Tú Secuestraste a Ana

Capítulo 3: Una nota

Despierto con un dolor descomunal que arraiga la mayor parte del cráneo. Vertiendo la confusión y suprimiendo la memoria, los recuerdos necesarios que me indiquen donde yazco. Abro los ojos con dificultad, acostumbrando a mis sentidos dar claridad en mi entorno. Lugar desconocido que me conduce  a un sendero a unos centímetros de distancia. Rodeada de árboles y depositada como desperdicio sobre aquella húmeda tierra.

Instintivamente me llevo una mano sobre la nuca cundo tratando de levantarme el dolor me limita a tener que adherirme junto a las hojas secas. Miro a todas partes preguntándome del porque llegue allí y cuando todas las causas se mezclaron con mi realidad.

No hice más que inquirir cuantas pestes hacia ese desconocido.

Hacia aquel que de seguro quiere acabar con mi existencia. No deseo esto, ningún hecho que me obligue a distanciarme de mi verdadero objetivo que es encontrar a Anastasia, pero si esto es lo que me ha hecho perder a mi razón, va siendo hora que le dé causa y enfrentamiento. Trato de arrastrarme para buscar las fuerzas de poder colocarme en pies.

Tropezando en el acto con un bulto que me hace impactarlo con golpe de bruces. Intrigada consigo encontrar algo que me ha detenido y entre la inspección jamás me hubiera dado cuenta que podría llegar a gritar tanto, con unas fuerzas que hace a los pájaros huir despavoridos.

Me arrastro hacia atrás, por un cuerpo que yace con claro obvio depositado muerto. Con macabro decapitado, sangre fresca desprende y se derrama alarmando a una muerte muy fresca revela y se derrama alarmando a una muerte casi cometida mientras estaba en la inconciencia. Jadeo alejándome por el olor a pura tierra mesclada con el carmesí e incluso defecación he de imaginarme, causado ante la barbaridad de un gran acto atroz torturado.

Miro a todos lados, el cuerpo comienza a temblarme y arcadas me vienen, trato de suprimirlas pero imposible me voy flexionada a devolver todo lo que mi estómago desee expulsar.

Llorosa me vuelvo un ovillo.

Que esto sea una pesadilla, no deseo estar aquí. No quiero.

Llevo mis manos a los ojos para ocultar lo que está ocurriendo, para no verlo y saber que estoy en la presencia de un homicidio.

Es una mentira.

Una pesadilla.

El cuerpo no está allí, no hay nada.

Es solo una ilusión.

Solo despierta Iaras.

Aferro las piernas a mis pechos, donde en posición fetal sollozo hasta que un ruido me saca de mi mal augurio para otorgarme un ente extraño del que despavorida niego inalcanzable veces.

- ¿Señorita? – el cuerpo me tiembla y siento temor de entrar en una especie de convulsión o shock a causa del impacto horroroso – es por aquí.

Acostumbro a mis ojos por el atardecer embargarnos, mas al hecho de que tengo una luz que sega mis retinas.

- ¿Dónde estoy?

- Tranquila – la voz de aquella persona me calma, uniformado. Guardando posiblemente un arma, camina hasta donde me encuentro para envolverme en un abrigo que saca de la nada.

- ¿Dónde estoy? –musito cansina.

- Debe estar en shock, la llevaremos. Inspecciona el cadáver.

El hombre me insta a caminar y con dificultad, lo hago, exhausta debido a la perdida de energía por el miedo, el vómito y a los llantos, soy arrastrada junto a ese hombre que puede hacerme daño como también ayudarme.

Hay sirenas, autos e incluso las mismas personas uniformadas, el hombre me abre la puerta de un vehículo y depositándome con cuidado lo último que veo es una cinta de precaución situada en el lugar del hecho antes de que se ponga en marcha.

Trataron de auxiliarme, inyectarme un calmante. Para después con calma, paciencia escucharme, estoy en una sala de interrogación, envuelta por una manta, con una taza de té que pude pedir para tratar de asimilar lo ocurrido desde que desperté en aquel lugar. Después de relatar del cómo desperté junto ese cadáver e indicar del porque llegue a un lugar que desconozco, junto a todas las rarezas que experimente.

La puerta se abre y el mismo hombre que me auxilio entra con una carpeta en manos.

- Muy bien señora Flamm ¿verdad? – asiento mientras toma asiento frente a mí – necesitamos hacerles unos exámenes.

- ¿Por qué? – lo miro confusa.

- Queremos asegurarnos de las causas que nos cuenta, porque tratamos de buscar información sobre su paradero de residencia y no hay alguna concisa – pestañeo.

Lo miro un poco con desconfianza, frunciendo el ceño extrañada.

- Perdón pero no entiendo lo que trata de decirme.

- Encontramos esto en el cadáver, la identidad pertenecía a un estudiante desaparecido hace días. Su nombre era Carlos Fontana de diecisiete años – desliza un papel manchado en sangre sobre la mesa de metal.

Me prohíbo en tocar el papel para no recordar el hecho, la sangre derramándose de su anatomía, la carne degollada, herida, color rojo vino y a la esencia de una fractura donde el hueso se me vislumbra conociendo la decapitación en venas desprendidas.

Cierro los ojos antes de leer el remitente.

Debes empezar por la injusticia para que la realidad se te esclarezca.

Trago grueso.

El causante que me ha golpeado puede estar implicado en este asesinato de un joven, un niño quizás inocente.



Bs. Rondón

#6629 en Thriller
#1695 en Terror

En el texto hay: misterio, suspenso y conflictos, policiaca

Editado: 07.10.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar