No me toques!

Capítulo 3.

 

Martes, 3 de abril del 2018.

 

—¿Segura que no llegaran tarde a sus trabajos por mi culpa?

Mi hermana niega con la cabeza mientras me extiende mi plato con panqueques. Mi cuñado niega de la misma manera llevando un pedazo a su boca.

—Sabemos que no te gusta estar sola así que disfruta de la compañía de estos profesores.

Sonrío. Agarro el tarro de miel y lo esparzo encima de mis panqueques, se me hace agua a la boca. Andrea se sienta junto a nosotros en la isla de la cocina y deja su plato con más panqueques a nuestra vista, arqueo una ceja y le extiendo el tarro de miel.

—¿Y ya te hiciste amiga del vecino? —La pregunta de Hyram me toma de manera sorpresiva pero me preparo para dar una buena actuación.

—No había nadie en su casa ayer —Miento descaradamente—. Hoy veré si tengo suerte.

Él se ríe, lo hace tanto que se atragante con un pedazo de panqueque y mi hermana tiene que darle unas palmaditas en la espalda. Cuando se recupera bebe un sorbo de zumo y yo aparto la mirada para que no se dé cuenta de que estoy mintiendo.

—Te apuesto veinte dólares a qué estaba en su casa y no quiso abrirte la puerta.

Suelto un bufido y llevo el tenedor a mi boca, mientras mastico pienso en que Hyram no es tan tonto, él ya convivió por así decirlo con el vecino así que sabe que es un tremendo maleducado.

—No lo creo, las luces estaban apagadas y no se oía ningún sonido adentro ¿Seguro que alguien vive allí?

—Yo lo vi una vez —Hyram y yo miramos a mi hermana curiosos por esa nueva información—. Cuando vinimos a traer tus cosas él estaba saliendo de su casa —Le resta importancia con sus manos—, me saludo y se fue.

Pongo mis codos encima de la mesa ganándome una mala mirada de su parte. Con que el vecino si saludo a mi hermana, algo me dice que no le causa una muy buena impresion.

—¿Cómo es? —Pregunto para asegurarme de que habla de la misma persona.

Lleva su mano derecha hasta su mentón pensativa.

—Es alto, muy alto. De tez clara y ojos oscuros —Sus labios se curvan—. Debo admitir que es algo apuesto y tienes unos labios rojos seductores —Hyram se aclara la garganta y Andrea suelta una risita nerviosa—, pero muy joven para mi —Aclara—. Oh y tiene el cabello de un negro muy oscuro como sus ojos.

—Estás describiendo a Blanca nieves —Me burlo. Aunque Andrea tiene razón, él es demasiado guapo con esa tez pálida, ojos profundos y labios rojizos—. Lo llamaré Señor Nieves.

La carcajada que sueltan ambos es tan estruendosa que logra sacarme una risa al igual que ellos. Pensándolo bien, no le va nada mal el apodo.

—Así lo único que lograras es que te cierre la puerta en la cara.

Oh, ya lo hizo.

Y dos veces.

—A mí nadie me cierra la puerta en el rostro.

Él se encoje de hombros.

—No sabes que puede pasar en el futuro así que no te sorprendas si llega a hacerlo.

Al igual que él me encojo de hombros y sigo con mi desayuno. Mi hermana cambia de tema al hablar sobre sus clases y Hyram parece demasiado embelesado escuchándola que refunfuñando termino mi desayuno.

¿No vinieron a hablar conmigo?

Mi hermana y cuñado se apresuran en irse al ver que paso la hora más rápido cuando se pusieron a hablar. Lo que me dejo a mi lavando todos los cubiertos, cosa que no me molesta ya que en verdad no tengo nada, nada pero nada que hacer aparte de aburrirme aquí.

Bueno, creo que llego la hora de molestar al vecino.

Pero ¿Qué puedo hacer para llamar su atención?

No lo pienso mucho y me levanto del sofá, voy a ir a golpear su puerta de nuevo a ver que pasa. Acomodo mejor mi vestido y me calzo las bailarinas negras, vuelvo a atar mi cabello en un moño y peino mi flequillo, no es que me preocupe como me veo frente al Señor Nieves sino que no quiero que siga pensando que soy la chica sucia que cayó encima de él.

Abro la puerta y salgo de mi casa justo en el momento exacto en el que el vecino sale luciendo un costoso traje negro como su cabello. No sé percata de mi presencia hasta que cierra nuevamente la puerta y se queda quieto y confundido al verme.

Me percato que todo en él luce bien, la forma en la que su traje se ajusta a su cuerpo es dolorosamente deliciosa. Mi ceño se frunce al ver algo que no combina con todo ese conjunto.

Guantes esterilizados.

—¡Vecino! —Saludo con mi mano derecha de manera enérgica pero sólo me gano una mala mirada de su parte. Vuelve a abrir la puerta y entra a su casa como si acabaran de arruinarle el día.

Bufo, cierro la puerta de mi casa con fuerza para que piense que volví a entrar y espero. Él no tarda ni diez segundos en abrir su puerta y asomar la cabeza, yo le saludo con la mano y sus facciones se descomponen. Parece resignado y sale cerrando la puerta detrás de él, yo me cruzo de brazos.

—El pastel estaba delicioso por cierto.

Él pasa por mi lado y se detiene arqueando una ceja.

—¿Y eso a mí qué me importa? —Su pregunta ya no me sorprende, está a la defensiva cuando yo soy la persona más adorable del mundo.

—No tiene porqué importarte sólo me aseguro de que sepas del asombroso pastel que te perdiste por gruñón.

Él se encoge y continúa su camino, enojada por no obtener una disculpa de su parte agarro su mano y él se detiene. Pienso hablar pero lo siguiente que hace es soltarse de manera brusca mira su mano con dolor como si mi contacto le doliera pero eso sería absurdo ya que tiene guantes.

Levanta su mirada en mi dirección con odio.

—No me toques.

Da media vuelta y baja lo que resta de escalones, lo sigo con la mirada hasta que lo veo subir a un auto blanco estacionado enfrente. Yo vuelvo a entrar en mi casa confundida, subo la escalera y lo primero que hago es lanzarme a la cama y agarrar mi almohada para abrazarla.

—¿Qué le pasa al vecino? —Me pregunto. ¿No le gusta el contacto?

Me siento en la cama con el ceño fruncido y la almohada en el regazo. ¿Será cómo esas personas que tienen miedo al contacto?




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