Retorno al olvido

09. Interrogante

|| ᴍᴇɴᴛɪʀᴀs ʏ ᴇɴɢᴀñᴏs

De camino al elevador, me encuentro con Reymund. No sé qué hizo todo el tiempo que yo hablé con Maurice, pero parece dirigirse al mismo sitio que yo, porque presiona el botón del tercer piso nada más entramos.

—¿Cómo te fue?

Ahora yo, soy la que me encojo de hombros y eso parece hacerle gracia. Me siento molesta, pero no tenía que descargarme con alguien que no tenía la culpa, aún si Maurice es su mano derecha. 

—Ya veo —responde con una breve sonrisa. La hora del elevador ahora marcaba las 9:00 y me asombra darme cuenta del tiempo que estuve hablando con Maurice. Rey sigue mi mirada —. Es la hora del desayuno, ¿quieres ir al comedor?

Frunzo el ceño.

—¿Siempre lo dan a la misma hora? —cuestiono y asiente —. ¿Y la comida?

—Tres de la tarde y la cena a las nueve.

—¿A esa hora siempre me llevaban la comida?

—Sí.

—¿Cómo voy a saber en qué momento debo ir? —mascullo, recordando que no llevo ni celular o reloj con el cuál pueda mantenerme al tanto. Menos ahora que estoy mejor y soy capaz de caminar, nadie me llevará o anunciará la hora —. Me será difícil adaptarme a sus horarios.

Rey me mira unos segundos que se me hacen demasiado eternos y pronto lo veo sacarse el reloj de su muñeca. Me detengo cuando siento su mano ir a la mía, gira mi mano de modo que mi muñeca queda expuesta y lo pone en un movimiento. No me da mucho tiempo de detenerlo, pero sí para el momento se me haga embarazoso.

—No es necesario que... —comienzo, pero me detiene.

—Tranquila. —Me interrumpe y se encoge de hombros, pareciera que mi mortificación le parece graciosa porque me sonríe de lado, más como una sonrisa socarrona y eso solo me incomoda más —. Tengo más, Honor.

Aclaro mi garganta y me sorprende que él no se esté riendo. Solo sigue con su camino como si no fuera gran cosa, sale del elevador en cuanto este se abre.

—Está bien, gracias —musito.

Acompaño a Reymund hasta la cafetería, un lugar espacioso, donde es seguro cabe cientos de personas y no me extrañaría que en Heah haya miles de ellas, pues como me dijo Holand, hay tres edificios. Nos acercamos hasta una barra que contiene varios platillos y con la suficiente cantidad para que cada uno pueda servirse al menos una pequeña porción de él.

Rey me pasa una charola con un plato y cubiertos, me encargo de agarrar lo suficiente para matar mi hambre, agarro un agua y espero hasta que él termine. Hay mesas y bancos distribuidos a lo largo y ancho de todo el sitio, así que no nos toma mucho tiempo encontrar un lugar en el cual sentarnos. Casi suelto un suspiro cuando por fin puedo descansar de nuevo mis piernas, la herida comenzaba a doler. Noto que la cafetería parece aún vacía, los demás deben de estar saliendo de sus clases como para llegar a las nueve en punto.

Después de la plática con Maurice, me pregunto si yo al final, seré parte del alumnado y tomaré parte de las lecciones. Esta vez, no tengo idea de lo que me depara en este lugar.

—¿Qué haces cuándo no tienes a Maurice ordenándote cosas? —pregunto concentrada en mi charola.

—Entreno, que, por cierto, cuando estés cien por ciento curada, lo harás también. —Le ruedo los ojos y asiento, ese hecho me es indiferente —. Salgo a mi turno de vigilancia, a veces a misiones de rescate, como la que hice contigo... —¿Rescate de qué? ¿Todos huyen de lo mismo?, me pregunto, sin embargo, no lo exteriorizo —. Tengo permitido salir unos días a la semana, así que no estoy encerrado aquí todo el tiempo...

—¿No tomas clases?

—A veces —dice y arqueo una ceja —. Cómo te dije, llevo el suficiente tiempo aquí, ya no necesito asistir todos los días.

Quiero preguntar qué tipo de clases dan en este lugar porque no deben de ser cualquier cosa, pero sé que lo más probable es que no me revele nada al respecto, así que no digo más. Suelto un suspiro y regreso a la comida.

Alzo la mirada cuando ambos nos quedamos mucho tiempo en silencio.

Reymund mantiene los ojos entrecerrados, concentrado en algo que está por encima de mi hombro, sin embargo, sé que si me volteo es probable que no tenga sentido para mí.

—¿Estás bien? —pregunto porque parece fastidiado. Su mirada regresa a mi rostro, lo recorre unos segundos y vuelve a dar bocados de su plato.

—Los moretones en tu rostro apenas comienzan a desvanecerse.

Frunzo el ceño ante el evidente cambio de tema, pero acostumbrada a ello le sigo la corriente.

—Bueno, no fueron caricias precisamente —mascullo con una mueca sarcástica que le saca una sonrisa.

Se encoge de hombros, pero a intervalos su mirada regresa tras de mí. En algún punto, termina disculpándose y levantándose de la mesa. Me hundo más en mi asiento, pero no hago nada por averiguar lo que le sucede, siento algunas miradas sobre mí y no quiero saber que se tratan de personas que me odian por la tonta excusa que me dio Maurice más temprano, de modo que me concentro en lo mío. Son pocos los que se atreven a sentarse en la misma mesa que yo, aunque no me dirigen la palabra.

El hombro y mi pierna comienzan a dolerme tanto que, me mantiene encolerizada en todo momento. Al poco tiempo descubro que no todos son estudiantes, hay algunas personas mayores y niños que me hacen tragar en seco de tan solo imaginarlos en peligro.

Alrededor de las 9:45, la cafetería ya se encuentra llena, así que me apresuro en terminar a grandes tragos y mordiscos, porque seguro que alguien necesitaría un asiento y no creo que alcance para todos.

En el momento en que me pongo de pie, me giro para caminar a la salida, pero me congelo y el aire escapa de mis pulmones con lo que encuentro. No sé la causa por la que Rey parecía tan irritado antes de marcharse, no obstante, algo tiene que ver con él porque parece que hablan con seriedad y enojo. Ambos se miran y no prestan atención en rededor. Hablan tan cerca de una mesa que sé, Rey tuvo que interrumpir su desayuno.



Jana Lass

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En el texto hay: cienciaficcion, reencarnación, guerra y amor

Editado: 28.07.2020

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