Mi Lucero Favorito

PARTE I

CAPITULO 1

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✦ CIARA KELLY ✦

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Tarareo una canción que apenas recuerdo.

No sé de dónde la aprendí, quizá de mi padre, quizá de alguna vieja canción que escuché en la radio cuando era pequeña, lo único que sé es que siempre termino tarareándola cuando estoy sola.

La mañana está fría.

El viento se cuela entre los árboles y hace bailar las ramas desnudas, mientras una fina capa de neblina descansa sobre los campos. A lo lejos, las colinas parecen perderse entre el cielo gris y el verde oscuro de los pastizales.

Me gusta este lugar, supongo que es porque aquí nadie espera que sea otra persona, el pozo está a unos cuantos metros de la casa. Dejo el cubo sobre la piedra y me agacho para sujetar la cuerda.

—Vamos...

Tiro de ella, el cubo desciende lentamente hasta que escucho el sonido del agua, un tirón, otro y otro más, mis manos empiezan a dolerme, pero no suelto la cuerda. Cuando finalmente consigo subirlo, el agua se mueve dentro del cubo y algunas gotas terminan salpicándome las botas junto con el vestido.

Sonrío para mí misma.

—Qué desastre.

Acomodo el cubo y comienzo a caminar de regreso, tengo que darme prisa, la casa todavía está fría y hay demasiadas cosas por hacer, Aine, mi madrastra se quejará si encuentra algo fuera de lugar, ahs, siempre lo hace.

La puerta de madera se abre con un chirrido.

—¿Dónde estabas? Hay que darles de comer a los caballos.

La voz de mi madrastra llega desde la cocina.

—Sacando agua.

—Ya era hora.

No respondo, ya que siempre es lo mismo, su mal humor siempre se despierta contra mi.

Entro con el cubo y lo dejo donde corresponde, mi hermanastra está sentada junto a la mesa, desayunando. Ni siquiera levanta la mirada cuando paso frente a ella.

—¿Terminaste de alimentar a los animales del corral? —pregunta Aine.

—Todavía no.

—Entonces, ¿qué haces aquí?

Miro el reloj de la pared.

—Son las siete.

—¿Y?

Aprieto los labios.

—Nada.

Me doy la vuelta, estoy acostumbrada, a las palabras, a las miradas, a que me hablen como si ocupar espacio fuera un privilegio que no debería tener.

A veces pienso que mi madrastra podría verme desaparecer frente a sus ojos y solamente se preocuparía por quién tendría que limpiar después. No me molesta o eso me digo. Hace mucho tiempo que dejé de esperar cariño de ella.

Nunca fuimos una familia, no de verdad, ellas tienen algo que yo nunca tuve.

Un vínculo que no necesita explicaciones.

Yo solamente soy la hija que llegó a una casa donde nadie esperaba encontrarla, la que no lleva su sangre, la equivocación que mi madre biológica decidió dejar atrás, no conozco a mi madre, solo se que me abandono y aunque mi padre siempre me dijo que ella me amaba y que en todos mis cumpleaños me mandaba cartas, años creí esa mentira, pero no fue cuando en mi cumpleaños número catorce, descubri que todo era mentira, fue en una discusión que tuvo con Aine, ya era bastante grande para entender que mi mamá nunca me quiso, y que que las cartas que guardaba en cada cumpleaños eran de parte de mi padre y no de la mujer que llegue admirar. El error que mi padre, en cambio, decidió amar, eso es suficiente para mí o al menos debería serlo.

Paso la siguiente hora haciendo todo lo que queda pendiente, alimento a los animales, limpio la cocina, recojo la ropa, barro el suelo y preparo algo para el almuerzo.

Cuando termino, me limpio las manos en el delantal y miro hacia el pasillo, la puerta del dormitorio de mi padre está entreabierta.

Me acerco.

—¿Papá?

No responde, empujo suavemente la puerta, está acostado, la luz de la mañana entra por la ventana y cae sobre su rostro, parece más cansado que ayer.

Camino hasta la cama.

—Buenos días.

Sus ojos se abren lentamente, sonríe, esa sonrisa siempre consigue algo extraño en mí, me hace sentir que todavía tengo un hogar.

—Buenos días, pequeña.

Me siento en el borde de la cama.

—¿Cómo te sientes?

—He estado mejor.

Intento sonreír.

—Eso no responde mi pregunta.

Él suelta una pequeña risa.

—Entonces supongo que no muy bien.

Miro la mesita, sus medicamentos están ahí, los tomo y reviso que sean los correctos.

—Tienes que tomarlos.

—Sí, señorita.

—No bromees.

—No estoy bromeando.




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