Su último quiebre llego.
Sucedió la última fractura, sucedió a mitad de la batalla sus débiles gritas no pudieron más, el oro que lo sostenía lo abandono y dejo que se rompiera en pedazos, lo intento durante un tiempo hasta que logro ponerse de pie gracias a las líneas doradas que quedaban, ni las líneas doradas que lo unían logro que lo vieran reconstruido, fragmentado, roto, remendado, acabado, a vista de todos quebrado y dentro de poco extinto.
Caminaba por las calles de los mundos sin ningún tipo de reconocimiento, volvió a su reino a tratar de recuperar al menos algo de lo que dejo atrás, llego y su terquedad no funcionaba en nadie, su maldad ya no maldecía a nadie, su locura ya causaba risas y entonces entendió. Sucedió, el guerrero de cristal entendió que su príncipe algún día seria rey del trono olvidado que el mismo le haba otorgado y tendrá el poder de liberar a su ninfa mágica de cualquier cadena y torre que la aprisione, entendió que su princesa aun viviendo en castillos siempre se sentiría encerrada en una torre, pues siempre se sentiría encadenada al cautiverio de su madre.
Como guerrero tomo la última decisión dejar las tropas de ´´los mundos perdidos´´ y ser libre para cambiar, remendar sus errores y ser aceptado en el reino de los humanos difícil, si, le fue difícil, le tomaría tiempo, si y mucho. Penso en luchar por lo que apenas quedaba por lo que ya casi se extinguía, lo lograría tan fácil como lo pensaba. No.
Claro que no.
Llego a ese lugar que dentro de su corazón lo sentía como hogar, llego, pero no había nadie, las ventanas abiertas, los pisos limpios, las camas tendidas, la ropa doblada, zapatos acomodados, la mesa puesta para comer, la cocina sola y una olla de sopa ya seca y con olor a podrido es lo que encontró, giro esa silla donde su ninfa siempre se sentaba a leer y lo único que encontró fueron las cadenas que la retenían y un pedazo de hoja con una nota escrita.
Se sintió derrotado, traicionado, sin poder, sin una ninfa a quien dominar, sin un príncipe que admirara sus técnicas de caza y guerra, sin ser el guerrero favorito de su princesa, ya nadie lo miraba igual.
Pero como el ser terco que era no se dio por vencido y comenzó a modificar sus técnicas para convertirse en eso que nunca pensó ser, un hombre normal. Se preguntaba si valdría la pena ese era su propio chantaje así se convencía de seguir siendo el mismo de antes solo que ahora se contestaba con el corazón y desde el dolor y el ego, si claro que vale la pena ver a mi hijo preguntar porque y para que, de todo como buen líder, claro que, si valdría la pena ver a su princesa saltar, correr y escalar montañas que gane para ella, valdrá la pena al ver la libertad de mi ninfa mágica para sonreír. Decidió liberarlo todo y empezar de nuevo.
Aun consiente de su realidad la posesividad no se iría del todo, él pensaba como los hombres, pero terminaba actuando como los cobardes.