Entre los guerreros era el monstruo más noble y valiente, entre los humanos era el más cruel y maldito.
De apariencia inquebrantable y normal para los guerreros.
De apariencia transparente para los seres mágicos.
Este guerrero como otros tantos desde pequeño sufrió la guerra, bandos divididos y malas decisiones, aprendió a sufrir y vivir en ella, a una edad justa para las injusticias comenzó a luchar en la tropa de ´´´Los mundos perdidos´´ nunca tuvo opción todos ellos eran guerreros grandiosos, magnificas bestias con habilidades únicas y dones extraordinarios el único ´´pero´´ que les habitaba a estos seres es que la mayoría del tiempo sus mentes descansaban perdidas en un mundo extraviado.
Ellos sabían lo que hacían en cada decisión que tomaban la ignorancia no era excusa y el guerrero no era la excepción, ellos estaban perdidos, no locos. Él siempre fue consiente de las batallas que luchaba y las victorias que perdía, aun así, el eligió permanecer a esta tropa, su destino estaba escrito por puño, letra y decisión por el mismo guerrero de cristal.
Con el tiempo la guerra era cruel, fría, despiadada y duraba años en acabarse, pero no solo eso, ella, la guerra, era prestamista de sueños, embaucadora de verdades, proveedora de obstáculos y silenciadora de palabras de ayuda. Ella te fortalecía a ratos solo cuando ocupaba que ganaras reinos, tronos y libertad, prometiendo repartir todo lo ganado entre todos, esto él lo viviría, pero realmente aprendería a ganar todo lo que tenía valor para los demás y perder su valiosa libertad, el primer crujir se sentía ya en su escudo inquebrantable.
El guerrero de cristal regreso de la guerra entero pero un poco fracturado y remendado como las antiguas piezas de porcelana que al romperse por la guerra eran remendadas con oro, gano un trono de un reino olvidado y se lo entregaría a un príncipe pues un trono reclama un rey, uno sabio para su corta edad y bastante infantil para el humor que necesita una larga y soberana vida.
También gano un castillo dorado como el oro adornado con 195 soles y 195 lunas, montañas llenas de árboles frutales, una cascada de agua cristalina y un cielo lleno de nubes altas llenas de cristales de hielo que se los obsequiaría a una princesa valiente y aventurera que supiera que hacer con ese magnifico tesoro.
Entregaría todo lo ganado pero no su rendición, como fiel guerrero no entregaría su armadura, su espada y el oro que lo ayuda a reconstruirse, era mucho el peso, pero el soportaría aun cuando esto quebrara más su fragilidad de cristal.
Él ya estaba quebrado, las guerras por las que luchaba lo fracturaban cada vez más, temía que el KINTSUGI no fuera suficiente ahora que por fin tenía su victoria, a diferencia de muchos su felicidad dependía de cuanto ganaba, de cuanto tenía y cuanto perdía.