Ojos que Ven Fantasmas en la Noche

Prologo

Los vivos actuaban como muertos, sus corazones bombeando sangre con vigor debajo de la piel pero con sus mentes fuera de sí. O al menos esa era la impresión que daba el paisaje urbano de la noche, el mar de gente en modo automático y ensimismados caminando a sus destinos.

Nueve de cada diez personas tenían en sus rostros un visor de realidad aumentada, enganchado con fuerza alrededor de la cabeza, aquel dispositivo les permitía hacer toda una vida virtual a la par que cumplían sus obligaciones en el mundo real.

Aunque pocos, había quienes eran más reticentes a usar los visores por uno u otro motivo. Ese era el caso de una pareja nadando contra la marea, mientras el hombre esquivaba a las personas que se movían en modo automático su mano agarraba con fuerza la de la mujer. No es que nunca usaran sus visores de realidad aumentada, para bien o para mal se habían vuelto indispensables para el funcionamiento de la sociedad. Y a pesar de que ambos se conocieron por una aplicación virtual solo usaban aquellos dispositivos cuando era muy necesario, por lo demás preferían disfrutar del mundo real.

Ellos dos no iban solos, el viento los acompañaba con su ligero toque frio. Les despeinaba el cabello y refrescaba el rostro para que se sintieran más vitalizados, sumado a eso el ruido de las hojas secas crujiendo bajo sus pies le hacía competencia al sonido de los pasos de la urbe. Un pequeño robot limpiador tendría que pasar dentro de poco a recoger los restos, aunque todos ya estaban acostumbrados al constante caer de las hojas cafés.

Desde siempre las hojas nunca fueron muy fuertes para mantenerse aferras a sus ramas, y los árboles de madera negra con líneas blancas como venas abundaban por la vereda de la ciudad, por lo que las hojas caídas lo hacían todavía más. Fue por estas mismas que en una pisada la mujer se resbaló, aunque el hombre aumentó la fuerza del agarre de su mano y evitó que impactara contra el suelo.

–Eso estuvo cerca –dijo el hombre con la preocupación asomándose entre sus labios.

–Por poco –agregó la mujer. La mirada de ambos se quedó unida por un momento, por ese momento, él con sus ojos de un gris aluminio y los de ella con el tono de la ceniza. El momento de ambos duró poco cuando ella empezó a reírse, seguido hizo un poco más de fuerza con su brazo para flexionarlo y terminar de reincorporarse.

–Pareces cansada.

La mujer mantuvo su sonrisa. –Creo que no soy la única.

–Entonces busquemos un lugar para retomar el aire. –Con un barrido rápido de su mirada el encontró lo que le pareció un buen lugar, podrían haber ido a una plaza pero eso le resultaba menos romántico. En su lugar él la dirigió a ella hasta el callejón que formaban dos edificios circulares y pintados de tonos pasteles, él se apoyó sobre la pared y ella se quedó delante para mirarlo, apreciarlo.

No había nadie más, estaban solos en lo profundo del callejón y la poca luz les permitía pasar todavía más desapercibidos. La mujer mantenía su sonrisa aunque las intenciones de esta cambiaron. –Me gusta mucho este lugar, y me gustas mucho tú.

El hombre pudo percibir el cambio. –Yo también, te amo mucho. –Antes de poder llegar a decir una palabra más la mujer le pasó los brazos alrededor de la cintura, él la imitó e hizo lo mismo. Ambos estaban tan cerca que sentían la respiración del otro en el rostro, estaban vivos y sus emociones eran potentes.

La mujer podía escuchar el fuerte palpitar del corazón del hombre, reconocía ese tamborileo porque lo había escuchado muchas veces antes, lo había provocado muchas veces antes. Sin preguntar abrió sus labios para unirlos a la boca del hombre, este no opuso resistencia y comenzaron a besarse con demasiada intensidad.

Las lenguas de ambos chocaban entre sí, casi eran como serpientes enrollándose mutuamente. En medio del beso la mujer metió sus manos debajo de la remera del hombre, pudo sentir el bolsillo interno donde siempre se lleva un paraguas pero lo ignoró para poder frotarle las manos en el pecho.

Un jadeo salió de la boca del hombre, su sangre tomó el rumbo más rápido debajo de su cintura. El hombre ya no se sentía en control de sí mismo, era como si hubiera inhalado un perfume que potenciaba las necesidades más biológicas de su cuerpo. Y la mujer, como si fuera consciente de eso, contribuía a satisfacer esa necesidad.

No obstante, las bocas de ambos se separaron, unidas por una línea de saliva efímera, y ambos volvieron a verse en la oscuridad profunda del callejón. –¿Quieres hacer esto? –preguntó él.

–¿Puedo? –quiso asegurarse la mujer con la que tantas cosas tenía en común, que conoció por una aplicación virtual. El hombre asintió con la cabeza y ella le agradeció, se puso manos a la obra. Sin embargo, no ocurrió nada de lo que el hombre se esperaba. Dos colmillos crecieron en los dientes superiores de la mujer, y en su pecho sintió como si hubieran aparecido garras que se incrustaban en su piel.

Con un movimiento demasiado rápido la mujer sacó un brazo de debajo de la remera y tapó con su mano la boca del hombre, seguido procedió a voltear un poco en diagonal su cabeza y sus colmillos fueron a parar directo al cuello, justo en la vena carótida. El hombre gritó, el dolor lo desgarraba, las garras de las manos se metían con más fuerza dentro de su cuerpo tanto a un costado del pecho como en la boca.

Intentó con todas sus fuerzas que el grito saliera a la luz, que atravesara el callejón y alertara a algunas de las personas más allá. Nada de eso pasó, cada ciudadano estaba muy ensimismado en uno mismo, y estaban demasiado profundos en un callejón. Como segunda alternativa el hombre quiso actuar, y fue que se dio cuenta que la mujer lo había puesto en tal posición que le impedía mover los brazos, los tenía entre la espalda y la pared.

La mujer aplicaba una fuerza sobrehumana para mantenerlo así, impidiéndole que se moviera incluso un milímetro, todo eso a la par que le succionaba la sangre que corría por las venas. Solo que llegó el momento en que eso no fue suficiente, lo que sea que fuera esa mujer terminó sucumbiendo a su sed de sangre, a su hambre de carne.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.