Lucifer avanzaba lentamente por las entrañas de la tierra.
La oscuridad lo envolvía, era densa, profunda…Una oscuridad que parecía desafiar incluso la luz que emanaba de forma natural el cuerpo del querubín.
Entonces...Algo llamó su atención.
Un olor extraño y desconocido.
Lucifer se detuvo, giró la cabeza hacia una de las paredes y vio que de las grietas de la roca surgía una sustancia espesa y negra que descendía lentamente por la piedra.
—¿Qué es esta sustancia tan rara?
Extendió un dedo y tocó aquella extraña materia, que al contacto con su luz una llamarada nació y el fuego se extendió por toda la pared
Lucifer retrocedió sorprendido.
Las llamas comenzaron a deslizarse por las grietas de la roca como serpientes de fuego.
Subían, descendían, giraban alrededor de las piedras y continuaban avanzando hacia las profundidades como si señalará el camino a seguir.
Lucifer sonrió.
—Parece que quieres que te siga.
Y siguió adelante.
Cada vez más profundo.
El fuego continuaba avanzando delante de él, serpenteando por las paredes y revelando enormes galerías de piedra hasta que finalmente...El camino terminó.
Frente a Lucifer se abría una enorme cavidad en el suelo.
No se podía ver el fondo.
La oscuridad parecía descender hasta las entrañas mismas del mundo.
Lucifer se asomó.
—¿Hasta dónde llegará?
Por un instante dudó de que hacer.
—No me iré de este mundo con esa duda.
Plegó las alas contra su cuerpo y se lanzó.
El túnel parecía no tener final.
Estaba descendiendo en picado, con las alas completamente plegadas, atravesando aquel abismo como una estrella caída del cielo.
Pero cuanto más descendía...Más aumentaba el calor hasta llegar a una temperatura abrasadora.
Lucifer entrecerró los ojos.
—Esto no puede ser natural...
Continuó descendiendo, el túnel parecía atravesar el corazón mismo del planeta.
Hasta que finalmente...El túnel terminó y Lucifer salió disparado hacia un espacio gigantesco.
Abrió las alas para frenar en el aire y quedar suspendido.
Ante él se extendía una caverna de proporciones colosales.
Una inmensa bóveda de piedra se elevaba sobre su cabeza, perdiéndose en la oscuridad.
Columnas naturales de roca descendían desde el techo como gigantescos pilares.
En las paredes podían verse grietas por las que escapaban pequeñas corrientes de fuego.
Pero lo que realmente dominaba aquella estancia estaba mucho más abajo.
Una enorme hoguera ardía en el corazón de la caverna.
Las llamas se elevaban hacia el techo, iluminando la inmensidad de aquella cámara con un resplandor anaranjado.
El calor era brutal.
Lucifer descendió lentamente hasta tocar el suelo y por primera vez desde que había entrado, permaneció completamente quieto.
Contemplando.
Aquello parecía pertenecer a otro mundo.
Un reino enterrado bajo la tierra.
Un lugar que nadie le había mencionado jamás.
Se dio cuenta de una gran puerta al otro extremo de la caverna, negra, forjada en hierro, con una enorme viga de madera que la atravesaba de lado a lado.
Parecía la entrada a una fortaleza construida para detener al visitante o para contener algo dentro que no debiera escapar.
Lucifer comenzó a caminar hacia ella.
El querubín estaba a poca distancia de la puerta cuando...
El suelo empezó a vibrar como si fuera un terremoto…pero no lo era, eran pasos.
Pasos que procedían del otro lado de la puerta…Y cada paso hacía vibrar la piedra.
Lucifer sintió que una presencia poderosa se acercaba hacia él, extendió lentamente sus alas y su mano se acercó a la empuñadura de su espada.
Y al otro lado de aquella puerta...los pasos se detuvieron.
Se hizo el silencio.
Lucifer permaneció inmóvil.
Entonces la gran puerta estalló en mil pedazos.
Miles de fragmentos de hierro y piedra salieron despedidos por toda la caverna, chocando contra las paredes y cayendo sobre el suelo con estruendos ensordecedores.
Entre aquella lluvia de escombros apareció una criatura.
Lucifer levantó lentamente la mirada.
Era gigantesca.
Su cuerpo parecía haber sido construido con enormes bloques de piedra unidos entre sí. Sus brazos eran tan gruesos como columnas y sus piernas hacían temblar el suelo con cada movimiento.
No había visto jamás algo semejante.
La criatura levantó los brazos y lanzó un rugido que hizo estremecer la caverna.
Lucifer no apartó la mirada.
—¿Qué eres, criatura?
El gigante respondió con otro bramido dirigiendo sus pasos hacia él.
Lucifer levantó las manos.
—No soy tu enemigo.
La criatura lanzó un enorme manotazo hacia Lucifer pero este logró esquivarlo.
—¡Espera, solo he entrado en tu morada por curiosidad!
El gigante de piedra se giró violentamente y lanzó otro golpe.
Lucifer se inclinó hacia atrás y el puño pasó rozando su rostro derribando una columna.
Cada ataque del gigante destruía parte de la caverna haciéndola temblar.
Lucifer seguía intentando razonar con aquella criatura a la vez que esquivaba.
—¡No quiero hacerte daño!
Pero ese monstruo no escuchaba, estaba enloquecido.
Volvió a levantar ambos brazos y los dejó caer con toda su fuerza contra el suelo.
Lucifer cruzó sus alas delante de su cuerpo.
Fue tal el golpe que la onda expansiva recorrió toda la caverna y Lucifer salió despedido estrellándose contra la pared rocosa.
Durante unos momentos todo quedó en silencio, no se veía nada, estaba todo cubierto de polvo en suspensión.
Entonces Lucifer se incorporó.
Una sonrisa apareció lentamente en su rostro mientras se sacudía el polvo del hombro.
—¿De verdad crees que puedes vencerme, criatura?
Su mano se dirigió hacia la empuñadura desenvainando su espada.