El cielo del Olimpo se convirtió en un campo de batalla. Las aeronaves volaron desde la plataforma del complejo oeste en busca de a quienes rescatar. El aire estaba plagado de goldorinos que con sus horripilantes aspectos buscaban estrellarse contra los medios de escape. Los rebeldes abrieron las escotillas traseras de las naves y les dispararon. Muchos monstruos cayeron al suelo destrozados por el impacto de las balas, mientras los que seguían vivos se arremolinaban en el cielo dando vueltas sobre las naves.
Los goldorinos que llevaban lingotes de oro los dejaron caer sobre las aeronaves sin mucho efecto sobre ellas. Aun así, una de recibió un golpe directo a las hélices, dio vueltas en el aire mientras los pilotos trataban de estabilizarla. El motor de la hélice afectada explotó, segundos después lo hizo otro por el sobrecalentamiento. La nave impactó contra el suelo estallando.
Las otras naves descendieron sobre el pastizal, los rebeldes saltaron fuera de ella y comenzaron a disparar al cielo derribando más criaturas mientras otros subían. Las primeras en llenarse más allá de sus capacidades emprendieron el vuelo fuera del olimpo, pero antes de poder alejarse lo suficiente fueron atacados por una masa oscura que los impactó en más de una ocasión. Cayeron sin control, decenas de rebeldes perdieron la vida al momento de la explosión.
Esteban de Luca voló con la vista en los aerodeslizadores que planeaban alzarse para escapar. Se deslizó hacia uno de ellos a toda velocidad, preparó su espada para destruirlo, pero antes de poder cortarla fue atrapado. Raíces espinosas salieron del suelo y lo sujetaron con fuerza. El enloquecido chico alzó la vista entre forcejeos y vio a Santiago frente al aerodeslizador que estaba a punto de destruir. El muchacho movió sus brazos hacia abajo. Las raíces jalaron a Esteban tierra adentro del Olimpo.
—¿Kevin? ¿Zeth? —llamó por el comunicador. Se adentró en la nave y esta despegó a gran velocidad—. ¿Tienen respuesta de Marey?
—Estoy en camino —respondió Zeth volando a toda la velocidad que le permitieron sus alas negras.
—Sigo buscándola —anunció Kevin mientras corría por los pasillos del complejo central—. Envíen una aeronave aquí, estaremos fuera en cualquier momento.
—Vamos en camino —El Mike respondió el llamado—. Estaremos ahí en dos minutos.
Kevin cortó la comunicación y siguió atravesando paredes. Cruzó el complejo de pies a cabeza, llegando a lugares destruidos, enfrentó al ejército de la paz en distintas ocasiones, acabándolos con sus navajas de plasma. Comenzó a desesperarse, Marey no respondía su comunicador por más que gritara. Sanit estaba ahí, era un peligro para cualquiera que no fuera él. Siguió de largo por un corredor hasta que su sombra se detuvo y le indicó una puerta de madera. La atravesó sin pensarlo dos veces. Paró su andar al ver a Sanit y al hombre que debería ser Dunkel.
Se movió con cautela, sin despegarle el ojo a ambos, en especial al Dunkel que temblaba mientras humo salía de sus prendas quemadas. Sintió algo bajo sus pies al dar un paso a un lado, algo blando y pegajoso. Volteó la mirada con los ojos bien abiertos. No tuvo palabras para definir el dolor que lo paralizó. Su primer instinto fue llamarla por su nombre, pero las palabras no salieron.
Al mismo tiempo, viendo por las cámaras, en la ASC el impacto fue igual de fuerte. Andrea retrocedió con una mano en la boca y otra buscando algo en lo que detenerse. Dejó de escuchar los quejidos de esfuerzo de los demás, los disparos y explosiones también desaparecieron. Se dejó caer de rodillas al suelo y rindió su cuerpo ante la culpa, «¿Qué había hecho?».
—¡Marey!
Las miradas de los presentes voltearon hacia las pantallas. Los que escucharon el grito por el comunicador detuvieron sus actos. Fue el segundo más largo en la vida de Andrea. Frente a sus ojos vio a Marey en el suelo, con un agujero en el pecho y un brazo quemado.
Uno de los muros del cuarto de Dunkel explotó en pedazos con la llegada de Zeth. El no-muerto atravesó la pared sin importarle que hubiera de aquel lado. Su expresión irradiaba odio, uno que creció al ver a Marey muerta. Volteó a todos lados, vio a Kevin que se había dejado caer de rodillas frente a Marey, del otro lado de la habitación a Sanit y a Dunkel. Supo de inmediato que se trataba de él, su aspecto y la sonrisa con la que lo miraban los delataban.
Se lanzó al ataque, apretando su guadaña con más fuerza de la necesaria. Sanit se interpuso en su camino, de pronto Zeth dejó de moverse a voluntad. El impulso que llevaba lo hizo golpear contra la pared detrás de ellos. Luchó por moverse, pero su cuerpo no reaccionaba a sus órdenes. Debía ser obra de Sanit, ya había experimentado eso en la isla de los Ludenks.
—¡Malditos! —gritó lleno de coraje—. Tan pronto me levante les arrancaré la cabeza a ambos.
—Los hijos de Isa están llenos de energía, ¿no lo crees, Sanit? —habló Dunkel a su sirvienta. El hombre se puso en pie con un quejido. El último ataque de la chica logró lastimarlo. Era un dolor que sintió en dos ocasiones, cuando enfrentó al líder de los Ludenks en su mundo y cuando los hijos de Isa lo encarcelaron.
—En efecto, amo Dunkel —respondió Sanit—. Señor, este joven y su Ludenk son los que derrotaron a Bloodmon. También es poseedor de su anillo.
—¿Este chico? —Dunkel volteó hacia Sanit, pensando que su sirviente le jugaba una mala broma, pero la seriedad en el rostro de ella le dejó claro que no era ninguna broma—. Vaya que eres especial y poderoso.
Editado: 26.09.2026