Dynasty Of The Damned: The Fallen Sun

CAPÍTULO 2: JUSTICIA

La noticia del suceso con los varkai se expandía por Solmara, llegando incluso a Vaelis, entre quienes ya se comentaba que dichas acciones por parte de algunos valen no eran novedad.

Vaelion, quien se encontraba en el distrito Vaelis, la zona donde habitaban los hemaryn, tras haber completado su jornada de entrenamiento, regresaba a casa para un merecido descanso. Ingresó por la puerta, aún metido en sus pensamientos.

"¿En verdad esos soldados habían cometido tales acciones?"

"¿Por qué?"

—Madre, ya... regresé.

Ingresó dejando su espada a un lado de la puerta.

Caminó en dirección a la pequeña pero cómoda sala de estar que tenía su casa.

Vio a un hombre. Era Loah Vane, el líder y vocero de los hemaryn.

—Señor Vane.

—Vaelion, ¿cómo te va?

La madre de Vaelion apareció con comida.

—Le va muy bien.

Dijo con una sonrisa en la cara.

—Es uno de los mejores soldados en formación del ejército de Solmara.

Continuó mientras repartía algunos bocadillos.

Vaelion solo sonrió y ayudó a su madre.

—Si no me equivoco, cumples dieciocho la siguiente luna, ¿no es así?

Vaelion asintió.

—Vaelion, vine justamente para hablar de algo contigo.

Vaelion lo miró confundido.

—¿Conmigo? ¿Sobre qué?

—Quiero que seas quien tome mi lugar cuando yo deje mi cargo.

Vaelion no respondió. Al contrario, se quedó como piedra. Su boca se entreabrió, pero no emitió palabra alguna.

Ante eso, Loah habló.

—Te he visto y creo que tienes las habilidades necesarias para eso.

—Me siento halagado, pero no creo que...

—¿Por qué no?

Vaelion bajó la mirada.

—Mi plan era convertirme en soldado y servir a Solmara como general del príncipe Nyros.

—¿Por qué no servir a Solmara y a los tuyos, al lado de Nyros?

Loah dijo mientras una sonrisa se formaba en sus labios.

—Pienso que eres un joven especial, uno que no debe estar bajo la sombra de un valen.

—...

Vaelion no respondió.

—Piénsalo. Si te conviertes en soldado, seguirás órdenes de un valen.

Loah buscó conectar con los ojos de Vaelion.

—Los valen no nos ven como iguales... Ellos nos temen y por eso buscan controlarnos.

Nuevamente, el discurso de la superioridad de los valen sobre cualquier otra raza.

Quizás era ese ego valen que había corrompido a aquellos soldados para que cometieran dichos actos. Pero Vaelion se negaba a verlo de esa forma.

—No es así... Nyros y yo...

Loah lo interrumpió.

—Si abres los ojos... te darás cuenta de que eres el único que convive con un valen.

Aquellas palabras dejaron pensando a Vaelion, tanto que lo dejaron sin poder dormir gran parte de la noche. Ya que, para Vaelion, Nyros era su mejor amigo, que lo veía como su igual. Al lado de Nyros, Vaelion no se sentía menos ni encerrado. Y sabía que a Nyros le importaba Solmara, por lo que, en su mente, el futuro de todos, su futuro, no corría peligro.

A la mañana siguiente, Vaelion se encontraba mirando toda Solmara por el disco de Vaelis... Le gustaba ese lugar porque tenía la vista de toda la nación, la nación que tanto amaba.

Pero no estaba solo.

Nyros lo acompañaba a su lado.

—Nyros, ¿qué piensas de los hemaryn?

Nyros lo miró como si no esperara una pregunta como esa.

Levantó la vista, como si meditara su respuesta.

—Pienso que...

Vaelion lo miró con total interés.

—Son muy pálidos. Mírate, pareces enfermo. ¿Acaso no dormiste bien?

Dijo Nyros con una sonrisa burlona para acercarse a Vaelion, quien solo lo empujó en tono de juego.

—Tonto.

Dijo Vaelion entre risas, pero sin haber sacado aquella pregunta de su mente.

—Pienso que son asombrosos.

Vaelion lo miró.

—Para ti quizás no sea la gran cosa, pero para mí, el simple hecho de poder sanar las heridas con un simple toque es mágico. Y qué puedo decir de las habilidades mentales. Los hemaryn son poderosos, Vaelion.

Conmovido por las palabras de Nyros, Vaelion sonrió. Nyros, por su lado, pasó su mano al hombro de Vaelion mientras que con la otra señaló a toda Solmara.

—Por eso tienes que estar conmigo cuando adquiera el trono. Juntos llevaremos a Solmara a lo más alto.

Vaelion miró el paisaje, el reino que Nyros le prometía gobernar con su ayuda.

Por la tarde, cuando estaba en la arena de entrenamiento militar, Vaelion se quedó guardando las armas, pero el sonido de los metales fue reemplazado por golpes secos, como si hicieran caer unos sacos al suelo, pero acompañados de unos gemidos de dolor.

Dejó lo que hacía y se acercó para ver de qué se trataba.

Al asomarse, vio a un par de soldados valen. Uno de ellos tiró del cabello de un hemaryn que también era soldado, quien estaba en el suelo, y el valen le propinó otro golpe, provocando que este cayera por completo al suelo.

Vaelion irrumpió.

—¿Qué hacen?

Los dos valen lo miraron. Mantuvieron una mirada seria, apretaron la mandíbula y alzaron la vista mientras caminaban hacia él.

—No es tu asunto.

Vaelion no los miró. Miró al hemaryn tras ellos, que apenas levantaba la cabeza. Su ojo izquierdo apenas podía verse; estaba hinchado y tenía sangre saliendo de la ceja y de los labios. Aun así, miró a Vaelion. Él sabía que lo miraba y, aunque no hacía falta que dijera algo o leyera su mente, el hemaryn en el suelo le estaba pidiendo ayuda.

En ese momento, las palabras de Loah invadieron su mente.

"Cuando abras los ojos..."

¿Acaso tenía razón?

¿En verdad era el único que convivía con un valen sin problema?

Vaelion sintió algo en su cuerpo arder. Presionó los dientes, negándose a aceptar que esa escena en verdad formaba parte de la Solmara que él tanto amaba.

Recibió un empujón en el hombro que lo obligó a mirar a quien lo había hecho.

—¿No escuchas? Te dije que desaparezcas.




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