Casi Prohibido

Capítulo 3

Terminando el almuerzo me levanto pidiendo disculpas. Sin mirar a Nadie más que mi hermano y su esposa Amaia.
Llego a la habitación y doy vuelta ahi, pensando en que hacer para evitar encuentros con Alessia.
Tomo la decisión de salir de casa utilizando el pretexto de que iré a estudiar con Maykel, un compañero de la universidad.
Esta excusa me parece suficientemente como para no levantar sospechas entre los miembros de mi familia.
Agarró un abrigo y bajo las gradas, mi hermano y su esposo aun esta en la sala.
-Hermano -digo- Saldré un momento.
-¿Dónde vas?
-Ha casa de Maikel.
Bastian sabe que Maikel es un buen chico, con cero vicios, y concentrado en los estudios.
-Bien, maneja con cuidado, y no regreses muy noche.
Agarro las llaves de mi coche y me dirijo hacia la residencia de mi amigo.
Al llegar, no teniendo intención de estudiar, pasamos la tarde en una conversación amena, recorriendo los rincones de su hogar mientras degustamos un par de botellas de vino que su familia había traído recientemente de Italia.
El sabor del vino es exquisito, y sirve como telón de fondo perfecto para nuestra charla.
La tarde transcurre de manera agradable en compañía de Maykel y su pequeña familia, que consta únicamente de él y sus dos padres.
Me cuentan que su hermano mayor ya se ha casado y está a punto de convertirse en padre. Decidió mudarse a Italia dejando un grande vacío en ellos.
Mientras estoy en esa casa, Alessia no ha dejado de escribirme, llamarme. Decidí apagar el celular para que no continúe perturbando la paz que busco.
Cuando regreso a casa, me encuentro con el silencio en la sala de estar, lo que me significa que todos estén reunidos en el comedor.
Aprovecho la oportunidad para subir hasta mi habitación, con la intención de cambiarme de ropa y relajarme un poco. Sin embargo, apenas me quito la camisa, la puerta se abre de repente e ingresa Alessia, tomándome por sorpresa.
Sobresaltado y lleno de pánico, exclamo.
―¡Carajo! ¿Qué haces aquí?
El terror se apodera de mí ante la posibilidad de que alguien la encuentre en mi habitación y malinterprete la situación.
Mi mente comienza a divagar, cuestionándome si realmente hubiera algo que malinterpretar, considerando los eventos recientes entre nosotros.
Alessia, aparentemente despreocupada por las posibles consecuencias, me informa.
―Están cenando, estarán ahí unos minutos.
―Alessia, tienes que salir de aquí ―le digo mientras me dirijo hacia la puerta.
Ella, sin embargo, se interpone en mi camino.
Nuestras miradas se cruzan y siento una aceleración en mi pecho. No estoy seguro si es por los sentimientos confusos que experimento hacia ella o por el miedo a ser descubiertos en esta situación comprometedora.
―Sal, Alessia. Te dije que evitemos encontrarnos en casa ―le recuerdo
―Sí, pero quería verte. Te estuve llamando toda la tarde. No respondiste ―responde, acercándose peligrosamente.
Antes de que sus manos puedan tocarme, me alejo instintivamente, consciente de lo inapropiado de la situación.
Abro la puerta y, al comprobar que no hay nadie en el pasillo, le pido nuevamente que salga. Accede sin protestar, pero se detiene bajo el umbral. Cuando la miro, me sorprende con un beso rápido antes de salir corriendo.
A pesar de mi irritación por su imprudencia, no puedo evitar que una pequeña sonrisa se dibuje en mis labios.
Cierro la puerta con seguro para poder cambiarme tranquilamente. Una vez listo, me recuesto en la cama y comienzo a revisar mi celular, tratando de distraerme de los pensamientos sobre Alessia y la complicada situación en la que nos encontramos.
Estoy absorto en la pantalla cuando de repente tocan a la puerta.
―Joven, su hermano lo espera en el despacho ―anuncia la empleada desde el otro lado de la puerta.
Agradezco rápidamente a la empleada y me preparo para bajar, preguntándome qué querrá Bastián a estas horas.
Al ingresar al despacho, mi hermano me indica que tome asiento en el sillón frente a él.
―Didier, ¿ya cenaste?
-Lo he hecho hermano.
Guarda silencio y de pronto dice.
-Te noto extraño, ¿sucede algo?
Su pregunta me hace pensar en los eventos del día, y me debato internamente sobre si debo contarle lo que está pasando con Alessia.
Sé que, si le confieso la verdad, habrá sorpresa, pero también apoyo.
Estoy convencido de que mi hermano me respaldará sea cual sea la situación, incluso en algo tan delicado como lo que está sucediendo entre Alessia y yo.
Sin embargo, no estoy seguro de si eso es lo que realmente quiero. La idea de tener un noviazgo con alguien tan joven como Alessia me parece descabellada y potencialmente problemática.
Bastián interrumpe mis pensamientos.
―No te lo dije al llegar porque estaban los niños ―hace una pausa y me mira con seriedad―, pero al momento que ingresaste percibí el olor a licor y... Marihuana. ¿Estás bebiendo? ¿Te estás drogando, Didier?
―Claro que no ―respondo, manteniendo la mirada fija en él―. Sí bebí, pero solo unas dos copas.
― ¿Llevaste a Alessia a esa fiesta? ―pregunta, y asiento, recordando que nos vio llegar juntos― No deberías llevar a Alessia a esos sitios. Ella es una niña aún, ese ambiente en el que están tus amigos no es bueno para ella, y menos para ti ―vuelve a hacer una pausa antes de continuar―. No me gustan tus amigos, Didier.
―Sé que hice mal en llevar a Alessia. Debí venir a dejarla y luego ir ―admito―. En cuanto a mis amigos, sé que tienen malos vicios, pero te aseguro que no comparto lo que ellos hacen. Me he mantenido al margen de ese tipo de cosas.
― ¿Hasta cuándo? ¿Hasta qué te convenzan de que lo pruebes? ―me interrumpe antes de que pueda defender más mi posición― Mira, Didier, puedes tener todas las intenciones de no probarlo. Pero hay muchas formas de lograr que lo hagas, puede ser con tu voluntad o en contra.
Suspira y continúa.
-Cuando entras a ese círculo, todos quieren que disfruten como ellos, y si no lo haces por tu voluntad, lo harán de otra forma en la que no te enteres. Pero de que logran agregarte completamente al grupo, lo logran. Cuando una fruta está podrida, empieza silenciosamente a podrir a las demás, sin que estas tengan intenciones de podrirse.
Guardo silencio, sabiendo que aún no ha terminado de hablar.
―Didi, no quiero interferir en tus amistades, pero te aseguro que las que tienes no son buenas. Dime, ¿cuándo uno de ellos te ha invitado a un lugar y no ha estado de por medio el alcohol y la droga? ―humedece sus labios antes de continuar.
― Yo sé que tú no lo has hecho, que recientemente estás probando el alcohol, y eso me hace sentir orgulloso de ti, porque eres un joven centrado, que conoce lo bueno y lo malo. Pero cuando se está en un ambiente como el que tus amistades te ofrecen, se puede cambiar. No quisiera que eso pasara contigo, con mi hermanito menor.
―Entonces, déjame ir a Inglaterra ―digo sin preámbulos, viendo una oportunidad para cambiar mi entorno y alejarme de las complicaciones actuales―. Quiero ir a Inglaterra, hacer mi carrera allá.
Bastián se queda en silencio, mirándome con un atisbo de tristeza en sus ojos.
―Ya perdí a Jo, no quisiera perderte a ti ―dice finalmente, refiriéndose a nuestra hermana que decidió rehacer su vida lejos de nosotros.
―Hermano, no me perderás ―le aseguro―. Vendré en las vacaciones, estaremos hablando a menudo, además, regresaré cuando culmine la universidad. Pienso involucrarme en la cadena hotelera, no pienso dejarte solo en esto.
Se lo piensa por un momento antes de responder:
―Está bien, prepararé todo para tu cambio a Inglaterra.
Me levanto y, sin dudarlo, lo abrazo fuertemente.
―Gracias, hermano. Gracias por esta oportunidad.
Me devuelve el abrazo con igual intensidad.
A mis dieciocho años, me siento inmensamente afortunado y agradecido por tener un hermano como Bastián.
Aunque no tengo padres, lo tengo a él, y es todo para mí. Todo lo que tengo. Tenía a mi hermana Joanne también, pero ella decidió rehacer su vida lejos de nosotros, con el amor de su vida. Sin retorno. No puede haber visitas ni comunicación. Su esposo es un exmarino involucrado en el narcotráfico, pero decidió retirarse fingiendo su muerte, y nadie puede saber que sigue vivo.
Desde que Joanne se fue, solo somos Bastián y yo, aunque por supuesto, también está el resto de la familia. Pero en cuanto a hermanos, solo quedamos nosotros dos.
―¿Crees que en Inglaterra puedas evitar esa clase de amigos? ―me pregunta al separarnos.
―Por supuesto, hermano. Me conseguiré puros amigos sanos ―le prometo, y volvemos a abrazarnos.
---
Esa noche, me resulta imposible conciliar el sueño. No puedo dejar de pensar en la posibilidad de que Alessia pueda intentar colarse en mi habitación nuevamente.
Su imprudencia y falta de consideración por las consecuencias me preocupan.
Aunque es joven y quizás no comprende plenamente la gravedad de sus acciones, no puedo evitar sentirme responsable por la situación en la que nos encontramos.
Alessia siempre ha sido una chica caprichosa, el tipo de persona que cuando se le mete algo entre ceja y ceja, no hay quien se lo saque hasta que logra cumplir su deseo.
Es precisamente por eso que siento que debo irme, alejarme lo más posible.
No estoy seguro de lo que ella realmente siente por mí, si es solo un capricho pasajero o si hay un sentimiento más profundo de por medio.
En cualquier caso, la situación familiar hace que cualquier tipo de relación entre nosotros sea completamente inapropiado.
---
A la mañana siguiente, me levanto temprano y me preparo para ir a la universidad.
He decidido no perder clases hasta que mi hermano arregle todos los detalles de mi estancia en Inglaterra. Sé que el proceso puede llevar semanas, tal vez incluso meses, y no tengo intención de quedarme en casa esperando, especialmente con la situación actual con Alessia.
Cuando bajo las escaleras, me encuentro con Alessia ya en la sala. Ella me mira con ojos brillantes, llenos de expectativa, pero yo aparto la mirada rápidamente y evito cualquier tipo de contacto visual o físico con ella.
―Didier, me dijo tu hermano que has decidido irte a Inglaterra ―comenta Amaia de repente.
Instintivamente, dirijo mi mirada hacia Alessia y noto cómo el brillo de felicidad en sus ojos se transforma en una sombra de tristeza ante las palabras de su madre.
―Así es, me voy a Inglaterra ―confirmo, intentando mantener un tono neutral a pesar de la mezcla de emociones que siento en ese momento.
Por un lado, estoy emocionado por la oportunidad de estudiar en el extranjero y alejarme de las complicaciones actuales. Por otro, no puedo evitar sentir una punzada de culpabilidad al ver la reacción de Alessia.
Sin embargo, sé que esta decisión es lo mejor para todos. Necesito tiempo y distancia para aclarar mis emociones, y Alessia necesita la oportunidad de madurar y experimentar la vida sin la complicación de nuestros encuentros furtivos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies.