Mi Lucero Favorito

CAPITULO 3

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✦ CIARA KELLY ✦

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Nunca había visto tantas luces juntas.

Parpadean a través de la ventanilla, extendiéndose bajo las nubes como pequeñas estrellas que alguien ha dejado caer sobre la tierra. Me inclino un poco hacia delante, intentando distinguir algo entre la oscuridad y los reflejos del cristal.

—Estamos a punto de aterrizar en Berlín. Por favor, permanezcan sentados y mantengan los cinturones abrochados hasta que el avión se detenga por completo.

La voz de la azafata me devuelve a la realidad.

Berlín. Alemania.

Repito esas palabras en mi cabeza, como si necesitara escucharlas varias veces para convencerme de que realmente estoy aquí, Hace unas semanas, Alemania era solamente un nombre en los libros, un lugar del que había leído en los periódicos viejos que mi padre guardaba en una caja de madera. Era una de esas ciudades lejanas que imaginaba mientras contemplaba las estrellas desde la ventana de mi habitación.

Nunca pensé que llegaría a conocerla de esta manera, pero... sin mi padre.

Aprieto los dedos sobre mi vestido.

Todavía hay momentos en los que olvido que ha muerto. Por unos segundos, me parece que, cuando regrese a casa, lo encontraré sentado junto a la ventana, con su taza de té entre las manos y esa sonrisa que siempre conseguía hacerme sentir que todo estaba bien, pero después recuerdo que ya no existe un lugar al que pueda regresar y encontrarlo esperándome y entonces el vacío vuelve.

El avión toca tierra.

Un pequeño estremecimiento recorre mi cuerpo cuando las ruedas rozan la pista. Me sujeto al asiento por instinto y contengo la respiración hasta que el aparato disminuye la velocidad.

A mi lado, Adyra deja escapar un chillido.

—¡Estamos en Alemania!

Me vuelvo hacia ella.

Parece incapaz de quedarse quieta., se desabrocha el cinturón apenas nos lo permiten y se asoma hacia la ventanilla, como si esperara descubrir un castillo al otro lado del cristal.

—¡No puedo creerlo! ¡De verdad estamos aquí!

—Adyra, por favor, siéntate un momento —le pide Aine.

—¡Pero, mamá, mira!

—Ya tendremos tiempo de mirar.

Mi hermanastra pone los ojos en blanco, aunque la sonrisa no desaparece de su rostro, yo vuelvo a mirar por la ventana. Unos vehículos pequeños se desplazan cerca del avión. Hay personas con chalecos reflectantes, carros para transportar equipaje y otros aviones estacionados a lo lejos.

Todo parece organizado de una manera que no conozco, en el campo, mis mañanas comienzan con el canto de los pájaros y el olor de la hierba húmeda. Aquí, en cambio, el mundo parece despertar entre motores, luces y voces que se mezclan unas con otras.

Es como si hubiera pasado toda mi vida contemplando una pintura y de pronto, alguien me hubiera empujado dentro de ella la verdad todavía no sé dónde colocar las manos, el aire del aeropuerto me recibe con una mezcla de frío y olores desconocidos.

Camino detrás de Fiodora, sujetando el asa de mi pequeña maleta mientras Adyra avanza a mi lado, girando la cabeza de un lugar a otro. Sobre nuestras cabezas hay letreros que no consigo comprender, letras y palabras indicaciones que para todos parecen tener sentido, excepto para mí.

—¿Qué dice ahí? —pregunta Adyra, señalando uno de los carteles.

—La zona de recogida de equipaje está indicada más adelante —responde Fiodora—. Síganme y no se separen.

Adyra obedece durante unos segundos... solo unos segundos ya que después vuelve a mirar los escaparates, las pantallas y las personas que pasan a nuestro alrededor.

A través de los grandes ventanales alcanzo a ver edificios que se elevan detrás de las carreteras. Algunos son modernos, con paredes de cristal que reflejan el cielo, otros tienen formas que me recuerdan a las fotografías de las ciudades antiguas que he visto en los libros.

Me quedo contemplándolos, son reales.Todo esto es real.

—Ciara, ¿vas a quedarte ahí?

La voz de Fiodora me hace parpadear.

—No. Perdón.

Me apresuro a alcanzarla.

Adyra ya está prácticamente brincando de emoción.

—Quiero conocer el centro, las tiendas y los restaurantes. ¿Crees que podremos salir mañana? ¿Hay algún lugar famoso que debamos visitar primero?

—Adyra, acabamos de aterrizar —interviene Aine—. Ni siquiera hemos llegado a la casa.

—Solo pregunto.

—Pues deja de preguntar durante cinco minutos.

Mi hermanastra murmura algo por lo bajo, mientras yo escondo una pequeña sonrisa.

Una mujer pasa apresuradamente junto a nosotras y choca su hombro contra el mío, el golpe me hace perder el equilibrio durante un instante.

—¡Entschuldigung! Kannst du nicht aufpassen?




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