Guerra de flores

Capitulo 1. — Primavera.

Se alza una mirada por debajo de las estrellas, una vez más. Un suspiro sobresale de un cuerpo pesado y con él, la primavera. Las flores están a punto de abrirse por todos lados, incluyendo las de ellas. Y él todavía sigue preguntándose: "¿Qué estoy haciendo mal?". Creo que todos nos preguntamos eso a diario o por lo menos una vez en nuestra vida cuando algo está saliendo mal. El nombre de este hombre es Silverio Alcázar y hoy camina de nuevo al mismo lugar, su refugio cuando todo sale mal: la casa de su mejor amigo.

​Pero antes de llegar a este punto, supongo que debería aclarar qué fue lo que salió mal, empezando por todo. Hace ya no recuerdo cuánto tiempo, cercanos al siglo XV, Silverio regresaba a casa de su amada después de un forzado día de trabajo. Hacía ya unos días que no la veía y pensaba que tenía que sacrificarse un poco por ambos. En su camino, se encuentra con una carroza perteneciente a una caravana de gitanos que pasaba por allí. Afuera de la misma, una anciana vendía flores. Silverio se detiene, observador, y decide comprar una para la mujer que ama, pero entre tantas flores bellas, no sabía cuál regalarle.

​En esto, la gitana lo ve y le pregunta si puede ayudarlo, a lo que él acepta. Ella le pregunta:

​—¿Amas a esa chica?

​Algo extrañado, le responde que sí.

​—¿Crees que el amor pueda ser la clave que salve este mundo de su destrucción?

​Él se inquieta y le pregunta:

​—¿Qué tiene que ver eso con ayudarme a escoger una flor?

​Ella se queda en silencio y dice:

​—Si respondes con honestidad, te daré las flores más hermosas que tengo.

​Se queda en silencio de nuevo, espera su respuesta.

​—No lo sé, el amor es como un cuchillo de doble filo: mientras más juegas con él, más probabilidad hay de que te cortes.

​La señora sonríe, algo escéptica.

​—¿Qué estarías dispuesto a hacer por la persona que amas? —dice mientras abre la puerta de su carroza.

​Él se queda pensando un instante y dice:

​—No lo sé, pero dicen que para el amor no hay obstáculos, y si hay alguno que no se pueda superar, entonces lo enfrentaré.

​Otra sonrisa se dibuja en el rostro de la anciana y ante él saca una rosa de color amarillo, tan hermosa que parecía brillar y ninguna de las que estaban afuera podía igualársele.

​—Esta es la flor que necesitas, hijo. Entrégasela a tu amada y para su amor no habrá obstáculo, porque el único obstáculo real del amor… es la muerte. Tu respuesta no fue convincente, pero fue poética, así que solo por eso dejaré que te la lleves gratis.

​Silverio no comprendía lo sucedido. Él sabía que los gitanos tenían sus creencias sobre la magia, la vida y la muerte, pero esto era diferente. Lleva la flor consigo sin mirar atrás, pensando qué era lo que le quería decir la anciana, pero el camino se hizo corto entre tantas ideas.

​Por fin llega a casa de su amada, pero algo no anda bien. Un caballo en la entrada lo alerta de que hay alguien más en casa. Sigilosamente se acerca por la parte trasera de la casa y escucha voces agitadas y gritos desenfrenados. Ojalá... hubieran sido de dolor. Cuando se asoma por la ventana que da al cuarto de la mujer, ve la triste imagen de ella revolcándose con otro hombre.

​Rabia, dolor, tristeza, decepción: todo esto pasó por su cabeza, por sus sentimientos, y por un momento solo el odio lo cubrió por completo. Se quedó ahí sentado, afuera, escuchándola palabra por palabra hasta terminar. Cuando aquel hombre sale de la casa, lo primero que lo recibe es un disparo del arma de Silverio, pero no lo mata, solo impacta contra una de las vigas de madera en la entrada.

​El otro sujeto saca su arma y ambos comienzan a dispararse a muerte. Y en este combate, Silverio muere con tres balas en el pecho. Acto seguido, despierta. Todo parece haber sido un sueño, pero algo es diferente: no fue un sueño.

El lugar donde ha despertado sí parece un sueño. Era un sitio muy distinto a su tiempo. Escucha las voces de la gente afuera, el sonido de los radios, los automóviles, la televisión y otro montón de cosas que no entiende. Ve un periódico con la fecha del día: 12/5/1983. Esto parece un sueño, se pellizca tratando de despertar, pero el dolor también es muy real. Se asoma a la ventana y observa una gran ciudad frente a él. "¿Dónde rayos estoy?", se pregunta. Y ahí recuerda las palabras de aquella gitana donde le dice que lo único que el amor no vence, es la muerte, y su mente se abre ante un imposible.




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