Sinchi no dejo de ver a Lucas y luego a Micaela. Sin hablar o reaccionar, salió corriendo.
La joven, por su lado, dio un paso preparada para salir corriendo cuando la mano de Lucas la jalo hacia atrás, su mano firme sobre el asa del estuche.
― llámalo, ahora ― ordenó furioso.
― ¿Quién te crees para mandarme? ¡Ah!
En el grito, Micaela se alejó. Arregló su chamarra y le dio una corta mirada al patio. En busca de Sinchi.
— Que horror — recrimino— así habla profesor a una inocente estudiante ― redujo sus tartamudeos mientras acariciaba sus brazos.
— Te quedas hasta que tu hermano regrese.
Sin alzar la voz, solo con una hábil mirada sobre la joven bastó para tensionar los hombros de Micaela.
En silencio y sentada sobre una de las grandes rocas de la entrada, sus ojos volaron por cada extremo sin noticias de su acompañante. Hubo veces que quiso escapar.
Lo intento varias.
Pero cada vez que su mirada rondo a Lucas, el hombre la fulmino con una simple sonrisa altanera.
— Déjame decirte que mala impresión das, no pensaste en cómo te verían una vez que pisaras la escuela? —preguntó, el enojo atravesó sus ojos cuando acomodo su cubrebocas.
En un corto movimiento, inclinó su cabeza y subió aquella tela blanca. Rápido y certero, pero Micaela pudo ver una ligera distorsión en los iris grises del pelirrojo.
— ¿No dirás nada? ¿y tus padres?
— ¡Jhm!
Gimoteo Micaela una vez volteo su cuerpo de nuevo al patio. Revolvió sus pies juguetona mientras su respiración se fundió con fuerza, inhalo y exhalo.
De vez en cuando vio la sombra de Lucas antes de silbar.
Cortos y parecidos a los de una ave que terminaron en agudos tintineos que retorcieron el cuerpo y la sombra de Lucas. Se inclinó y sacudió la cabeza.
— cállate — hablo enojado aun con su mirada baja—. Te dije que te callaras
Volteo a Micaela.
— oh ... claro, perdón — aun con una sonrisa, Micaela, presiono su estuche contra su cuerpo— como se llama?
— Lucas — respondió él aún con dolor mientras revolvía su cabello hacia atras y sus ojos sobre las manos de la joven al acomodar el estuche en su espalda— y t-
— hablaba del otro — intervino Micaela.
Una ceja alzada y tono divertido, espero por la respuesta. sin embargo, su mirada desapareció cuando el pelirrojo señaló con su pulgar hacia ambas estudiantes
— No, hable de eso dentro de ti? tus ojos distorsionados y tu “cállate” para quien está dentro de ti. Estás infectado, ¿no?
Cubierta por gafas de sol negras y un tono amigable casi divertido, la tranquilidad de Micaela incómodo al profesor.
— ¿cómo sigues vivo? ¿Eres un Chamán o curaca ? — ella continuó, sin dar tregua al sobresalto del hombre.
— ¿De qué rayos hablas? — gruñó Lucas.
Micaela se levantó de un salto, una gran sonrisa emocionada estalló en su rostro.
— tu, no puedes resistir el sonido contra los monstruos. eres exactamente lo que he estado buscando por tanto tiempo — emocionada intentó sin éxito tomar las manos de Lucas— debes venir conmigo.
Lucas dio dos pasos atrás.
— No estoy interesado en ir a prisión. Aléjate de mí.
— no , no me refiero a eso — una ligera risa creció en Micaela. Alzó sus manos — eres un infectado, yo puedo curarte.
— ¿Qué?
Su rostro se deformó en shock. Desvió a ver por un segundo a su alrededor, aseguro que nadie escuche la conversación.
— Conozco una forma, te lo juro. Es algo experimental pero es más seguro que tener que escuchar esa demoniaca voz todos los días, ¿no?
Sin alzar la voz, sin llamar la atención. Lucas se asustó, volteo alrededor y acarició su cien tratando de calmarse asi mismo. Mientras tanto, a lo lejos una joven uniformada dejó de ver la escena.
Ojerosa y un poco demacrada, la chica camino rápido entre refunfuños, con un tono creciente en sus mejillas.
“¿Porque está hablando con una chica nueva? ni siquiera es del colegio. Debes estar frustrada, ¿lo quieres a él? yo puedo hacer que se fije en ti”
En su mente miles de raros pensamientos cruzaron su razonamiento. Sacudió su cabeza, angustiada y rascó su cabello en el camino hacia las escaleras.
— ¿Por qué? —susurró la chica.
“Es una pena que el hombre de quien estás enamorada, no se fije en ti. Tal vez, deberías verte más femenina. ¿La viste? era linda y ¿tu?”
— Cállate — volvió a susurrar.
“ Eres patética. Yo puedo darte lo que quieres, solo debes darme tu cuerpo”.
Sudor bajó por su frente y un carraspeo la hizo fruncir el ceño cuando pudo verse en el reflejo de un espejo.
— Yo no …
“Esa chica, quiso tocar al profesor”.
Un hipo la sacudió y pronto vio sus ojos distorsionarse. Junto a un escalofrio en su espalda
— Estoy … ¿infectada?
— ¿Estás infectada?
Una segunda voz rebotó como eco en la escalera. Ella volteo directo hacia un grupo de adolescentes igual de uniformados. Cada uno en shock por la mención y una indestructible mirada de horror.
Ella dio un paso a una grada abajo y cuando estiró su mano, sus ojos se distorsionaron.
Fue entonces que el grupo se alejó. La chica intentó acercarse pero uno de ellos saltó hacia el alféizar y vio a todos en el patio.
— ¡INFECTADAAAAA!
El grito resonó en todo el patio. Desde el lado de Lucas, alejo a Micaela. Cubrió gran parte de su cuerpo, mientras desde la distancia en el segundo piso aquella adolescente se pintó de un rojo lleno de celos.
— Si no eres de este colegio, es mejor que te vayas.
Micaela inclinó su cuerpo, pudo ver detrás de sus gafas a todo el colegio correr desesperado. Luego, vio a Lucas, su tórax se hincho en una respiración ansiosa.
Fue entonces que exhalo lentamente. Demasiada tranquila hasta que una pequeña sonrisa apareció al ver a Sinchi con una bolsa en manos y un pulgar arriba.
— Bien, me voy — anunció ella.
Corrió muy rápido. Lucas ni siquiera pudo detenerla, la vio alejarse hacia un edificio del colegio.