La Facultad de Ciencias Artísticas y Sociales consistía de dos edificios, el edificio central era un gran ovalo de un color amarillo pastel sucio, tenía cuatro pisos de alto y en el centro del techo surgía otro edificio de cuatro pisos más pero con un diámetro menor. Un par de puentes conectaban con otra torre de estudios de cuatro pisos, el lugar donde se encontraba el aula de clases de Irisia.
Contenía un jardín interno en el centro de la estructura, un hermoso lugar de césped verde rodeado por las aulas de los cuatro pisos del edificio. Encima del marco de las puertas dobles se encontraba un cartel que decía “Aula 42” y luego de confirmar que en efecto ese era su lugar de clases la joven ingresó. Las luces se encendieron de forma automática.
El interior era minimalista pero bien limpio y ordenado, los bancos individuales tenían la forma de un triángulo cortado a la mitad y que se dejó solo la parte inferior, eran de un color gris y contrastaban con las paredes de un tono tierra pastel. <Sin duda iba a estar yo sola, llegué antes> pensó para sí, se puso en movimiento hasta ubicarse en un banco en el centro del aula, a su grupo de amigas les gustaba ocupar esa parte.
<El punto de llegar temprano era poder charlar más con él> una imagen mental de la apariencia de aquel usuario de internet que conoció pasó por sus retinas <Pero no esperaba encontrarme con eso> una extraña sensación le recorrió el cuerpo, o tal vez fue solo su imaginación. Irisia dejó su bolso sobre el banco y se sentó, sentía que debía relajarse un poco.
<¿Pero que esperaba encontrarme? No había pensado en eso, solo me descolocó la situación. Sin duda era eso> Se justificó a sí misma. Se supone que la universidad Étoiles Éteintes Descoteaux es solo para personas con tres anillos o más, ver a alguien de dos anillos la sacó de su cotidianidad establecida.
En un principio ella pensó en usar el ejemplo de despertarse un día en la mañana y descubrir que el cielo ahora es de un color diferente, pero eso sonaría muy feo de su parte, ella no es alguien clasista. Solo pasó por una situación que la tomó por sorpresa, un ejemplo más preciso seria decir que todos los días espera el mismo autobús y un día de repente llega uno más viejo. Es bueno que siga viniendo el transporte público, y se subirá en el igual, solo que esa situación descolocaría un poco. Así como la que pasó ella.
<Igual eso es bueno, que los Vassal-deux puedan escalar la jerarquía social habla muy bien de nosotros como sociedad>. Ella recordó sus clases de historia, de la época antes de la Invasión del Imperio Centient, en esos años las clases sociales eran mucho más rígidas y la movilización casi nula. Por razones como esas es que se llevó a cabo la Guerra de Liberación hace tantos siglos.
<Espero que no piense mal de mí> se preocupó. Le dio hambre, por lo que tomó su bolso y sacó un pequeño paquete de galletas que siempre lleva para situaciones como esta, cuando le da hambre entre comidas. Lo abrió y sacó una galleta de chocolate a la par que recordaba la escena de hace rato.
Debido a que la descolocó la revelación de la identidad del usuario ella se puso algo nerviosa, charlaron un poco como estaba previsto pero ella se sentía algo incomoda. Tal vez se sintió demasiado incomoda porque el joven, llamado Solsin, lo notó y se lo preguntó. Irisia logró pensar una excusa rápido y dijo que le habían adelantado su clase, pero quería quedarse hablando así que eso la preocupaba un poco.
Solsin le comentó que no sería bueno llegar tarde a clases el primer día, eso daba una mala imagen y le insistió que fuera. No tuvo que hacerlo mucho porque a la primera ella aceptó y se marchó rápido para llegar hasta aquí.
Sin darse cuenta se acabó la galleta, por lo que sacó otra <No importa que tenga solo dos anillos, tampoco que tenga los ojos rasgados o sea un Bastriade>. Ay de solo pensar en todo eso ella se quedó callada un momento. <Pobre, no le atinó a una en la lotería de la vida. Los dioses le pusieron la vida en modo difícil>. Se comió otra galleta. <Igual todo eso no importa, no importa. Él, Solsin, es la única persona que conozco que le ocurre esto. No importa cuántos anillos tengamos, vamos a ayudarnos mutuamente>.
Otra cosa de la que no se había dado cuenta es que mientras más pensaba ella más avanzaba el tiempo, de a poco el aula fue llenándose con más estudiantes. Ella pudo identificar algunos rostros del año pasado mientras que otros eran nuevos, pero hubo una voz que si escuchó y le alegró reconocer.
–Irisia ¿Abriste bien los ojos hoy? –Quien le hizo esa pregunta fue Claram, una de las amigas que hizo el año pasado y que le generaba un pequeño escalofrió al recordar su nombre porque es el mismo que sus padres le pusieron a su hermanito. Y no estaba sola, estaba junto a sus otras dos amigas: Illumara y Radara.
–¡Hola! –Se puso de pie por la sorpresa–. Claro. –Esa no fue la respuesta correcta, para serla tendría que haberle seguido una negación. Pero ella no podía decirles a sus amigas que todos los días se despertaba aterrada porque al dormir aparecía en un lugar de pesadilla. La tomarían como una loca, la apartarían y quedaría sola. En su lugar ella se acercó y las saludó con un beso en la mejilla a cada una–. ¿Ustedes cómo están? Yo les guardé un lugar aquí.
–Ay sí, me encanta estar en el corazón del aula –comentó Radara dejando su bolso a un lado. Al igual que Irisia ella es una Florélia, el iris de sus ojos son cuatro círculos juntos que parecían formar una flor.
En los dos asientos detrás de ellas se sentaron Claram e Illumara. Irisia y Radara se dieron vuelta para verlas y charlar un rato. –Es que nosotras somos el corazón del aula –comentó Illumara y las cuatro se rieron. Seguido se sacaron sus rompevientos así que Irisia hizo lo mismo.
La mano de Claram se levantó y le tocó el brazo a Irisia. –¿Y qué tal amiga? Esta última semana estuviste muy callada por el grupo ¿En qué anduviste?
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Editado: 30.10.2026