DOS SEMANAS DESPUÉS
- ¿Cuánto crees que tardará el veredicto? - Preguntó Beomgyu.
No tenía ni idea de cuánto tiempo llevaban esperando, pero le parecían horas. No había relojes en el dormitorio negro y rosa intenso de Niki, sólo montones de ropa; columnas de libros y pilas de armas. Tenía cierto aire a la estética de los bastidores de la jaula de las locas, pero durante las últimas dos semanas, Beomgyu había pasado el tiempo suficiente entre aquella reluciente confusión para comenzar a encontrarla reconfortante.
Niki, junto a la ventana con Iglesia en brazos, acariciaba distraído la cabeza del gato. Iglesia lo miraba con torvos ojos amarillos. Al otro lado de la ventana, una tormenta de noviembre estaba en pleno apogeo, y la lluvia resbalaba por el vidrio como si fuera barniz.
- No mucho más. - Contestó Niki lentamente.
Beomgyu, sentado en la cama de Niki entre un montón de revistas y una repiqueteante pila de cuchillos serafines, tragó saliva con fuerza para sacarse el sabor amargo que le subía por la garganta.
"Vuelvo en seguida. Cinco minutos."
Eso había sido lo último que le había dicho al chico que amaba más que a nada en el mundo. En ese momento pensaba que tal vez había sido lo último que hablarían.
Beomgyu recordaba perfectamente ese momento. El jardín del tejado. La cristalina noche de octubre, con las estrellas ardiendo de un blanco helado en un despejado cielo negro. Las piedras del pavimento marcadas con runas negras, salpicadas de icor y sangre. La boca de Yeonjun sobre la suya, lo único cálido en un mundo tembloroso de frío. Colgarse el anillo Lee del cuello. "El amor que mueve el sol y todas las otras estrellas." Volverse para buscarlo con la mirada mientras el ascensor se lo llevaba, arrastrándolo de nuevo hacia las sombras del edificio. Se había reunido con los otros en el vestíbulo; había abrazado a su madre, a Minho y a Jake, pero parte de él, como siempre, se había quedado con Yeonjun, flotando sobre la ciudad en aquel tejado, los dos solos en la fría y brillante ciudad eléctrica.
Kibum fue el que entró en el ascensor para reunirse con Yeonjun en el tejado y ver los restos del ritual de Asa. Pasaron otros diez minutos antes de que Kibum regresara, solo. Cuando las puertas se abrieron y Beomgyu vio su rostro, blanco, serio y agitado, lo supo.
Lo que había pasado después había sido como un sueño. El grupo de cazadores de sombras del vestíbulo había ido hacia Kibum; Kai se había separado de Soobin, y Niki se había puesto en pie de un salto. Ráfagas de luz blanca cortaron la oscuridad como los resplandores de los flashes de las cámaras en una escena del crimen, cuando, uno tras otro, los cuchillos serafines fueron iluminando las sombras. Beomgyu se abrió paso y oyó la historia a trozos: el jardín del tejado estaba vacío; Yeonjun había desaparecido. El ataúd de cristal que había contenido a Jisung estaba destrozado; había trozos de vidrio por todas partes. Sangre, aún fresca, goteaba del pedestal donde había estado colocado el ataúd.
Al instante, los cazadores de sombras comenzaron a hacer planes, a dispersarse en círculo y registrar el área alrededor del edificio. Soobin estaba allí, con chispas azules en las manos; le preguntó a Beomgyu si tenía algo de Yeonjun con lo que pudiera rastrearlo. Como atontado, él le dio el anillo Lee y se retiró a un rincón para llamar a Jake. Acababa de colgar el teléfono cuando la voz de uno de los cazadores de sombras se oyó sobre las otras.
- ¿Rastrearlo? Eso sólo funcionará si aún sigue vivo. Con toda esa sangre no es muy probable...
De alguna manera, eso fue la gota que colmó el vaso. La prolongada hipotermia, el agotamiento y el shock le pasaron factura, y se le doblaron las rodillas. Su madre lo cogió antes de que llegara al suelo. Después de eso, todo fue una oscura confusión. Se despertó a la mañana siguiente en su cama en casa de Minho; se incorporó de golpe con el corazón disparado, convencido de que había tenido una pesadilla.
Mientras salía de la cama, los pálidos morados en las piernas y los brazos le contaron una historia diferente, al igual que la falta de su anillo. Se puso unos vaqueros y una sudadera, y se tambaleó hasta el salón donde encontró a Taemin, a Minho y a Jake sentados con expresiones sombrías en el rostro. No le hacía falta preguntar, pero de todas formas lo hizo.
- ¿Lo han encontrado? ¿Ha vuelto?
Taemin se puso en pie.
- Cariño, sigue desaparecido...
- Pero, ¿no está muerto? ¿Aún no han encontrado el cuerpo? - Se desplomó en el sofá junto a Jake. - No, no está muerto. Yo lo sabría.
Recordaba a Jake cogiéndolo de la mano mientras Minho le explicaba lo que sabían: que Yeonjun seguía desaparecido, y también Jisung. La mala noticia era que la sangre del pedestal la habían identificado como la de Yeonjun. La buena noticia era que la cantidad era menor de la que habían creído; se había mezclado con el agua del ataúd y por eso habían tenido la impresión de que era más de lo que era en realidad. Por el momento pensaban que era muy posible que hubiera sobrevivido a lo que fuera que hubiese ocurrido.
- Pero, ¿qué ha ocurrido? - Preguntó Beomgyu.
Minho meneó la cabeza, mirándolo con sus oscuros ojos sombríos.
- Nadie lo sabe, Beomgyu.
Él sintió como si la sangre se le hubiera transformado en agua helada en las venas.
- Quiero ayudar. Quiero hacer algo. No puedo quedarme aquí sentado mientras Yeonjun está desaparecido.
- Yo no me preocuparía por eso. - Dijo Taemin muy serio. - La Clave quiere verte.
Un hilo invisible se le quebró a Beomgyu en las articulaciones y los tendones mientras se ponía en pie.
- Muy bien. Lo que sea. Les diré cualquier cosa que quieran saber si encuentran a Yeonjun.
- Les dirás lo que quieran saber porque tienen la Espada Mortal. - La voz de Taemin sonó desesperada. - Oh, cariño, lo lamento tanto...