La segunda venida del Cristo de Dios

El "Hágase" está en marcha

En este tiempo el "Hágase", la ley de la Voluntad divina, está activa a través del segundo ángel de la ley. El primer guardián de la ley, el Orden divino, también entrará en acción. La Voluntad divina, el segundo guardián de la ley, continuará limpiando la Tierra capa por capa y pondrá en marcha la expansión de las capas. Durante este tiempo seguirá en marcha una gran operación de rescate.

Esta operación de rescate, llamada operación de regreso a casa, ya ha comenzado. Continuará hasta más allá del momento de la aparición del Cristo de Dios. No solo personas que trabajan en nombre del Cristo de Dios forman parte de esta operación de rescate, sino también seres espirituales, maestros de enseñanza de Dios que actúan en los ámbitos de purificación para las almas que allí se encuentran. Pues no solo la Tierra, uno de los astros más bellos del cosmos material, será purificada por la fuerza del Sol Central Primario, sino también todos los niveles de purificación serán puestos en acción e inspirados por el Espíritu de la vida.

La Era del Redentor, que es la era de Piscis, está llegando a su fin, lo que significa que la era de Acuario se está intensificando.

Los seres semejantes a los humanos, nuestros hermanos de otras estrellas, también participarán en esta gran operación de salvamento, que tiene lugar por iniciativa del amor universal. Se han unido al plan de redención, para practicar el verdadero servicio del amor al prójimo, el que ha perdido la humanidad. Al servir a su prójimo, a la humanidad necesitada, no solo refinan su estructura física burda, que está en sintonía con su sistema solar; también se han propuesto la tarea de poner en acción y ennoblecer su planeta de vida, el que se condensó por la Caída. Esto significa que a través de una vida consciente, elevarán su planeta a una vibración superior, por lo que ellos mismos, nuestros hermanos, y su sistema solar, alcanzarán la espiritualización. Los seres parcialmente materiales, que viven en armonía, a través de su espiritualización adquirirán más fuerzas divinas para espiritualizar también su planeta. Este refinamiento cósmico es la voluntad del Eterno. Mediante sus oraciones y su servicio de amor al prójimo, mediante una vida adecuada, cambian su estructura actual y al mismo tiempo forman una envoltura magnética espiritual alrededor de su planeta de residencia, que no es otra cosa que una atmósfera espiritual altamente potenciada, en la que se perfeccionan a sí mismos y a su planeta de residencia.

Mediante otras fuerzas energéticas, que por una vida correspondiente las solicitan al Espíritu primario de todo el Ser, incluirán también a todo su sistema solar. El sistema y los seres semejantes al ser humano experimentan esta metamorfosis simultáneamente.

Estos hermanos y hermanas espirituales de otras estrellas también están involucrados en el gran plan de Redención de Dios, para remodelar todo según la voluntad del Uno Universal Eterno, es decir para restaurar la forma originaria.

Lo que es posible a estos seres semejantes a los seres humanos, nuestros hermanos y hermanas, también se hizo posible para la humanidad mediante el acto redentor del Cristo de Dios. A través de Su sacrificio, Cristo volvió a dar a la humanidad fuerzas anímicas para que también pueda vivir en armonía y someter a la Tierra con amor. Todos los seres espirituales, independiente de las estrellas en que vivan, incluidas las almas en traje terrenal, recibieron de Dios, nuestro Padre, la herencia, el cuerpo espiritual, en el que están contenidas todas las fuerzas para la constitución de la Creación. Con estas elevadas energías internas, el ser humano también podría haberse ennoblecido a sí mismo y a su planeta de residencia, adaptándolo a la consciencia de Dios.

A diferencia de las almas humanas, estos seres semejantes a los seres humanos no llevan el destello redentor, la fuerza de empuje del alma, ya que no han caído tan profundamente como las almas humanas. Pueden alcanzar el Reino eterno sin la fuerza impulsora del Hijo de Dios a través de la conexión Padre-Hijo, aún existente, directamente con la fuerza primaria.

Cada alma humana posee ahora una intensidad espiritual incrementada, es el apoyo y la estabilización del alma a través de la luz redentora del Cristo de Dios.

Sin embargo, quien no pida las fuerzas espirituales, la luz redentora en la luz primaria divina, y no reconozca las leyes del genial Maestro Constructor (el Creador de los Cielos eternamente puros, que también permitió las galaxias materiales), y siga actuando en contra de las leyes divinamente irrevocables, está trabajando también en contra de sí mismo y violando la intensidad de irradiación de su planeta de residencia.

En todos los ámbitos de la Creación existe un gran actuar cósmico simultáneo. Dios, el Uno Universal Eterno, la ley de la vida, ha comenzado a inspirar todas las formas materiales burdas, que están contra la ley. Su expiración espiritual hará que todo sea nuevo. Esto significa, que todas las formas impuras recuperarán su forma original a través de su hálito y gradualmente volverán a incorporarse a los Cielos eternamente puros. El primer guardián de la ley, el Orden, contribuye ahora al cumplimiento de la obra original eterna en su forma exclusivamente pura.

Desde hace unos 2.000 años se pueden reconocer grandes cambios en el ámbito material denso. Solo el ser humano limitado e ignorante, que considera sus posesiones como su propiedad y las defiende, y crea fronteras y considera a su prójimo como un enemigo y no como un hermano, que está más apegado a su vida terrenal que a su vida espiritual eterna, que no se desprende de su afán de ser y de tener, de sus deseos y vicios; no capta la gran obra cósmica.

El Sol Central Primario, que irradia su "Hágase" legítimo en las almas de las personas y en todas las formas de vida, para exhortar a todos los seres humanos de buena voluntad y almas dispuestas a cambiar y volver a su ser eterno, es decisivo solo en parte para la constelación planetaria venidera. La fuerza primaria quiere transformar todo lo inferior en algo superior, así también el sistema solar de los seres humanos. En consecuencia, todos los planetas reciben fuerzas espirituales aumentadas de la luz primaria. Los grandes cambios planetarios pueden remontarse al gran acumulamiento de energía atmosférica, causado por el pensamiento de poder y el comportamiento de poder de la humanidad. La humanidad está convirtiendo su Tierra en un juguete. Las energías cósmicas divinas de la luz primaria con su fuerza de transformación se aceptan solo en una medida ínfima, debido a la enorme condensación del sistema solar terrestre, y por lo demás son refrenadas. Como esta fuerza divina no armoniza con las fuerzas de voluntad negativas de la humanidad, se producirá el llamado fin del mundo, la disolución de la estructura material.




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