la perfección.

Levanté una ceja, pidiéndole silenciosamente que se explicara.

“¿Sabes que es impresionante, querida Mel? Todo lo que eres, es gracias a mí, eres mi obra maestra”



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En el texto hay: drama, mentirasydolor, amor y decepcion

Editado: 27.10.2020

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